Escándalo: Investigación revela que se ignoraron signos de vida en donantes de órganos en un hospital

Un informe federal de los EEUU acusa a la organización coordinadora de trasplantes de Kentucky de presionar para extraer órganos a pesar de que los pacientes mostraban dolor o despertaban. El caso de un hombre que se salvó en el quirófano desató una pesquisa que ahora destapa implicaciones legales, éticas y un debate sobre la definición misma de la muerte

Una investigación federal ha sacado a la luz graves y sistemáticas irregularidades en el sistema de donación de órganos de Kentucky, revelando que la organización sin fines de lucro encargada de coordinar los procedimientos ignoró signos de conciencia y angustia en docenas de pacientes que estaban a punto de ser sometidos a la extracción de sus órganos.

El informe, que analizó cerca de 350 casos en los últimos cuatro años donde la donación fue cancelada, encontró que en al menos 73 de ellos, el proceso debió detenerse mucho antes debido a que los pacientes mostraban niveles crecientes de alerta. Aunque las cirugías no se completaron, múltiples pacientes exhibieron signos de dolor y angustia mientras eran preparados para la intervención.

El caso que desencadenó la investigación fue el de Anthony Thomas Hoover II, un hombre de Kentucky que en 2021, tras una sobredosis, comenzó a despertar momentos antes de que se le retirara el soporte vital para la donación.

Según los registros, Hoover lloró, encogió las piernas hacia el pecho y negó con la cabeza. La intervención fue detenida en el último minuto por un médico del hospital que se negó a proceder. Hoover, ahora de 36 años, sobrevivió aunque con secuelas neurológicas.

La investigación se centró en la práctica de “donación después de la muerte circulatoria” (DCD). A diferencia de los donantes con muerte cerebral, estos pacientes conservan alguna función cerebral pero dependen de soporte vital y tienen un pronóstico de recuperación nulo. Si la familia accede a la donación, el paciente es llevado a un quirófano donde se le retira el soporte vital. La donación solo procede si el paciente fallece en un plazo de una o dos horas.

La agencia federal Health Resources and Services Administration (HRSA) criticó duramente a Kentucky Organ Donor Affiliates (KODA), ahora llamada Network for Hope tras una fusión. El informe acusa a la organización de:

-Presionar a las familias para que autorizaran la donación.

-Tomar el control de los casos de manera inapropiada, desplazando a los médicos.

-Ignorar signos evidentes de conciencia, como en un caso de 2022 donde un paciente comenzó a mirar a su alrededor y no se detuvo el proceso de inmediato.

-No considerar que sedantes o drogas ilegales podían estar enmascarando el verdadero estado neurológico del paciente.

Como resultado de la investigación, los reguladores federales han impuesto a Network for Hope una serie de medidas correctivas, incluyendo la obligación de realizar evaluaciones neurológicas cada 12 horas a los potenciales donantes y aumentar la capacitación de su personal.

En un comunicado, Network for Hope afirmó que “cumplirá plenamente con todas las recomendaciones sugeridas”. Mientras tanto, la oficina del fiscal general de Kentucky ha confirmado que su propia investigación sobre el caso de Hoover sigue en curso.

Implicaciones Legales y Éticas

El escándalo de Kentucky abre un complejo frente legal y ético con profundas ramificaciones.

Responsabilidad Legal: Las acciones descritas podrían constituir negligencia médica y mala praxis. Si se demuestra que la organización o el personal médico actuaron sin el debido cuidado, podrían enfrentar demandas civiles millonarias por daños y perjuicios. En el caso de Hoover, su supervivencia con secuelas neurológicas podría dar lugar a una demanda por los costos de su cuidado de por vida. Penalmente, si se probara que una extracción de órganos causó o aceleró la muerte de un paciente que no estaba legalmente muerto, los responsables podrían enfrentar cargos de homicidio.

La “Regla del Donante Muerto”: La ley en Estados Unidos y en la mayoría de los países se basa en la “Dead Donor Rule”, que estipula que un paciente debe ser declarado muerto antes de que se puedan extraer sus órganos. Las acciones de Network for Hope parecen haber violado este principio fundamental, poniendo en riesgo no solo a los pacientes sino la confianza pública en todo el sistema de trasplantes.

Conflicto de Intereses: La investigación sugiere un conflicto ético fundamental: la presión por aumentar el número de órganos disponibles para trasplante podría estar chocando con el deber primordial de cuidar al paciente. Las organizaciones de procuración de órganos (OPO) son evaluadas en parte por su éxito en la obtención de órganos, lo que puede crear un incentivo para llevar los límites éticos y legales al extremo.

Consentimiento Informado: Un pilar de la ética médica es que el paciente o su familia deben dar un consentimiento plenamente informado. Si a las familias no se les comunicó que el paciente mostraba signos de recuperación, el consentimiento para la donación sería inválido.

El Debate sobre la Muerte Circulatoria vs. Muerte Cerebral

Este caso reaviva un debate crucial en la medicina moderna. La muerte cerebral es un estado de cese irreversible de todas las funciones del cerebro, incluido el tronco encefálico, y es aceptada legalmente como muerte. Sin embargo, la creciente demanda de órganos ha popularizado la donación tras la muerte circulatoria (DCD), donde la muerte se declara tras el cese irreversible del latido cardíaco y la respiración.

El problema con la DCD es la “zona gris”. ¿Cuánto tiempo debe esperarse después de que el corazón se detiene para declarar la muerte? ¿Podría el cerebro seguir funcionando? Los signos de vida mostrados por los pacientes en Kentucky sugieren que los protocolos actuales pueden ser insuficientes para garantizar que no se esté procediendo con pacientes que aún tienen capacidad de recuperación o, como mínimo, de sentir.

Fuente: Informe Original de The New York Times:

Fuente: Artículo “A Push for More Organ Transplants Is Putting Donors at Risk” por Brian M. Rosenthal.

 

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