¿A qué nos referimos con “Lenguaje Claro”?

Por Alan Wilder

Se dice que a los abogados hablan para que no se les entienda y esa acusación, imputación deberíamos decir, tiene algo de verdad.

Es cierto que el uso específico de determinado lenguaje suele responder a palabras técnicas propias de la profesión que en ocasiones son imposibles de obviar, tienen un significado concreto y específico. Por eso es que cuando hablamos de lenguaje claro en el derecho nos referimos al concepto de que todos tenemos derecho a entender, y ese
derecho permite el ejercicio de otros: el de la educación, la cultura, acceso a la justicia, por mencionar algunos.

A veces se recurre a frases o palabras del latín. No necesariamente es un uso incorrecto u obscuro del lenguaje, en muchas ocasiones se trata de palabras o frases antiguas que se han extendido y son de uso frecuente o que describen con gran precisión un concepto cuya definición fundamental no ha cambiado desde entonces. Bona fide, para decir buena fe, es una de ellas. En inglés también son muy comunes.

Un ejemplo del uso necesario del latín como lenguaje del Derecho se da en el hábeas corpus, si se traduce aquella frase al castellano (que tengas cuerpo) dejaría de tener sentido la frase. No obstante, en la mayoría de los casos los latinismos tienen un correlato y traducción simple en la lengua castellana.

¿Cómo pueden los ciudadanos tomar una decisión autónoma si no llegan a comprender lo que les están proponiendo firmar (formularios, contratos, demandas judiciales)?, ¿cómo pueden entender los motivos que tuvo el juez para condenarlos, si la sentencia está redactada de la manera más compleja posible?

Para profundizar en esto invitamos a dos personas que abogan por el uso del lenguaje claro: María Lorena Tula del Moral, Jueza del Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas n.° 13 del Poder Judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Directora Académica del Observatorio de Lenguaje Claro de la Facultad de Derecho de la UBA y con Mariano Heller, abogado, master en administración pública y secretario de planificación en el consejo magistratura de la Ciudad de Buenos Aires.

-¿A qué nos referimos cuando hablamos de lenguaje claro?

-Mariano: Nos referimos básicamente al lenguaje que puede ser comprendido por cualquier ciudadano, a la hora de tener una sentencia, o una notificación judicial, o cualquier elemento en realidad de hablo de justicia, pero esto tiene que ver no solo el poder judicial sino que debería tener que ver con la administración pública.

-M. Lorena: Primero tenemos que construir a quien le estamos por mandar el mensaje y a partir de ahí construir el mensaje hay distintas cuestiones que tienen que tener un una reacción o que un mensaje está redactado en lenguaje claro, como que tiene que tener en cuenta el contenido ¿no? Del vocabulario que usamos, las palabras, y la estructura del mensaje. La extensión de los párrafos, y que haya una idea por párrafo, que haya una secuencia lógica que nosotros queríamos expresar. Es importante para que ese mensaje llegue al destinatario, y ese lo pueda comprender porque en definitiva estamos hablando de garantizar el derecho de compresión. Todas estas cuestiones que afectan los distintos ámbitos del estado. El ciudadano obviamente tiene que comprender ese mensaje. Así justamente garantiza y democratiza, la participación y el sistema democrático en su totalidad.

-¿Podemos relacionarlo de alguna manera con el d. de acceso a la información?

-Mariano: absolutamente, porque poner, a disposición del ciudadano un montón de información que efectivamente en función de la lógica de transparencia atípica pero que sea información que no se haga palmo.

-M.Lorena: La cuestión es clara: no se puede considerar satisfecho el derecho fundamental del acceso a la justicia si las personas a las que se dirige la decisión jurisdiccional no la comprenden. La claridad de las decisiones tiene que poder alcanzar a todos los casos judiciales sin distinciones. Es importante cuidar qué y cómo se comunica: suele ser eficaz el mensaje que se comprende de primera mano.

-¿Por qué es necesario adaptar a lenguaje claro los textos?

-M.Lorena: Porque si el ciudadano no puede comprender una sentencia, una decisión, o una ley, un acta de ejecutivo estamos obviamente afectando un derecho fundamental. Y entonces todo lo que podamos hacer desde el contenido, la estructura del mensaje y el diseño que también es importante como nosotros armamos un mensaje o armamos la
reacción de una sentencia o de una resolución, también tenemos que tener en cuenta que por ejemplo, las viñetas, los puntos, los cuadros, las rayas, el modo en que nosotros plasmamos la información, también eso va a ser que el destinatario pueda o facilitarnos la oportunidad para que pueda encontrar.

-¿Cómo nace el observatorio de la facultad?

M. Lorena: el observatorio nace a raíz de un grupo de personas que veníamos trabajando en la red del lenguaje claro
argentina. Y vimos la necesidad de crear y negar un espacio dentro de la academia.

-Ven que los agentes del Derecho (los abogados, jueces, o empleados judiciales o los mismos estudiantes de derecho) se vuelven traductores de la labor para la población que es ajena al al la vivencia de estas prácticas?

-Mariano: sí claro, y esto también es un problema, el abogado es fundamental para garantizar, el derecho a la defensa y justamente participar de los procesos en el lugar que le toque. Pero, a su vez oficie de traductor, y eso es un problema.

También es un problema en tanto y en cuanto, genera a veces digamos, la movida vinculada al lenguaje claro. Y no, el cliente no puede hacer nada, me necesita más, si yo le puedo producir cosas que de otra manera no entendería. Evidentemente hay algún problema.

-M.Lorena: si claramente, si terminan traduciendo lo que quiso decir el juez. A los estudiantes de derecho hay que traducirles lo que quiere decir un manual o tratado de derecho penal. Porque no lo entienden.

Los profesores, yo creo que de la facultad, tenemos que traducir muchas veces las cuestiones que son complejas de entender.

Entonces creo que sí, muchos desde nuestros roles y yo creo que eso lo tenemos que romper, no ser más traductores, yo no creo que alguien traduzca o lo que yo decido en una audiencia o que se le explique y que diga. Que lleve y explique no no, entendiste, y ¿se entendió?

Deja no te preocupes, yo después te explico…

El observatorio es un espacio para esto, para poder primero promover la reflexión. Poder reflexionar los problemas que plantea, es un debate que tenemos que dar. Creo que este espacio es super importante, es un espacio interdisciplinario de formación. Nosotros solos, los abogados no vamos a lograr nada.

-¿Se necesita de otras disciplinas?

-M.Lorena: Por supuesto, necesitamos de lingüistas, necesitamos de otras especialidades, sociólogos, politólogos, y que tambien podamos entender y poder intercambiar experiencias porque desde todas las disciplinas que creo que podemos complementarnos para justamente, promover la incorporación del lenguaje claro, en la formación de los abogados, hay que sentarse y pensar, y cuáles son los problemas y tiene un alto porcentaje de falta de educación.

El lenguaje jurídico puede ser claro sin perder su especificidad y su precisión. Podríamos decir que la dificultad de comprender las resoluciones jurisdiccionales no radica exclusivamente en la terminología técnica propia de la profesión de abogado (aunque a veces, puede estarlo), sino en, por ejemplo: las referencias o citas innecesarias o
sobreabundantes, sentencias extensas que no van al punto o resoluciones escuetas carentes de línea argumental suficiente, el exceso en la utilización de la voz pasiva, sobreabundancia de términos demasiado técnicos que no alcanzan a comprenderse, el abuso de los gerundios, la extensión de las oraciones y los párrafos, la utilización de
términos de otra época o anacrónicos, otorgarle a las palabras un sentido distinto al que se otorga usualmente, etc.
Es por eso que tenemos todos el deber de velar para que cuanto más simple, mejor.

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