Las plataformas online como Twitter o Facebook y el derecho a la libre expresión

Un gran debate y mucha tela para cortar. Las atribuciones que se han tomado las redes sociales para controlar contenido y perfiles, como lo hicieron con Donald Trump, plantea preguntas sobre el derecho a expresarse y la propia concepción de democracia

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Decir que Facebook, Twitter o cualquier plataforma es operada por una empresa privada y por ende hacen lo que quieren es una mirada parcial que deja mucho que desear.

Estas empresas están sujetas a regulaciones. Por ejemplo, el propietario de un bar no puede excluir a quien quiera solo con el argumento de la propiedad privada.

Además, estas plataformas manejan y lucran con un especial tipo de bien (o ¿Mercancía?) que son las palabras. Es el discurso, es la libre expresión y la libertad de prensa. Se trata, como lo ha llamado la Corte, de una libertad “preferida”. De dar y recibir información, por ser un instrumento de muchas otras libertades.

La suspensión de las cuentas de Twitter o Facebook de Donald Trump, el ahora expresidente de los Estados Unidos de América, llama al debate acerca de algunas preguntas clave en torno a dichas libertades. Porque no solo tiene que ver con él, sino con la misma concepción de democracia.

Esta afirmación se debe a que el derecho a la libre expresión es clave para una república democrática. El de expresar opiniones libremente y no ser censurado en forma previa. En Estados Unidos la Primera Enmienda es sustancialmente similar.

En contra de regulaciones que lo limiten, el Congreso no puede dictar leyes que restrinjan la libertad de imprenta. Claro, ¿Una imprenta en tiempos de Internet? La tecnología cambia, pero las reglas y principios siguen iguales.

Por otro lado, hay discursos que están protegidos y discursos que no lo están. Incitar a cometer delitos, por ejemplo, no tiene protección. En cambio, los discursos de interés público tienen mayor protección que los de índole comercial. En principio es constitucional incluir una advertencia en la publicidad de cigarrillos o alcohol.

No estoy hablando de impunidad. No es lícito injuriar ni calumniar, ni compartir materiales que violen derechos de terceros, como de propiedad intelectual. Es delito compartir material de abuso sexual infantil. No se puede discriminar ni incitar al odio contra un grupo étnico. No se puede amenazar, ni siquiera por Twitter.

¿Entonces? ¿Qué rol le cabe a las plataformas como Twitter o Facebook? ¿Cuándo se puede silenciar o acallar un discurso de odio o que incite a la violencia?

La neutralidad de las plataformas y la Sección 230 sobre las empresas de Internet

Un primer debate es si las plataformas son neutrales y solo proveen las herramientas. O si, por el contrario, se han convertido en editores. Paradójicamente, una reciente regulación del Poder Ejecutivo estadounidense corría la balanza hacia lo segundo. Si editan mal, pueden perder la protección que les da la Sección 230 de ese país.

La ley del Congreso de los Estados Unidos promueve la libertad de las comunicaciones y exime de responsabilidad civil a las empresas proveedoras del servicio de albergar contenido de terceros. La ley dispone lo siguiente en torno a las plataformas como Twitter, Facebook y otros que albergan contenido de terceros:

(c) Protección para el bloqueo y filtrado de material ofensivo por parte del “buen samaritano”

(1) Trato del editor u orador

Ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o locutor de cualquier información proporcionada por otro proveedor de contenido de información.

Es decir, no son editores quienes expresan el discurso, sino los usuarios. Quien postee en Twitter o Facebook es responsable, no Twitter ni Facebook, ni Instagram, o el medio que sea.

(2) Responsabilidad civil

Ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será responsable por:

(A) cualquier acción tomada voluntariamente de buena fe para restringir el acceso o la disponibilidad de material que el proveedor o usuario considere obsceno, lascivo, lascivo, sucio, excesivamente violento, acosador o de otra manera objetable, ya sea que dicho material sea constitucionalmente o no. protegido; o

(B) cualquier acción tomada para habilitar o poner a disposición de los proveedores de contenido de información u otros los medios técnicos para restringir el acceso al material descrito en el párrafo (1). [1]

Lógicamente, tienen el deber de restringir ciertos materiales, y no hay responsabilidad civil por hacer esto. Alcanza con leer los términos y condiciones que todos aceptamos al usar las plataformas.

 

Excepciones a la Sección 230 – cuándo hay responsabilidad civil de las plataformas como Twitter o Facebook

Las plataformas no tienen responsabilidad por la remoción o moderación de material de terceros que consideren obsceno u ofensivo, incluso de discurso protegido constitucionalmente siempre que se haga de buena fe. Entonces, ¿tendrían responsabilidad por remover el resto de los posteos? No sé si tanto.

La Sección 230 (o artículo o Sección §230) se desarrolló en respuesta a las demandas contra proveedores de servicios de Internet (ISP) a principios de la década de 1990.

Desde entonces hay (o había)  diferentes interpretaciones sobre si los proveedores de servicios de Internet deberían ser tratados como editores o distribuidores de contenido creado por sus usuarios.

Retomando la pregunta inicial, la cuestión es si las plataformas fuesen equiparables a medios como si fuesen un diario, o si solo proveen la tecnología para quien quiera publicar su propio diario.

Finalmente salió la regulación que los equiparaba a quien solo provee la tecnología, pero en los últimos años la balanza se fue corriendo.

En forma reciente, las protecciones de la Sección 230 se han sometido a un mayor escrutinio en cuestiones relacionadas con el discurso de odio y la forma en que seleccionan qué contenido mostrar, el algoritmo. En cierto modo, también actúan como editores.

La orden ejecutiva de Trump para editar contenidos

Hace unos meses y en el marco de una disputa con Twitter, el entonces presidente Trump dictó la “Orden ejecutiva sobre la prevención de la censura en línea” (EO 13925), una suerte de decreto que pretende reglamentar la Sección 230 de la ley.

Antes de firmar el decreto, Trump declaró en una conferencia de prensa: “Un pequeño puñado de los monopolios de los medios controlan una gran parte de todas las comunicaciones públicas y privadas en los Estados Unidos. Han tenido un poder ilimitado para censurar, restringir, editar, dar forma, ocultar, alterar, virtualmente cualquier forma de comunicación entre ciudadanos privados y grandes audiencias públicas”.

La orden ejecutiva establece que las empresas de medios que editan contenido además de restringir publicaciones violentas, obscenas o acosadoras (como se describe en la cláusula “Buen Samaritano” §230,c citada), están “involucradas en conducta editorial” y pueden perder cualquier protección de puerto seguro otorgada en la Sección §230. Es decir, pasarán a tener responsabilidad en la medida en que actúen como medio. (fuente).

 

Los tuits de Trump en el marco de la toma del Capitolio estadounidense

“Como resultado de la situación violenta sin precedentes y en curso en Washington, D.C., hemos requerido la remoción de tres tweets que se publicaron hoy por infracciones graves y repetidas de nuestra política de integridad cívica”, expresó Twitter al referirse al borrado de los tuits de Donald Trump.

También le suspendieron la cuenta, hasta que finalmente lo bloquearon. Facebook, Instagram y otras redes hicieron lo propio. Luego, cuando Trump abrió una cuenta en Parler, Google retiró  la aplicación del Apple Store porque, según argumentó, no tenía una política de moderación adecuada.

En suma, borraron a Trump del mapa de las redes sociales, y el contenido de sus tuits. Así como otros mensajes en Facebook y demás publicaciones que hizo.

Y el silencio va a prevalecer. Facebook, a través de una junta propia de la empresa, decidió a inicios de junio que el expresidente no tendrá acceso a la plataforma al menos hasta enero de 2023.

 

Cuáles fueron los tweets de Trump

“Estas son las cosas y eventos que suceden cuando una victoria electoral sagrada y aplastante es despojada de manera tan brutal y sin ceremonias de los grandes patriotas que han sido maltratados y abordados de manera injusta durante tanto tiempo”, tuiteó.

“Vayan a casa con amor y en paz. ¡Recuerden este día para siempre!”. Según Twitter, se habían violado los términos y condiciones.

Trump también publicó un video en el que repitió sus afirmaciones de supuesto fraude electoral. En el video decía que la elección había sido robada. “Horas más tarde, mientras la violencia aumentaba dentro y fuera del Capitolio de los Estados Unidos, apareció en video y repitió la afirmación falsa”, expresó BBC.

En otros tuits hay un llamado a la paz y a respetar las indicaciones de las fuerzas de seguridad del Capitolio, el Congreso de los Estados Unidos de América. Y mantenerse pacíficos.

 

 

(fuente)

Para algunos medios, esos tuits exacerbaron la violencia. Por ejemplo, el diario The New York Times escribió: “En lo que podría interpretarse como un intento de echar leña al fuego sobre la turba del Capitolio que ha comenzado a dispersarse, el presidente Trump envió un tuit alrededor de las 6 p.m. en la que reiteró la falsa afirmación de que la elección fue robada y alentó a sus seguidores a recordar este día” (la negrita es propia).

Previamente Twitter, Facebook y otras plataformas afirmaban que las publicaciones eran de interés público y que debían prevalecer frente al supuesto discurso violento o de odio.

Estas alegaron tomar medidas contra la desinformación política en los meses previos a las elecciones. Por eso, en lugar de eliminar los mensajes de Trump, comenzaron a etiquetarlos.

Términos y condiciones de Twitter sobre la incitación a la violencia

Esto dicen los términos de Twitter sobre la incitación o glorificación de la violencia. Los reproduzco textual, la traducción es propia:

“No se puede amenazar con violencia contra un individuo o un grupo de personas. También prohibimos la incitación de la violencia.

La incitación de actos violentos podría inspirar a otros a participar en actos de violencia similares. Además, glorificar (o incitar) los eventos violentos en los que las personas fueron atacadas sobre la base de sus características protegidas (que incluyen: raza, etnia, origen nacional, orientación sexual, género, identidad de género, afiliación religiosa, edad, discapacidad o enfermedad grave) podría incitar o conducir a más violencia motivada por el odio y la intolerancia.

Por estas razones, tenemos una política contra el contenido que glorifica los actos de violencia de una manera que puede inspirar a otros a replicar esos actos violentos y causar daños reales fuera de línea, o eventos en los que los miembros de un grupo protegido fueron los principales objetivos o víctimas.

Definimos “glorificación” o “incitación” para incluir manifestaciones de elogio, celebración o aprobación, como “Me alegro que esto haya sucedido”, “Esta persona es mi héroe”, “Me gustaría que más personas hicieran cosas como esta” o “Espero que esto inspire a otros”.

Las violaciones de esta política incluyen, entre otras, glorificar, elogiar, tolerar o celebrar:

-actos violentos cometidos por civiles que resultaron en muerte o lesiones físicas graves, por ejemplo, asesinatos, tiroteos masivos;
-ataques llevados a cabo por organizaciones terroristas o grupos extremistas violentos (según lo define nuestra política de terrorismo y extremismo violento); y
-eventos violentos que tuvieron como objetivo grupos protegidos, por ejemplo, el Holocausto, el genocidio de Ruanda.

Según Twitter, los tuits de Trump implicaron incitar a la violencia

“Dejamos en claro hace años que estas cuentas no están completamente por encima de nuestras reglas y no pueden usar Twitter para incitar a la violencia, entre otras cosas. Seguiremos siendo transparentes en torno a nuestras políticas y su aplicación”, explicó Twitter. Y agrega:

“El 8 de enero de 2021, el presidente Donald J. Trump tuiteó:

‘Los 75.000.000 de grandes patriotas estadounidenses que votaron por mí, AMERICA FIRST, y HACEN QUE AMÉRICA SEA GRANDE OTRA VEZ, tendrán una VOZ GIGANTE en el futuro. ¡¡¡No serán irrespetados ni tratados injustamente de ninguna forma o forma !!!’

Poco después, el presidente tuiteó:

‘A todos los que me han preguntado, no iré a la Inauguración el 20 de enero’.

Twitter, luego, hizo su propio análisis: “Debido a las tensiones en curso en los Estados Unidos y al auge en la conversación pública con respecto a las personas que irrumpieron violentamente en el Capitolio el 6 de enero de 2021, estos dos tweets deben leerse en el contexto de eventos más amplios en el país”.

Twitter luego hace referencia a “las formas en las que las declaraciones del presidente pueden ser interpretadas por diferentes públicos, incluso para incitar a la violencia, así como en el contexto del patrón de comportamiento de este relato en las últimas semanas”. Y concluye:

“Después de evaluar el lenguaje de estos tweets en relación con nuestra política de Incitación a la violencia, hemos determinado que estos tweets infringen la Política. El usuario @realDonaldTrump debe ser suspendido de forma inmediata y permanente del servicio”.

La plataforma aseguró haber evaluado los tuits y concluyó en la suspensión o bloqueo permanente. A juicio de la empresa, ello tiene como objetivo prevenir la glorificación de la violencia que podría inspirar a otros a replicar actos violentos.

Esta determinación se basa en una serie de factores, según Twitter, que incluyen:

“-La declaración del presidente Trump de que no asistirá a la toma de posesión está siendo recibida por varios de sus partidarios como una confirmación más de que la elección no fue legítima y se ve como él desautoriza su afirmación anterior hecha a través de dos tweets por el jefe de personal, Dan Scavino, quien dijo que habría una “transición ordenada” el 20 de enero.

-El segundo tweet también puede servir como estímulo para aquellos que potencialmente estén considerando actos violentos de que la Inauguración sería un objetivo “seguro”, ya que él no asistirá.

-El uso de las palabras “patriotas estadounidenses” para describir a algunos de sus partidarios también se interpreta como apoyo a quienes cometen actos violentos en el Capitolio de Estados Unidos.

-La mención de que sus seguidores tienen una “VOZ GIGANTE en el futuro” y que “¡¡¡No serán irrespetados ni tratados injustamente de ninguna manera, forma o forma !!!” se interpreta como una indicación más de que el presidente Trump no planea facilitar una “transición ordenada” y, en cambio, planea continuar apoyando, empoderando y protegiendo a quienes creen que ganó las elecciones.

-Los planes para futuras protestas armadas que han comenzado a proliferar dentro y fuera de Twitter (…)” (fuente)

 

Fuera de Twitter o Facebook, y del algoritmo de Youtube

YouTube expresó que no toleraría los llamados a la violencia en sus sitios. La empresa eliminó múltiples transmisiones en vivo que mostraban a los participantes irrumpiendo en el edificio del Capitolio, portando armas de fuego.

También dijo que mostraría solo las fuentes de noticias autorizadas en su página de inicio, resultados de búsqueda y recomendaciones. Es decir, modificaría el algoritmo según sus preferencias y su percepción de la realidad.

Facebook expresó que había intensificado la moderación de los comentarios de Trump porque la situación era “una emergencia”, publicó The New York Times, ¿Una suerte de decreto de necesidad y urgencia? Por su parte, Twitter ya tenía en vigor una política de integridad que habilitó el etiquetado de tweets de Trump.

Etiquetaremos o eliminaremos información falsa o engañosa que tenga la intención de socavar la confianza del público en una elección u otro proceso cívico. Se incluyen, entre otros, los siguientes casos:

Afirmaciones objetadas que podrían socavar la fe en el proceso en sí, como información no verificada sobre fraude electoral, manipulación de papeletas, recuento de votos o certificación de resultados electorales; y
afirmaciones engañosas sobre los efectos o el resultado de un proceso cívico que insten o puedan llevar a una interferencia respecto de la implementación de los resultados del proceso.

Por ejemplo, adjudicarse la victoria antes de que se certifiquen los resultados de las elecciones, incitar a una conducta ilegal para evitar la implementación procedimental o práctica de los resultados de las elecciones (ten en cuenta que nuestra política de amenazas violentas también puede aplicarse a las amenazas que no están cubiertas por esta política).” (fuente).

 

Ponderación de riesgos e igualdad en la aplicación de las normas

“Los casos de alto riesgo como estos, generalmente se reducen a decisiones instintivas tomadas bajo una coacción extrema. En este caso, Dorsey y Zuckerberg consideraron la evidencia, consultaron a sus equipos, sopesaron las compensaciones y los riesgos de la inacción, incluida la amenaza de una revuelta de trabajadores que podría dañar su capacidad para atraer a los mejores talentos, y decidieron que había visto suficiente”.

Eso escribió Kevin Roose, en The New York Times. Es decir, consideraron el acceso a la información, la diversidad de opiniones, pero tras un balance costo – beneficio entendieron que era mejor bloquear a Trump.

En definitiva, son una empresa privada que vela por sus intereses. Pero una empresa privada sujeta a leyes, en este caso las de Estados Unidos, la citada Sección 230, las normas constitucionales sobre libre expresión o free speech.

No son el Estado, se podría argumentar. Pero a su vez no deberían discriminar según ideología política y debería tratar a todos más o menos igual. Algunos usuarios hicieron referencia a que hay tuits “peores” o más violentos que nunca parecen haber visto, ni moderado.

Esto plantea una cuestión con relación al principio de igualdad. ¿Pero las plataformas podrían contra argumentar que el peso de Trump, por su alcance, requiere un examen más estricto o al menos estar atentos?

Desde el lado de Twitter, se podría argumentar que su contribución para frenar la escalada de violencia fue cortar sus medios de comunicación. Vías por las cuales fluye la información de parte de quien consideran ser su “líder”. En esta nota puede verse un poco del detrás de escena de esos grupos que tomaron el Capitolio.

 

 

Discurso de odio e incitación a la violencia

Para algunos, Twitter actuó en forma correcta. Es cierto que es una empresa privada, que está regida por la ley y que impone a sus usuarios acatar algunos términos y condiciones (de hecho se actualizaron hace poco).

Si se violaron o no esos términos es un debate en sí. Para algunos hubo necesidad de suspender la cuenta por incitar a la violencia. Para otros, las plataformas no son responsables de la misma manera que una editorial no está obligada a editar un libro de nadie.

Jonathan Greenblatt, director de la Liga Anti-Difamación aseguró que “la libertad de expresión no es la libertad de incitar a la violencia. Eso no es un discurso protegido”. Agregó que lo que sucedía en el Capitolio fue el resultado directo “del miedo y la desinformación que se ha arrojado constantemente desde la Oficina Oval”.

“El presidente Trump tiene la responsabilidad de pedir el fin de esta violencia y malestar que ha sembrado. Su campaña de desinformación es un peligro claro y presente para nuestra democracia”, posteó esa entidad.

Pero el debate está vigente. Algunos piden que las reglas sean abiertas, y que haya un comité que no sea particular de cada empresa, sino estatal, quien determine cuándo es un discurso de odio. Veremos eso en el siguiente título. Otros usuarios reclamaron que esta era una decisión postergada hace rato:

 

Cuándo, cómo, y quién decide qué es discurso de odio e incitación a la violencia, o información falsa

El punto no es solo la ley, las políticas de uso o los términos y condiciones, sino la posible arbitrariedad en su aplicación. Así sea un algoritmo, una persona lo programó, si es que fuese “automático”.

“Una parte sustantiva de la convivencia democrática, que es la regulación de la discusión pública, tiene a las grandes plataformas digitales como árbitros. Sus reglas corporativas, inestables y opacas. O sea que algo no está funcionando según los principios democráticos”, expresó Martín Becerra.

Puede haber casos más o menos claros por el tipo de contenido. Sin que implique limitación, desnudez (si la plataforma no la acepta), datos personales de terceros (por ejemplo información sensible y bancaria), aspectos que requieran una verificación cuasi automática. Aún así, con los desnudos, hubo polémica en Facebook por una madre amamantando (no trataré ese tema aquí).

Los factores a considerar pueden ser varios. Si alguien dijese “las personas de tal o cual procedencia son vagas” seguramente sea discriminación. Pero no hay incitación a la violencia. Si alguien dijese “hay que golpear a tal o cual grupo” ya sería incitación a la violencia. La corte norteamericana tiene jurisprudencia sobre el tema.

En sentido menos proclive a la regulación se opinó lo siguiente: “Estoy más tirado a estar en contra de que las redes puedan hacer esto, más cuando es con funcionarios en ejercicio… Si permitimos que exista quien pueda determinar quién es un boludo y que no pueda hablar, un día los boludos seremos nosotros”, tuiteó Maximiliano Firtman.

 

¿Qué es censura?

“En un sentido amplio, se considera como supresión de material de comunicación que puede ser considerado ofensivo, dañino, inconveniente o innecesario para el gobierno o los medios de comunicación, según lo determinado por un censor”, tuiteó Guido Rosetti.

Es cierto, se podría contra argumentar, que nadie le impide al presidente decir lo que piensa. “Solo que hay canales oficiales para hacerlo. Cosa que muchos evitan para no tener que dar explicaciones”, explicó El Fantasma de Nino, un tuitero que usa ese seudónimo. Para Twitter, lógicamente, no se trata de censura, sino de acatar los términos y condiciones.

¿Hay alguna ley que a su vez regule los términos y condiciones? ¿Tiene una empresa mayores facultades que la primera enmienda para limitar la libre expresión? (si es que este fuese el caso).

El punto crucial son los estándares para establecer los criterios a la hora de borrar un material que incite a la violencia o bien sea un discurso de odio.

 

El borrado del posteo de Facebook o del tuit

Un problema de borrar a Trump es su inexistencia como documento histórico. ¿Acaso no hay un interés en saber qué dijo en su momento?

Twitter también había ocultado uno (sino varios) tuit(s) de Trump porque lo acusó de desinformar sobre el coronavirus. Facebook directamente lo evaporó.

Trump había tuiteado “Se viene la temporada de la gripe. Mucha gente muere de gripe cada año a pesar de la vacuna, 100 mil muertes a veces. ¿Vamos a cerrar el país? No, hemos aprendido a vivir con eso, igual que aprenderemos a vivir con el coronavirus (…), menos letal”.

Más allá de la verdad o falsedad del enunciado, esto plantea un debate en torno de la libre expresión. La idea de este principio es permitir el más amplio debate en temas públicos, pero como se dijo, no significa impunidad.

Asumamos que el mensaje Trump es falso o incita a la violencia, como determinó Twitter. ¿Hay un interés público en conocer lo que dice o dijo el presidente de un país?

Sin dudas, como lo expresé oportunamente, un tuit no exime de responsabilidades como cualquier discurso, por incitación a la violencia, por calumnias o por injurias, o por discriminación, por ejemplo. El punto es el remedio legal, si el borrado también corresponde, si la evaporación es la vía.

Por otro lado, también hay un interés en limitar el discurso que discrimina o promueve el odio, el discurso xenófobo. Las plataformas podrían decir, “no quiero que uses mi herramienta para esos fines”.

El punto es quién lo juzga, el remedio. Y quién lo aplica. Uno de los problemas es ¿Cómo se construye un debate y se refuta lo no existente?

Además, ¿Quién decide cuando algo es falso o verdadero en torno de la información pública? ¿Es verdad que jamás “deja de existir” sino que se reproduce por otros canales como al final terminó pasando, y se reseña más abajo…? Es un gran debate que no pretendo responder, pero al menos sí plantear estas preguntas.

La igualdad y neutralidad criticada

Por ejemplo, los senadores Ted Cruz y Josh Hawley han acusado a las principales redes sociales de mostrar un sesgo en contra de las perspectivas conservadoras.

En un artículo de opinión, Cruz argumentó que el artículo 230 sólo debe aplicarse a los proveedores que son políticamente “neutrales”, lo que sugiere que un proveedor “debe ser considerado como un responsable ‘editor o altavoz de contenido del usuario si escoge y elige lo que se publica o se habla “.

Pero la sección 230 no contiene ningún requisito de que las decisiones de moderación sean neutrales. Sección 230 (fuente).

Algo no menor es el etiquetado de los tuits. En el discurso de Ted Cruz se expone esta visión, siempre es subjetivo, pero el etiquetado es un mal menor al lado de la suspensión de la cuenta o el borrado de un documento.

 

Más controles al discurso

“Lo que estamos viendo es parte de un proceso que comenzó pidiendo más controles, sobrestimando la presencia de desinformación y asumiendo que las redes tienen más efectos en la gente que los que la ciencia demostró”, expresó la profesora Adriana Amado a Derecho En Zapatillas.

“¿Qué pensaban que iba a pasar después de cinco años de poner una fenómeno marginal en el centro de la discusión pública? Por cada cuenta con mal comportamiento hay millones que usan las redes para conversar e informarse con más diversidad de la que nunca hubo. Pero terminan tomando decisiones para los energúmenos que viven en una burbuja que no es la regla de las redes”, expresa.

Por otro lado, Anne Applebaum, periodista en The Atlantic, expresó que el bloqueo o suspensión permanente de Twitter a Trump se da en un buen momento para empezar a preguntarnos por qué permitimos que las empresas de social media sean tan poderosas.

 

¿Qué pasó tras las decisiones de Twitter o Facebook?

El republicano perdió el acceso a sus principales canales de comunicación. Sin embargo, con la viralización de contenido ha logrado colar mensajes a través de colaboradores o entrevistas en medios tradicionales, que luego publican sus declaraciones Twitter o Facebook. Y el contenido circula, porque al final, no sale directamente desde su cuenta personal.

Lo que no podemos descartar, es que evidentemente hizo mella. Trump pasó de recibir 272.000 me gusta en redes a 36.000 me gusta en redes luego de la prohibición, según un estudio de The New York Times.

La organización sin fines de lucro Global Disinformation Index examinó el tipo de cuentas que compartían contenido de Trump luego de su cancelación en Twitter o Facebook.

Algo quedó claro: “los partidarios más fervientes de Trump continúan difundiendo su mensaje, haciendo el trabajo que él mismo no había podido hacer”.

Trump se ha convertido en una especie de líder digital en el exilio, aseguró a ese medio Emerson Brooking, miembro del Laboratorio de Investigación Forense Digital del Atlantic Council.

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