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Derecho de marcas – Buc-ee’s vs. Mickey’s: el juicio por el castor y el alce

La cadena texana de megaestaciones de servicio llegó a un acuerdo confidencial con Mickey's, una cadena de Ohio cuyo alce, según Buc-ee's, se parecía demasiado a su famoso castor. Pero la guerra sigue: ahora va contra un minimercado de cuatro empleados. Qué dice la ley en EE.UU. y qué pasaría en la Argentina.

Dos animales de dibujito, mirando hacia la derecha, con ojos grandes, sonrisa amplia y un fondo redondo detrás. Uno es un castor con gorra roja; el otro, un alce. Para una de las cadenas de estaciones de servicio más famosas de Estados Unidos, ese parecido alcanzaba para ir a la Justicia federal. Siete meses después, la pelea terminó como terminan muchas de estas historias: con un acuerdo confidencial y sin que nadie sepa, por ahora, qué va a pasar con el alce.

El 15 de septiembre, Buc-ee’s y Coles IP Holdings —la empresa dueña de Mickey’s, una cadena de tiendas y estaciones de servicio de Ohio— cerraron un acuerdo durante una audiencia de conciliación, según los registros judiciales. Los términos no se hicieron públicos. La noticia, que medios como The Independent difundieron en los últimos días, reavivó una discusión que en Estados Unidos ya tiene nombre propio: ¿dónde termina la defensa legítima de una marca y dónde empieza el uso del tamaño para intimidar a los más chicos?

Lo esencial

  • Qué pasó: Buc-ee’s demandó a Mickey’s porque su alce se parecería demasiado a su castor. Terminó en un acuerdo confidencial.
  • Qué sigue: Buc-ee’s mantiene otro juicio en Ohio, contra un minimercado de cuatro empleados que usa… un castor.
  • Por qué importa: el caso muestra cómo se decide si dos marcas “se confunden”, en EE.UU. y en la Argentina.

Quién es el castor

Buc-ee’s nació en 1982 en Lake Jackson, Texas, y se convirtió en un fenómeno cultural: megatiendas de casi 7.000 metros cuadrados, un centenar de surtidores, baños impecables, sándwiches de carne ahumada y unos snacks de maíz acaramelado —los Beaver Nuggets— que tienen fans propios. Ya está presente en al menos diez estados además de Texas. Su mascota, el castor con gorra roja, aparece en carteles, remeras, peluches y calcomanías pegadas en miles de autos. En términos jurídicos, es su activo más valioso.

En abril de 2026 abrió su primer local en Ohio, en la ciudad de Huber Heights, y facturó más de un millón de dólares el primer día, un récord para la cadena.

La demanda: un animal que mira a la derecha

El 18 de febrero, dos meses antes de esa inauguración, Buc-ee’s demandó a Coles IP Holdings ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Norte de Ohio, por infracción de marca y competencia desleal.

Mickey’s —que hasta hace poco se llamaba Mickey Mart— tiene 42 locales en el norte de Ohio, sede en la ciudad de Milan y más de cuarenta años en el negocio. Su logo actual es un alce sonriente dentro de un hexágono rojo. Sin gorra. El alce existe desde 2020, pero la versión vigente del logo y el nuevo nombre son de 2025.

Según la demanda, ambos logos muestran un animal de caricatura que mira hacia la derecha, con ojos bien abiertos y sonrisa, sobre un fondo circular. Buc-ee’s sumó otros argumentos:

  • El cambio de nombre de “Mickey Mart” a “Mickey’s”, que según la cadena texana suena más parecido a “Buc-ee’s”.
  • El uso predominante del rojo en carteles, uniformes y en las representaciones del alce.
  • Supuestos indicios de confusión en internet, donde algunos usuarios se preguntaban si las dos empresas tenían alguna relación.

Algunos medios señalaron además un dato de calendario: el cambio de imagen de Mickey’s llegó un año después de que Buc-ee’s anunciara su desembarco en Ohio.

Lo que pedía Buc-ee’s era contundente: la prohibición permanente de usar esos logos, la destrucción de todo el material con la imagen, daños triplicados (treble damages), el pago de los honorarios de sus abogados y un juicio por jurados. En paralelo, ya había pedido ante la Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU. (USPTO) la cancelación de los registros de Mickey’s. Su abogado general, Jeff Nadalo, explicó que la empresa no pensaba quedarse de brazos cruzados frente a quienes infringen una propiedad intelectual que le costó años construir.

La contraofensiva: “Un alce no es un castor”

Mickey’s no se achicó. En abril contrademandó por competencia desleal y litigio malicioso. Su planteo, en criollo: cualquier consumidor de Ohio sabe distinguir un alce de un castor, y los animalitos de dibujito son un recurso de lo más común entre las tiendas de conveniencia. Sus abogados lo resumieron en cinco palabras: “Un alce no es un castor”.

La cadena de Ohio calificó la demanda de infundada y acusó a Buc-ee’s de buscar que una empresa familiar, mucho más chica, abandonara la identidad que construyó durante décadas o se desangrara pagando abogados para defenderla.

El abogado Jack Greiner, columnista de The Cincinnati Enquirer, se sumó con ironía: el alce no usa gorra, el logo es un hexágono y no un círculo, y “Mickey’s” se escribe de la forma más corriente posible, mientras que “Buc-ee’s” es una grafía inventada. Según su cuenta, era la quinta demanda por infracción que la cadena presentaba desde 2018. Y se preguntó, medio en broma, si la próxima en la lista sería Wendy’s.

Final con acuerdo (y con secreto)

El 15 de septiembre llegó el acuerdo. No se sabe si Mickey’s tendrá que modificar o reemplazar a su alce. Analistas del sector hicieron una lectura pragmática: cuando el demandante tiene espalda para litigar durante años, un acuerdo confidencial —cualquiera sea su contenido— suele salirle más barato al demandado que llegar a juicio.

El castor contra el castor

Pero la guerra de las mascotas en Ohio no terminó. El 26 de julio, el humorista John Oliver le dedicó un segmento de Last Week Tonight (HBO) a la ofensiva judicial de Buc-ee’s contra pequeños negocios y lanzó una línea de merchandising paródica, “Buc-Off”, armada con los mismos rasgos que la cadena reclama en los tribunales. Buc-ee’s dijo que no iba a demandarlo. Dos días después, el 28 de julio, demandó a otro: Beaver’s Mini Mart.

Es un minimercado sin surtidores, en la esquina de dos caminos rurales de Beavercreek —una ciudad cuyo nombre significa, literalmente, “arroyo del castor”—, a poco más de 20 kilómetros del nuevo Buc-ee’s. Lo opera la sociedad Hanes Road Carryout Inc., su dueño es Vik Boparai y, según él, tiene cuatro empleados. Su cartel muestra un castor sonriente con el pulgar arriba.

La demanda, presentada ante el Distrito Sur de Ohio, no se limita al dibujo: Buc-ee’s invoca también su registro de la palabra BEAVER’S (“del castor”) como marca, además del color rojo y el contexto comercial.

La empresa se defendió en público: dijo que supo del negocio en octubre de 2025, cuando Boparai inscribió el nombre comercial en Ohio, y que intentó contactarlo por correo en marzo y en abril sin obtener respuesta. Según el alcalde de Huber Heights, Jeff Gore, el fundador de Buc-ee’s, Arch Aplin III, le dijo que no tenía problema con un castor en un cartel, sino con la posibilidad de que se multiplicaran tiendas tipo “BeaverMart” en la región. Boparai lo desmintió: afirma que nunca buscó una marca nacional, que el cartel está colgado desde 2019 y que inscribió el nombre a pedido de su banco, para poder seguir cobrando con tarjeta.

La reacción fue inmediata. El gobernador de Ohio, el republicano Mike DeWine, calificó la demanda de ridícula y recordó lo obvio: “¡Es Beavercreek, por el amor de Dios!”. El senador estatal demócrata Willis Blackshear Jr. pidió que se retirara, más de veinte comercios de la zona salieron a respaldar al minimercado y los vecinos vendieron remeras para financiar su defensa. El caso sigue abierto y, según los registros judiciales, no tuvo novedades relevantes.

Un castor con prontuario judicial

La lista de animales que Buc-ee’s llevó a los tribunales es larga y variada:

  • Choke Canyon (Texas): un caimán con sombrero de cowboy sobre fondo amarillo. En 2018 un jurado le dio la razón a Buc-ee’s y la empresa cambió su logo.
  • Super Fuels (Texas, 2025): un perro con capa roja sobre un círculo azul, en una cadena de apenas tres estaciones del condado de Dallas.
  • Duckees (Missouri): un pato con anteojos de sol.
  • Born United (Carolina del Sur): una marca de ropa que vendía remeras con un castor muy parecido al de Buc-ee’s, vestido de combate y armado. En agosto de 2026 aceptó pagar 850.000 dólares, destruir la mercadería y retirar la publicidad.
  • Barc-ee’s: una cafetería pet friendly que se presentaba como un homenaje a Buc-ee’s. Anunció su cierre después de ser demandada.

Ni México escapó al radar: en 2023 se viralizó la foto de un supermercado llamado Buk-II’s y circularon rumores sobre posibles acciones legales.

Por qué litiga tanto: las reglas del juego en EE.UU.

En Estados Unidos, estas disputas se rigen por la Ley Lanham, la ley federal de marcas. La pregunta central no es si dos logos son idénticos, sino si existe probabilidad de confusión: si un consumidor razonable podría creer que los dos negocios están relacionados, que uno patrocina al otro o que son la misma empresa.

Ohio pertenece al Sexto Circuito federal, que mide esa probabilidad con ocho factores fijados en 1982 en el caso Frisch’s Restaurants v. Elby’s Big Boy —curiosamente, un pleito entre restaurantes que usaban otro muñeco célebre, el Big Boy—:

  1. La fuerza de la marca del demandante.
  2. La relación entre los productos o servicios.
  3. La similitud entre las marcas.
  4. La evidencia de confusión real.
  5. Los canales de comercialización.
  6. El grado de atención del comprador.
  7. La intención del demandado al elegir su marca.
  8. La probabilidad de expansión del negocio.

Con ese lente se entienden los argumentos de Buc-ee’s: quien frena en la ruta a cargar nafta presta poca atención a los detalles, las dos marcas venden lo mismo, la cadena acababa de llegar a Ohio y los comentarios en redes podían presentarse como confusión real. Y se entienden los de sus rivales: un alce no es un castor, los animales sonrientes son moneda corriente en el rubro y las marcas convivían desde hacía años sin problemas.

Hay, además, una razón estratégica. Una marca que no se defiende puede debilitarse: si se toleran imitaciones, el signo pierde fuerza distintiva y, con ella, protección. Por eso las grandes empresas suelen pecar por exceso antes que por defecto. El problema aparece cuando la defensa se vuelve intimidación —en la jerga estadounidense se habla de trademark bullying—. Como recordaron especialistas consultados por la prensa de ese país, Buc-ee’s es dueña de marcas concretas, no de la idea de usar un animal simpático como logo.

La antigüedad del minimercado tampoco es un salvavidas automático. En EE.UU., el registro federal le da al titular prioridad en todo el país desde la fecha de su solicitud. Quien empezó a usar un signo parecido después de ese registro, aunque sea en un solo pueblo, en principio no puede invocar el uso previo como defensa. Buc-ee’s sostiene que sus derechos son muy anteriores a 2017, cuando —según la familia Boparai— empezó a funcionar el negocio.

¿Y si esto pasara en la Argentina?

Acá el punto de partida es distinto. En Estados Unidos los derechos marcarios nacen, sobre todo, del uso. En la Argentina, la Ley de Marcas 22.362 establece en su artículo 4 que la propiedad de una marca y la exclusividad de uso se obtienen con el registro. Traducido: para que el castor sea “tuyo”, tenés que registrarlo ante el INPI (Instituto Nacional de la Propiedad Industrial).

El artículo 3 impide registrar marcas idénticas o similares a otras ya registradas o solicitadas para los mismos productos o servicios. Cuando hay conflicto, el INPI —que desde la reforma de la Ley 27.444, de 2018, resuelve las oposiciones en sede administrativa— y la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal hacen un cotejo marcario con reglas bastante asentadas:

  • Las marcas se comparan en su conjunto, tal como las recordaría un consumidor común, sin desarmarlas pieza por pieza.
  • Pesan más las semejanzas que las diferencias.
  • Alcanza con que el parecido aparezca en uno de los tres planos —gráfico, fonético o conceptual— para impedir la convivencia.

Aplicado al caso: en lo gráfico, dos animales de dibujito que miran hacia el mismo lado; en lo fonético, “Mickey’s” y “Buc-ee’s” comparten la terminación; en lo conceptual, un alce y un castor son animales distintos. Daría para una buena discusión. A favor de los demandados jugaría otra línea de la jurisprudencia: cuando dos signos conviven durante años en el mismo mercado sin que se registren confusiones, los jueces han aplicado un criterio más flexible, porque detrás de una marca usada hay una clientela formada que también merece tutela. Las marcas notoriamente conocidas, en cambio, cuentan con una protección especial por el Convenio de París (art. 6 bis), del que la Argentina es parte.

Nuestra ley también tiene una vía penal: el artículo 31 castiga con prisión de tres meses a dos años, y multa, a quien falsifique o imite fraudulentamente una marca registrada, o la use o comercialice. La palabra clave es fraudulentamente: para el delito no basta un parecido; hace falta la intención de engañar. En la vía civil, el titular puede pedir medidas como el embargo o el secuestro de los objetos en infracción (art. 38), y tiene tres años desde la infracción, o uno desde que la conoció, para reclamar (art. 36).

¿Y la contrademanda por litigio malicioso? También tiene su espejo local. El Código Civil y Comercial no ampara el ejercicio abusivo de los derechos (art. 10), y el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación permite multar a quien litiga con temeridad o malicia (art. 45). Tener una marca registrada no es un cheque en blanco para perseguir a cualquiera que dibuje un animalito.

Lo que tenés que saber si tenés un negocio

  • Antes de elegir nombre o logo, buscá antecedentes en el INPI. Cuesta mucho menos que un juicio.
  • Registrá tu marca. En la Argentina, sin registro no hay exclusividad. Registrá también el logo, no solo el nombre, y en las clases de productos o servicios que de verdad usás.
  • Cuidado con el “homenaje”. Lo que a vos te parece un guiño simpático a una marca famosa puede leerse como aprovechamiento de la fama ajena. Born United lo pagó 850.000 dólares.
  • Si te llega una intimación, no la ignores. Buc-ee’s dice que intentó contactar dos veces al minimercado antes de demandar. Una respuesta a tiempo, con asesoramiento, puede abrir una negociación.
  • Convivir es posible. Muchas disputas terminan en acuerdos de coexistencia que delimitan rubros, colores o zonas.
  • Si sos el grande: defender tu marca es legítimo, pero el abuso del derecho tiene consecuencias, legales y de reputación. Que lo diga el castor después del segmento de John Oliver.

Moraleja

Un alce no es un castor, y eso lo sabe cualquiera. Pero en el derecho marcario la pregunta no es qué animal es, sino qué recuerda el consumidor apurado que frena en la ruta a cargar nafta. En esa distancia entre lo que algo es y lo que parece se juegan millones de dólares en los tribunales.


Fuentes

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