Si en los años 90 organizabas una fiesta electrónica en las afueras de París, lo más probable era que la noche terminara con la policía tirando gases lacrimógenos y clausurando el lugar. Hoy, esa misma movida acaba de ser declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Francia, poniéndola al mismo nivel legal y simbólico que la mismísima alta costura parisina o la tradición de la baguette.
Pero detrás de esta movida cultural hay una pica geopolítica tremenda, un poco de ego herido y una jugada legal a largo plazo pensando en la UNESCO.
El dúo Daft Punk, máximos exponentes del ‘French Touch’
Todo esto se oficializó en diciembre de 2025, cuando el Ministerio de Cultura francés incluyó a la música electrónica (con el icónico French Touch a la cabeza) en su Inventario Nacional. Hablamos de blindar el legado de pioneros como Jean-Michel Jarre y bestias de la pista como Daft Punk, Justice, Cassius, Air y Bob Sinclar. ¿Pero de dónde viene el apuro? De cruzar la frontera. Acordate que en 2023, Alemania logró que se protegiera legalmente al mítico techno de Berlín, abriendo la puerta a su reconocimiento internacional. A los franceses esto les tocó el orgullo patrio.
Tanto es así que el mismísimo presidente Emmanuel Macron salió a bancar la parada hace unos meses con una frase espectacular:
“Adoro Alemania, ya saben lo europeísta que soy, pero no tenemos que recibir lecciones de nadie. Nosotros somos los inventores del electro, tenemos el French Touch”.
Un nivel de chovinismo hermoso
¿Para qué sirve esto legalmente?
Más allá del bronce y las declaraciones grandilocuentes, esta inclusión en el registro de Patrimonio Inmaterial tiene efectos prácticos y jurídicos muy concretos para la industria y la cultura local:
Protección de espacios: Permite que los clubes nocturnos y festivales dejen de ser vistos administrativamente como “negocios nocturnos problemáticos” y pasen a tener estatus de espacios de expresión artística y celebración. Esto los defiende frente a clausuras arbitrarias, ordenanzas municipales restrictivas o presiones inmobiliarias.
Subsidios y fomento: Abre la puerta a financiamiento estatal y políticas públicas de protección, algo vital hoy en día cuando los costos operativos de los clubes (y los seguros) están por las nubes.
El pasaje a la UNESCO
Este registro nacional es el paso previo y obligatorio para presentar la candidatura formal y lograr que el mundo entero lo declare Patrimonio de la Humanidad.
Como bien resumió Tommy Vaudecrane, presidente de la histórica Techno Parade de París, el contraste es brutal: “Las primeras lágrimas que derramé por la música electrónica fueron bajo gases lacrimógenos cuando nos demonizaban. Hoy, lloro de alegría al verla reconocida como patrimonio”.
Francia ya movió sus fichas legales e institucionales. Ahora habrá que ver si la UNESCO les da la derecha o si la pelea por la paternidad electrónica con Alemania termina en un empate técnico en la pista de baile.
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