Un congreso de medicina en Iowa. Tres médicos argentinos (un par de profesores y un ex alumno) atrincherados en un laboratorio, en medio de un incidente que no logran entender. A partir de esa premisa, El estado de la materia mezcla espionaje internacional (superagente ”86), experimentos y humor para contar, en el fondo, otra cosa: la historia de un hijo que no consigue vincularse con su padre. La obra va por su cuarta temporada en Timbre 4 y sus funciones se agotan. Conversamos con su autora y directora, Melisa Hermida.
Empecemos por el origen. ¿Desde dónde pensaste una obra que tuviera que ver con la ciencia ficción, con la figura paterna, con los científicos y las científicas de Argentina? ¿Por qué escribir algo tan distinto a lo que se ve hoy en la escena?
Primero digamos algo: uno no escribe lo que quiere, sino lo que puede. Empecé a escribirla cuando estaba haciendo la diplomatura en dramaturgia del Paco Urondo. Era el último cuatrimestre, el que daba Javier Daulte, y había que llevar tres páginas a la primera clase. Me senté y, muy a lo Kartun, me dejé llevar por una imagen: eso de la imagen creadora, que a veces te sirve imaginar antes que pensar. Y lo que me apareció fue la imagen de unos pupitres puestos como un atrincheramiento.
Una (especie de) aula “trinchera”. Empecé a escribir desde ahí. Salieron esas tres páginas, que terminaron siendo el comienzo de la obra, y después fue apareciendo todo lo demás.
Vos nombraste al padre y a los científicos. Yo vengo de una familia donde mi papá es físico, mi hermano es ingeniero, mi mamá es contadora… y yo soy licenciada en artes, actriz y directora. Así que hay algo de la ciencia que me atraviesa desde la infancia. En casa se consumía mucho Spielberg, Cuentos asombrosos; toda la Guerra Fría siempre me alucinó. Hay algo de la cultura que uno va absorbiendo que después, cuando escribe, vuelve: te forma como la espectadora que sos, y esa espectadora es la que escribe.
(La entrevista se interrumpe para cambiar de sala en Timbre 4. En el camino, Hermida suelta un “j’ai parlé français aussi”. ¿Habla francés? “Hice los Duolingos en francés”, la obra tiene referencias a varias lenguas)
Hablando de eso: la obra está llena de referencias y, sobre todo, de idiomas. Hay un descubrimiento sobre la materia, algunos efectos “colaterales”, un juego de espionaje, todo ambientado en un congreso internacional, los científicos argentinos viajan y ahí pasa de todo, la realidad vista desde la óptica nuestra. ¿Por qué tantas lenguas?
Me encanta. Me aparece así, en forma de diálogo, por haberme criado en los ochenta viendo películas yanquis, donde todo el imaginario de la Guerra Fría está construido de una manera muy particular.
Yo me crié con ese imaginario. Insisto: no es que quiera reponer esa cultura, es que me formé en ella. Me crié con Rocky IV, con el ruso, ¿entendés? Hoy nos podemos reír de eso e incluso mirarlo críticamente, pero está ahí. Y además me divierte muchísimo lo argentino: esa precariedad que tantas veces nos define, metida dentro de una cosa internacional. Eso me causa gracia. Yo soy mi propia espectadora: escribo lo que me divierte a mí.
¿Superagente 86?
Obvio. Era anterior a nosotros, pero la consumí muchísimo de chica. Me vuelve loca, me encanta.
¿Cuál fue el desafío escenográfico? Porque no es una escenografía sencilla, y encima la montan y la desmontan función a función…
Gonza Córdoba, el escenógrafo, es una bestia, un monstruo. Trabaja en comercial y es amigo: fue el escenógrafo de Tercer cuerpo, una de las primeras obras que hicimos con Claudio Tolcachir. Me quiere mucho, así que un día vino a las nueve de la mañana, leyó la obra y me dijo: “Lo que vamos a hacer es esto”. Me acompañó a una pinturería Rex y pidió quince paños de ese plástico que se usa para cubrir todo. “Con esto va a estar bien”, me dijo. Después conseguí un plástico blanco para el piso y ya está. En definitiva, es eso.
Y con eso creás un ambiente misterioso: un poco obra en construcción, un poco laboratorio…
Un poco, claro. Y un poco clase también.
Hay algo de aula, sí. Van a un congreso, pero algo pasa. Tiene mucho misterio y a la vez es muy humana. Todas las obras de ciencia ficción pueden tener algo humano, pero acá hay algo muy de Hamlet
Totalmente. Es Hamlet, totalmente. Después me fui dando cuenta, incluso de esa sombra, en el humo. Es un hijo que creía tener un legado, que creía que tenía que ir contra el mundo, y eso se resignifica. Entrar en la ciencia ficción es, en realidad, entrar en el viaje del héroe: el protagonista tiene que atravesar un montón de peripecias para terminar descubriendo algo que ya estaba ahí. En el fondo, la ciencia ficción es la excusa para narrar la soledad de este pibe cuyo padre fue un HDP. Toda la vida hizo lo que creía que tenía que hacer, llegó hasta acá, y el padre lo defrauda incluso en el final.
Ya van cuatro temporadas. ¿Qué devoluciones fueron apareciendo?
Creo que lo que prima es la sorpresa. No es una obra que suela verse en la cartelera porteña, y menos en la independiente: podría parecer imposible de hacer, y la hicimos con el hambre. No lo voy a spoilear, pero son trucos muy sencillos. Y nos ayudó un grosso: Fede Ransenberg, que es especialista en efectos especiales en cine y hermano de Paula Ransenberg, una actriz increíble y compañera. Vino a darnos una mano, nos prestó cosas, nos explicó cómo hacerlas. Son trucos. A mí eso me gusta mucho. No hay grandes efectos especiales: son casi trucos de magia.
Pero el efecto es impactante.
Muy impactante. Creo que la gente agradece la sorpresa de dejarse llevar en un viaje donde pasan cosas que solo pasan en el cine, donde podés creer que alguien se vuelve líquido. Si en una buena función lográs que el público suspenda la incredulidad y entre en ese mundo absolutamente increíble, si podés sostener el verosímil del género y que se diga “sí, acá puede pasar esto”, la gente sale contenta, agradecida y sorprendida. Por eso nos va bien: la recomiendan. Hoy la sala estaba llena de gente que no sabemos quién es, y para los que hacemos teatro independiente eso es hermosísimo.
¿Se viene una segunda parte, o algo que siga esta línea?
No, para nada. Ahora tuve la suerte de que me llamaran del San Martín para dirigir un semimontado: Bellas vidas, bellas llamas, una obra de mujeres, recontra feminista. Nada que ver, otro mambo por completo. Y por otro lado estoy conduciendo y produciendo un streaming de teatro con público en vivo. Ya hicimos el primer capítulo, se llama Nadie me llamaría para esto. Lo conducimos otra actriz, un actor y yo.
Pasemos el dato
Hicimos un streaming en vivo en la sala grande, con Claudio Tolcachir y Dalma Maradona. La idea es que cada episodio se haga en un escenario distinto: después de que sucede una obra, se graba dentro de esa misma escenografía, con actores invitados de la obra que se acaba de hacer. Sale por YouTube. El episodio cero ya está subido, con muchísimos problemas técnicos. Y es muy divertido conducir un streaming en vivo con público en vivo.
Un poco es lo que armaste con la obra: a pulmón y, al mismo tiempo, con los mejores y las mejores.
Con gente que se copa y quiere ayudarte aunque no haya un mango. Un amigo dijo “les hago la cortina musical”; otro, “yo me encargo de la luz”.
Las voces en otros idiomas también. Inglés, alemán… casi no falta nada.
Casi no falta nada, sí. Y son amigos que dijeron “che, yo te ayudo, yo te ayudo”. Alucinante.
Ficha técnico-artística
El estado de la materia
- Dramaturgia y dirección: Melisa Hermida
- Elenco: Pablo Fiscarelli, Matías López Barrios, Jorge Noguera, Gonzalo Ruiz
- Voz en off: Tamara Kiper, Maxime Seugé
- Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez
- Realización de escenografía: Cristián Mazzeo
- Diseño de iluminación: Adrián Grimozzi
- Diseño de sonido: Mario Duch
- Asesoramiento en efectos especiales: Federico Ransenberg
- Asistencia de dirección: Martín Pezza
- Producción ejecutiva: Federico Pereyra y Martín Pezza
- Producción general: Morena Marcos
- Productores asociados: Daniel Hermida, Jorge Noguera, Fabián Saad y Claudio Tolcachir
- Fotografía y diseño gráfico: Renata Marano
- Duración: 60 minutos
- Apto para: público adulto
- Con el apoyo de Proteatro
Funciones: Timbre 4 — Sala Boedo (Av. Boedo 640, CABA). Sábados a las 20.30. Entradas por Alternativa Teatral.