La sociedad de la inteligencia artificial

La revolución tecnológica del siglo XXI comenzó a gestarse promediando el siglo pasado, con las primeras máquinas que tenían inteligencia artificial.

Por  Manuel Portela y Lucía Paz Errandonea

En los años ’60 Walt Disney tenía una visión del mundo muy futurista, bajo el proyecto Experimental Prototype Community of Tomorrow (E.P.C.O.T.).

Una visión que intentó plasmar en sus parques de diversiones, pero que tenía detrás un proyecto mucho mayor. Pensar la vida automática, en donde las personas pudieran ser felices y las máquinas hagan el trabajo cotidiano.

Y no es casual, que por la misma época, en los laboratorios del MIT comenzaban a surgir las ideas más revolucionarias de la computación. Esto no es un cuento de hadas, ni de ciencia ficción. Esta es la historia de la tecnología del Siglo XXI, y que comenzó mucho antes del 2001.

Las ideas plasmadas sobre la automatización se remontan a siglos atrás, desde los autómatas de Da Vinci, las historias fantásticas de Julio Verne, las historias de ciencia ficción de Philip Dick y hasta las películas más recientes. Con estas historias, la sociedad construyó las ideas de futuro, tanto positivas como negativas.

La imaginación sirve para conectar ideas, visiones y ambiciones. Y eso mismo es la inteligencia artificial.

Aunque hoy en día pareciera que la ciencia de la computación y la informática tenga todas las respuestas, es gracias a las matemáticas y a la estadística que se permitió pensar en una forma de resolver el problema madre: cómo imitar al humano.

Pero fue gracias a la colaboración de otras ciencias como la psicología, neurología, al diseño, a la sociología, entre otras disciplinas las que colaboraron con su conocimiento a este proyecto.

 

El origen de las máquinas inteligentes

El proyecto de inteligencia artificial general era desarrollar máquinas que sean humanas. Para ello, se han ido desarrollando disciplinas especializadas en cada capacidad.

Desde la robótica, a la visión por computación, o la gestión del conocimiento. Cada una de estas disciplinas científico-técnicas buscan desarrollar una capacidad que permita alcanzar los objetivos más lejanos.

Sin embargo, no siempre se tuvo al alcance las herramientas y el conocimiento necesario para alcanzar estos objetivos. Por el contrario, casi ninguno de los desafíos que se propone cada disciplina ha sido resuelto de manera definitiva.

Por poner algunos ejemplos, la robótica ha logrado avances espectaculares, sin embargo solo adaptados a un tipo de contexto o a una actividad en particular (desde fabricar piezas de autos, conducir autos, o bien perseguir enemigos en campos de batalla).

 

El GPT-3 y los desafíos éticos y existenciales

Por otro lado, la visión por computación ha avanzado mucho gracias al desarrollo de las redes neuronales, sin embargo, aún la identificación de imágenes u objetos requiere modelos entrenados a partir de extensas fuentes de datos. O bien, la escritura de texto, el famoso GPT-3, el programa más avanzado en escritura de texto, aún tiene muchas limitaciones. Todos estos avances traen muchos desafíos como sociedad, tanto éticos como existenciales.

Para escapar de la paradoja entre la ilusión de los objetivos lejanos y la realidad de estas herramientas, debemos ver los aportes de la inteligencia artificial a nuestra vida cotidiana y especialmente en el siglo XXI.

Desde el buscador de contenidos más grande del mundo, como es Google, a poder viajar y traducir cualquier idioma en tiempo real. También debemos agradecer a la inteligencia artificial por tener la capacidad de decodificar genéticamente al virus para la vacuna de la COVID-19 y así obtenerla en tiempo récord. O bien, poder viajar a cualquier parte con un GPS que nos indique el camino más rápido al lugar deseado.

Sin embargo, la inteligencia artificial no existe sólo gracias a las grandes ideas. También ha sido posible gracias al avance científico-tecnológico y al desarrollo de materiales que han permitido procesar más información en menos tiempo. La razón por la que hoy es está en auge es que se han creado máquinas suficientemente poderosas para calcular fórmulas tan avanzadas.

Limitar el impacto de la Inteligencia Artificial en la sociedad

 Y este es el mayor proyecto de la IA, la computación. Imitar la capacidad de computación del humano a través de computar cálculos.

Y este se ha convertido en uno de los mayores miedos de la inteligencia artificial, ¿en cuántas tareas pueden reemplazar a los humanos?

Es muy difícil saber cuál será nuestra relación con cada desarrollo tecnológico, pero lo que sí podemos saber son sus consecuencias más directas.

Sabemos bien que el desarrollo de máquinas más potentes y conexiones más rápidas, trae aparejado un consumo más alto en energía, y una necesidad en aumento de recursos minerales. Por ello, no debemos distraernos con un dilema humano, y debemos entender sus consecuencias en el lugar donde la sociedad se desarrolla, nuestro planeta.

Algunas de estas consecuencias son debatidas en el ámbito legal, lo cual implica desarrollar normativas que abarquen el abanico de posibles aplicaciones de la inteligencia artificial, tanto en la limitación del daño, pero también ofreciendo oportunidades a desarrollar negocios en base a estas.

Por ejemplo, en el marco Europeo, la Regulación de Protección General de Datos (GDPR), establece en el artículo 22, los derechos ante los sistemas automáticos de tomas de decisión.

El primer inciso es claro en que el individuo tiene derecho a no ser tratado únicamente bajo una decisión de un sistema automático en procesos con efecto legal, con especial énfasis en proteger datos críticos que sean sujetos a discriminación, y obligando al controlador de estos datos a protegerlos activamente.

Por otra parte, en Estados Unidos, algunos estados como Nueva York o Washington tienen sus propias normativas para regular la transparencia de estos algoritmos. Si bien la regulación de los algoritmos es incipiente, muchos otros estados y naciones ya cuentan con leyes que protegen los derechos ante la discriminación, la falta de privacidad, el tratamiento desigual, la discriminación laboral o el daño ambiental.

Como dice la investigadora Ana Valdivia, debemos desmitificar la Inteligencia Artificial y entender qué es posible y qué costos tiene, para que este sueño no se convierta en pesadilla.

Para ello, desde Algorithmic Societies hemos creado un canal de Youtube, donde intentamos elaborar estas ideas sobre Inteligencia Artificial de forma sencilla y accesible, usando ejemplos para explicar su uso en casos reales. Los invitamos a ver y suscribirse al canal “De datos, algoritmos y otros cuentos” para conocer el tema en profundidad.

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