Las stable coins: furor de la criptoeconomía, y fetiche de los reguladores

Las stable coins se están convirtiendo en el principal y más disruptivo desarrollo de la economía digital

Por Ricardo Mihura Estrada (*)

Las stable coins se están convirtiendo en el principal y más disruptivo desarrollo de la economía digital. Más específicamente, de la criptoeconomía y de las finanzas descentralizadas (o DeFi), otra área que concentra los mayores desafíos a las tradiciones financieras. También, a medida que van permeando hacia la economía real, se van tornando una preocupación y amenaza para el sistema financiero establecido, y por ende, para el financiamiento y políticas monetarias de los gobiernos.

 

¿Qué son las stable coins y para qué sirven?

Las stable coins, o “monedas estables” son representaciones digitales de valor, que tienden a mantener una paridad constante con relación a una moneda de referencia ─usualmente el dólar─ y que pueden transferirse entre usuarios de manera sencilla, instantánea, en forma digital, global, segura y a muy bajo costo.

Los exchanges o mercados de criptomonedas, necesitan stable coins para que sus clientes que venden posiciones de criptoactivos puedan quedarse en moneda estable, y aún retirarla a sus billeteras personales y entrar a otros exchanges, sin necesidad de pasar por los bancos, a dólares reales. El contacto con los bancos, para quienes negocian en el mundo digital, es muchas veces incómodo y costoso, sujeto a una jurisdicción política en particular, la del exchange, seguramente muy distante de la jurisdicción del cliente.

Por ello, las principales stable coins hasta el momento, se han generado y se utilizan solamente en el mundo de la criptoeconomía. Pero propuestas como la de facebook y sus socios al anunciar, hace dos años, el lanzamiento de la stable coin Libra (actualmente Diem, y aún pendiente de circulación), es llegar al usuario común, a la economía doméstica.

 

¿Por qué valen las stable coins?

Cómo logran mantener la paridad con el dólar, es todo un mundo. Hay varias formas de hacerlo (o, al menos, de intentarlo).

El modo más sencillo de fijar un valor, es mediente un emisor centralizado, que al emitir las nuevas monedas las entrega a cambio de dinero. El dinero se recibe y se guarda como garantía del rescate de las monedas emitidas, para el caso de que el tenedor de la misma quiera recuperarlo. Es lo que vienen haciendo una cantidad de actores del ecosistema cripto, principalmente los gerenciadores de los grandes exchanges o mercados de cambios.

¿Y los emisores de stable coins, prestan este servicio gratis? Sí, pero no tanto. Los emisores obtienen un doble beneficio: por un lado, es lo que permite que sus clientes entren a comprar y vender en sus plataformas, y cobrar comisiones con cada operación. Por otra parte, aunque el cliente que compró la stable coin de un emisor se la lleve a una plataforma distinta, que también la admita, el emisor no cobrará comisiones por sus operaciones, pero igualmente ganará por el señoreaje, que es el rendimiento financiero de los fondos que recibió a cambio de las monedas digitales, y que sólo deberá devolver, cuando se lo pidan, en su valor nominal, sin intereses.

Pero claro, a mayor riesgo, mayores rendimientos. Entonces, el incentivo del emisor por invertir el dinero entra en conflicto con el interés del inversor, de que se conserve su valor nominal y su liquidez. Acá entran a tallar los auditores independientes: los emisores de stable coins acuden a terceros para que certifiquen que los fondos efectivamente están disponibles, o que están invertidos en bonos o inversiones de muy bajo riesgo.

Todos los emisores utilizan auditores para generar confianza, para que no pierda valor la emisión… Todos salvo uno, salvo el emisor de la principal y más difundida stable coin del mercado cripto: el Tether, que concentra más del 75% de este mercado y mantiene sus reservas lejos de cualquier auditadoría. Sus usuarios, evidentemente, confían en que las reservas de Tether efectivamente están, o que habrán de aparecer, ya que la cotización de esta stable coin hace más de cinco años casi no se mueve de su exacta paridad con el dólar. Too big to fail, pensarán muchos. Pero su crecimiento ha sido exponencial.

Hace un año, Tether había emitido ya 4 mil millones de dólares, pero durante 2020 multiplicó por cinco, y en lo que va de este año 2021, incrementó su emisión, de 21 mil a sus actuales 34 mil millones de dólares de market cap (¡13 mil millones de dólares nuevos, en menos de dos meses!). Y todo ello, sólo sobre la confianza ciega de sus clientes y usuarios.

Otras formas de lograr la estabilidad de una moneda digital, sin comprometer el crédito de su emisor, y sin requerir de auditorías opinables, es inmovilizar criptoactivos. Éstos son valiosos pero volátiles, por lo que se prendan con un buen margen para cubrir sus posibles variaciones de precio, y se puede así emitir una moneda estable con esa garantía. La ventaja de utilizar criptoactivos como garantía es que éstos se pueden inmovilizar de modo efectivo y público, auditable por cualquiera, en el marco de un contrato inteligente que cumpla las funciones de retener la garantía, y emitir y rescatar la moneda estable. Es más, en estos casos ni siquiera existe un emisor obligado a devolver el dinero inicial. Y se puede lograr separar la stable coin de su garantía, y que ambas circulen, una con su valor estable y la otra con su prenda. Todo es automático, programado, y queda a cargo de un contrato inteligente, de oráculos independientes y de toma de decisiones descentralizadas, por votación interesada de los propios tenedores. Estos sistemas están en sus etapas iniciales, pero funcionan. El DoC lo hace con garantía bitcoin, y el Dai con garantía de ethereum y de otras stable coins.

Una tercera forma para lograr estabilidad, sin respaldo financiero ni de criptoactivos, es por un mecanismo, o algoritmo (se llaman monedas “algorítmicas”), que asegure en forma periódica y automática la ampliación de la emisión cuando el precio de las monedas emitidas sube, y su contracción cuando el precio baja. Parece un juego semántico: para que no fluctúe el precio, varía la cantidad de unidades en manos de los tenedores. Pero no es sólo semántico. El objetivo es que sus usuarios e inversores, ante la percepción de la estabilidad algorítmica, tiendan a validar ellos mismos el valor estable de la unidad. En definitiva, los precios dependen de la valoración subjetiva de compradores y vendedores, y esa valoración subjetiva es lo que se pretende validar con el algoritmo. Las pocas stable coins que están emitidas con este tipo de protocolos, aún están lejos de lograr la estabilidad y la aceptación pretendidas.

La llegada de las stable coins a la economía real

El próximo desafío del sector de las stable coins es pasar del nicho de la criptoeconomía, donde ya tienen amplísima aceptación, a su utilización minorista, masiva, en la economía real.

Esta es la apuesta y la amenaza de facebook, y de otros gigantes tecnológicos aliados, con su proyecto Libra, luego rebautizado Diem, pero aún no lanzada. Digo “amenaza”, porque el volumen, respaldo y cantidad de clientes de estos gigantes hizo pensar a todo el mundo que, de un día para el otro, el dólar y las demás monedas emitidas por los bancos centrales, podrían quedar totalmente eclipsados. Todos los gobiernos se han habituado, desde hace un siglo, a hacer política económica, y a financiar sus presupuestos en forma más o menos transparente, con la concurrencia del sistema bancario y de la emisión monetaria centralizada e inflacionaria. Si la emisión monetaria pasa a jugadores transnacionales, y ─más aún─ ajenos al sistema financiero regulado, deberían los gobiernos volver a ordenar totalmente este complejo juego, e inestable equilibrio, que ellos llaman “estabilidad financiera”.

Por ello, la nueva obsesión de los reguladores, a nivel mundial, es que estas stable coin “globales” (o “GSC”), no se desarrollen por fuera sino por dentro de los sistemas financiero y regulatorio actuales.

Esto lo están intentando los gobiernos de dos formas. La primera consiste en someter a todos los actores del sistema de emisión, uso y circulación de stable coins exactamente a los mismos requisitos de transparencia, seguridad, información, licencia previa, etc. a los que están sujetos los bancos. Probablemente, incluso a más requisitos, ya que no se prevé permitir a los emisores de stable coins la prebenda bancaria que significa la “reserva fraccionaria”, por la que los bancos terminan emitiendo más moneda de la que guardan en depósito. Las razones declamadas son las mismas de siempre: preservar la estabilidad financiera, combatir el narcotráfico y el terrorismo y proteger al usuario. En lo que va del año, ya se han expedido en este sentido el Financial Stability Board (integrado por representates de todos los bancos centrales de los mayores países y de los organismos internacionales), la oficina de control monetario de los Estados Unidos y la oficina del Tesoro del Reino Unido. En el mismo sentido va la propuesta de la Comisión Europea para regular el mercado de criptoactivos, aprobada en septiembre del año pasado.

La otra forma de intentar no perder el control sobre la emisión monetaria, la están intentando los bancos centrales de diversos estados, a través de la emisión de monedas digitales por parte de esos mismos bancos centrales, llamadas CBDC (Central Bank Digital Currency). Obviamente que las CBDC serían stable coins, en los términos de su propia denominación. Serían stable coins, aunque continúen siendo inflacionarias.

 

¿Qué pueden hacer los gobiernos como servicio a los ciudadanos?

Tanto los proyectos de regulación estatal como la emisión de CBDC, parecen intentos de detener el viento, o el sol, con las manos. La liquidez transnacional, en un mundo que es cada vez más plano y más pequeño y uniforme, será mucho más eficaz que las barreras jurisdiccionales, políticas, que aún limitan a los reguladores estatales. Sobre todo, cuando el usuario perciba que la migración a las stable coins privadas y globales le permite una mayor privacidad, y el acceso a servicios financieros más eficientes que los que presta el sistema bancario regulado (a través de los emprendimientos de finanzas descentralizadas ─DeFi─, que son materia para otra nota).

Lo que sería extraordinario, es que por una vez los gobiernos se pusieran en forma útil al servicio de los ciudadanos. Que, en lugar de intentar frenar el progreso, la tecnología y la inclusión financiera mediante la imposición de licencias y requisitos “por las dudas”, onerosos y sin ningún sentido práctico, concentraran sus esfuerzos y todo el poder y recursos que tienen, en informar al ciudadano, en calificar y publicar las características reales de cada stable coin, de cada emisor. Esa sería una excelente forma de contribuir a eliminar las asimetrías de información, la ignorancia no culpable que padece el ciudadano común.

También deberían esforzarse los gobiernos, ─por supuesto─ en desarrollar sistemas jurídicos y judiciales aptos para ejecutar todo tipo de contratos sobre este tipo de activos; y en investigar y perseguir a los estafadores y delincuentes, que son la excepción, pero que siempre andan por ahí.♦


(*) Abogado. Miembro de ONG Bitcoin Argentina

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.