SESENTA PAÍSES ESTÁN AFECTADOS POR EL RETIRO DE LOTES SUSCEPTIBLES DE PROVOCAR TRASTORNOS DIGESTIVOS EN LOS BEBÉS.
“Traducción del diario Le Figaro, nota de Olivia Détroyat”
Tras el tratamiento de sus marcas de agua mineral natural, ahora son las leches infantiles. Nestlé ha vuelto a caer en aguas muy agitadas desde hace una semana. A raíz de una anomalía en más de diez de sus fábricas, concretamente en los Países Bajos y Alemania, vinculada a un problema de calidad en un ingrediente de uno de sus proveedores, el gigante suizo de la agroalimentación procedió a principios de enero a un retiro voluntario de algunas de sus leches para lactantes. ¿La razón? La presencia potencial de una sustancia de origen bacteriano: la cereulida. Esta es susceptible de provocar trastornos digestivos en los bebés, como diarreas y vómitos. El grupo precisa que, en esta fase, no se ha establecido ningún vínculo entre el consumo de sus productos y eventuales casos de enfermedad.
Los hechos no datan de la semana pasada. El pasado 10 de diciembre, la filial francesa de Nestlé había procedido al retiro preventivo de una de sus referencias, Guigoz Optipro Relais (800 g), tras la detección del microorganismo Bacillus cereus en una línea de producción. El lunes 5 de enero, tras la identificación precisa de la fuente de contaminación (en las instalaciones de un proveedor), este retiro se extendió en Francia a 55 lotes, según precisó Nestlé Francia, que posee el 20% del mercado de leches para bebés en el país galo. Pero el asunto no termina ahí y está tomando cada vez más amplitud. Ahora, 60 países se ven afectados según el último recuento realizado este lunes por la tarde en la página web del grupo dedicada a los retiros. Además de Alemania, Italia, Francia, Suecia o Sudáfrica, figuran Brasil y China, dos mercados importantes para la nutrición infantil.
Contactada al respecto, la empresa no ofrece precisiones sobre el número de latas afectadas por este retiro a nivel mundial, ni la tasa de retorno efectiva de estos productos. Según la asociación francesa de defensa de los consumidores Foodwatch, 800 referencias de sus marcas estarían afectadas, comercializadas bajo diferentes nombres en cada mercado (Guigoz, Nan, Alfamino, Nidal…). A menos que se produzca un retiro más amplio, el gigante de Vevey asegura que esto concierne en esta etapa a «significativamente menos del 0,5% de las ventas anuales del grupo».
«En un escenario muy negativo, esto supondría menos del 2% de los volúmenes», estima Jean-Philippe Bertschy, analista especialista en agroalimentación de Vontobel. «El riesgo para Nestlé es más reputacional que financiero». A pesar de la ausencia de casos de enfermedad o contaminación confirmada, la sensibilidad de estos productos destinados a lactantes o niños de corta edad podría incitar a los padres a alejarse, más o menos temporalmente, de estas marcas.
Aunque subraya el carácter preventivo de estos retiros y la ausencia de contaminación directa, Nestlé se ve nuevamente confrontado a gestionar un asunto sensible. Esto podría complicar la tarea de Philipp Navratil, el nuevo consejero delegado del grupo enviado de urgencia a la dirección general del gigante de Vevey, tras la salida precipitada de Laurent Freixe el pasado 1 de septiembre.
Estancado en su crecimiento y tras varios escándalos sanitarios, el grupo lucha por recuperar la confianza de los mercados… y de algunos de sus consumidores. Desde el escándalo en 2022 de las pizzas Buitoni contaminadas con la bacteria E. Coli, que llevó al fallecimiento de dos niños, y el uso de procesos de filtración prohibidos (filtros de carbón, UV) en varias de sus plantas francesas de embotellado, el grupo es regularmente blanco de críticas. Especialmente sobre la calidad del control en sus fábricas. En el caso Buitoni, el grupo había señalado una contaminación potencial a través de una harina externa.
El impacto potencial en la imagen debido a este nuevo problema sanitario sigue siendo difícil de medir a tan corto plazo, pero podría no ser insignificante. Nestlé no detalla el peso exacto en sus ventas de sus actividades de leche en polvo. Pero su división dedicada a la nutrición médica, especializada e infantil representa más del 16% de su cifra de negocios.
En 2017, aunque el caso no tuvo nada que ver en términos de repercusiones sanitarias (unos cuarenta bebés habían sido afectados entonces por salmonelosis), la contaminación de la fábrica de Lactalis en Craon (Mayenne) le había costado, como mínimo, varios cientos de millones de euros al gigante lácteo francés. El asunto incluso había obligado al grupo a renunciar a esa actividad.
Para contener los temores, Nestlé subraya el carácter preventivo de estos retiros y el carácter externo de estos defectos de calidad. El viernes 9 de enero, el grupo indicó haber revisado ya sus cadenas de suministro para el ingrediente incriminado «con otros proveedores».
Fuente: diario Le Figaro de la fecha