Escena En Zapatillas – Ensayo para un nosotros: la bitácora de su director
El director de «Ensayo para un nosotros» le acercó a DEZ su bitácora: por qué volvió a una obra de hace diez años y qué pasa cuando el amor se piensa como necesidad.
¿Se puede hacer una obra sobre el amor sin creer en el amor? Esa contradicción está en el origen de Ensayo para un nosotros, una pieza de danza contemporánea que nació de otra: Furtivo, un cuarteto creado hace diez años, en plena época del “amor fluido” y de los vínculos sin rótulos.
Diez años después, su creador volvió sobre aquellas preguntas. Y en el camino tomó una decisión fuerte: sacar la banda sonora tradicional, para que se escuche lo que casi nunca se escucha en un teatro. La respiración de los intérpretes. El roce de los cuerpos contra el piso.
En Escena en Zapatillas conversamos con David Señoran, un texto en primera persona sobre cómo se construye una pieza, qué se descarta en el camino y qué queda cuando se apagan las luces.
Lo que sigue es su texto, en sus propias palabras.
La obra y su “música”
Cuando comienzo un proceso creativo, por lo general construyo un guion con las escenas que compondrán la estructura de la obra. Estas escenas sintetizan en imágenes, textos o acciones aquello que luego traduciré en movimiento. Esa estructura original irá modificándose a lo largo del proceso, pero la esencia de la propuesta primaria continúa.
Cuando comenzamos con los ensayos ponemos el cuerpo y, durante este período de investigación y montaje, lo importante es la acción. Suelo decirle al equipo que lo que construimos debe tener la capacidad de presentarse solo: el movimiento, la coreografía, tiene que poder ser independiente de todas las otras capas de la puesta en escena.
Siempre observo el proceso con esto en la cabeza. La propuesta de movimiento y acción es el centro de la obra; las demás capas —la música, la luz, el vestuario, la escenografía— colaboran con el volumen de la pieza.
¿La música? Aparece en el período final del proceso y se adapta a la escena y a la coreografía.
El proceso
Mientras avanzamos en los ensayos, el material construido demanda decisiones compositivas y también de dramaturgia del movimiento. Siempre es sorprendente observar cómo la obra comienza a tener cierta autonomía y exige revisar algunas de las primeras decisiones.
En algunos casos, la puesta en escena sufre cambios abruptos; en otros, el recorrido es más tranquilo. Esta obra en particular fue de esas de cambios abruptos: promediando el final de los ensayos, la pieza reclamaba atención a los cuerpos. Más atención.
Sentía que este material debía dejar al descubierto el cansancio, la transpiración, la carne de los intérpretes, y que los espectadores pudieran presenciar el pasaje de esos cuerpos cotidianos a estos otros que devienen extraordinarios.
Entonces, la decisión de prescindir de una banda sonora tradicional fue una de las que nos permitió avanzar en ese objetivo. Los movimientos, las respiraciones, la convivencia de los performers con el sonido que ellos mismos producen en el suelo, en el contacto con sus compañeros de escena: todo eso fue fundamental para la obra.
Quizás poder conmover, tocar al que mira, es el objetivo final. Las preguntas no tienen respuesta cierta; creo que las preguntas se transforman en el canal que nos conecta.
Bitácora del proceso: pienso en la obra
Encontrar un tema que me conmueva, y que sospeche que pueda interesar al público, es sin dudas el inicio para empezar a trabajar una obra. Decidí retomar una pieza que creé hace diez años, Furtivo, un cuarteto: cuatro personas que hacían un gran esfuerzo por encontrar pareja. Estar emparejados era la búsqueda.
Era la época del amor fluido, de la ausencia de rótulos y, aun así, a mi alrededor veía jóvenes con un gran deseo de estar, vivir, recorrer con alguien el rato más largo posible. Lo banal atravesaba la propuesta; el deseo aparecía y desaparecía.
Desde allí nació una nueva pieza, inspirada en aquella otra, y a medida que la obra se fue construyendo surgieron más dudas. Me pregunto por qué volver a esas preguntas que me interrogaron hace diez años. ¿Por qué ahora?
¿Qué tienen de contemporáneos estos planteos? Si los abordo, ¿cómo lo hago? ¿Qué puesta en escena será la adecuada? ¿Qué dispositivo escénico?
Pienso que el amor no existe. Lo que nos une en el tiempo, ya sean tiempos breves o prolongados, son las necesidades: aquello que uno necesita y que el otro tiene. Parece frío, calculador. Sin embargo, creo que ese intercambio es lo que mantiene a las personas unidas; un intercambio que se actualiza y permite continuidad en el vínculo.
Pero si no creo en el amor, ¿por qué hablar de él? Quizá no es el amor lo que me convoca: quizá es la búsqueda del amor lo que me intriga. Es eso lo que me interesa indagar.
El amor siempre fue un tema para las artes. Me interesa mostrar cuerpos, cuerpos en acción; acciones que parten de lo cotidiano, del gesto habitual, y que se vuelven movimiento y luego danza. En ese instante en que la danza aparece, esos cuerpos se vuelven extraordinarios. O quizás sucede al revés. Acciones, movimiento, danza.
Hablar del amor en esta época neoliberal es pensar que los cuerpos se reúnen por necesidades en común. ¿Cómo proponer un amor en este tiempo violento, agresivo? ¿Qué cuerpos pueden sostener estos vínculos? ¿Cuerpos aguerridos, con armaduras, con mazos y escudos? ¿Cuerpos viejos que deben luchar?
Entonces, ¿qué acciones, qué movimientos, qué danzas construir? Algunas violentas, desesperadas o desamparadas. ¿Y cuánta vulnerabilidad puede colarse por los huecos de las armaduras? ¿Qué deseos, qué necesidades? Tal vez deba concentrarme en esos huecos.
Si todo se mueve cada vez más rápido, y las formas en que elegimos conectarnos no son la excepción, ¿cómo pensar el tiempo de esta obra? ¿Vendrá el público a la sala buscando un tiempo que le permita contemplar, sentir, escuchar? Ese tiempo más quieto, que parece más antiguo, podría ser una estrategia para la puesta.
Creo que pasamos la vida buscando momentos que nos devuelvan a instantes en que fuimos felices. Los buscamos una y otra vez, aunque a veces ni siquiera recordemos esas felicidades originales. Las copias de la felicidad suelen ser lo que encontramos: recuerdos bellos, imágenes que nos despertaron algo en algún momento. Esas imágenes a veces pertenecen al mundo real; otras veces, la teatralidad las crea.
En mi cabeza giran estas preguntas sobre cuán moderno es lo que hacemos, cuán innovador, cuán genuino. En ocasiones, esas dudas resultan paralizantes. Están ahí, en un segundo plano del pensamiento, a pesar de que deseo que desaparezcan. Me persiguen como un zumbido: ¿estamos diciendo algo nuevo o simplemente reciclamos formas que ya circularon? ¿La obra aporta una mirada contemporánea o se refugia en lo conocido? Esas preguntas no son accesorias: moldean decisiones de ritmo, de imagen, de dispositivo. Y aunque quisiera ignorarlas, vuelven siempre al ensayo y a mi vida.
Soy apenas un recolector de fragmentos. Lo que junto es mío y, muchas veces, de otros. Armo, de a pedacitos, una mentira que me acerque a esa felicidad que un día sentí. Invento y, en el mientras tanto, me invento.
Y de pronto me asalta una imagen que me emociona. En ese momento me pregunto si seré tan parecido a los otros, o al menos lo suficientemente parecido al público, para inferir que sienten algo similar a lo que me ocurre cuando esa imagen me invita a recordar.
Esa duda me atraviesa: ¿la emoción que me conmueve será compartida o es solo mi eco privado? Me aferro a la posibilidad de que exista una resonancia, una pequeña coincidencia entre mi memoria y la de quien mira. Si la hay, la obra puede funcionar como puente. Si no, la obra será mi intento solitario de reconstruir una felicidad que ya no sé si fue mía o prestada.

Ficha técnica
Ensayo para un nosotros pone el cuerpo en primer plano, la respiración, el cansancio, la carne que trabaja y el esfuerzo por lo extraordinario se vuelven lenguaje. Partiendo de una indagación sobre los vínculos amorosos en la contemporaneidad, la pieza abre la pregunta mayor de cómo podemos colaborar en la construcción de un nosotros colectivo hoy. La función se propone como un ensayo público, una experiencia compartida que convoca a pensar qué puede y qué debe hacer el arte para sostener la vida en común.
Dia y Hora-Sábados de agosto -21h
Lugar- Portón de Sanchez /Sánchez de Bustamante 1034
FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA
- Dramaturgia:
- Andrés Binetti
- Performers:
- Alejandro Aguilar, Melina Ansai, Miranda Basso, Lautaro Cianci, Luis Garbossa, Lucia Girardi, Cristian Katari, Nina Lazaro, Sofia Muñoz, David Señoran
- Vestuario:
- Melina Pretzel
- Iluminación:
- David Seiras
- Música original:
- Juan Barone
- Asistencia de dirección:
- Daniela Ojeda
- Coreografía:
- David Señoran
- Dirección:
- David Señoran
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