Novedades del derecho y las leyes argentinas para el ciudadano

Cumplir no es suficiente, hay que ser coherentes

Colabora: Martina Goldsztein
(www.ambientalymas.com)

Durante años, muchas empresas (y también personas) se refugiaron en una frase cómoda: “yo no contamino”.

 

Pero en tiempos donde el cambio climático, las crisis hídricas y la desigualdad social  nos  atraviesan  de  lleno,  esa  excusa  suena  vacía. Hoy sabemos que no alcanza con “no ensuciar” nuestro pedacito del mundo: hay que mirar la cadena completa, los vínculos, las manos invisibles que hacen posible lo que consumimos, producimos y vendemos.

 

Porque, seamos honestos, cuando elegimos con quién trabajar o a quién comprar, también elegimos qué prácticas estamos legitimando.

 

La ley ya lo dijo: la omisión también contamina. La Ley N° 27.401 de “Responsabilidad Penal Empresaria” cambió el juego en Argentina. Esta norma dice con todas las letras que una empresa puede ser penalmente responsable si no previene o controla los actos ilícitos de las personas que actúan en su nombre o beneficio. Y eso incluye a los proveedores, distribuidores y socios comerciales, si no hay mecanismos adecuados de control.

 

Además, el Código Civil y Comercial, por su parte, refuerza la idea del deber de   prevención   del   daño   (Articulos   1710   y   1711): nadie puede mirar hacia otro lado cuando tiene la posibilidad de evitar un perjuicio.

 

Así que no: no alcanza con decir “yo no sabía lo que hacía mi proveedor”; La ignorancia no es inocencia cuando el daño era previsible.

 

Cumplir no es suficiente, hay que ser coherentes (así como en los vínculos jaja). En este contexto, las certificaciones como ISO 14001 (Gestión Ambiental) o ISO 45001 (Seguridad y Salud Ocupacional) no son simples papeles para lucir en un informe de RSE. Son herramientas concretas para que las organizaciones midan, prevengan y mejoren su desempeño ambiental y laboral.

 

Exigir a nuestros aliados que adopten estos estándares no es ser exigente: es ser responsable. Y acompañarlos en ese camino, auditarlos, capacitarlos, y también aprender de ellos, es parte de la coherencia que el tiempo actual demanda.

Porque la sustentabilidad no se demuestra en un PowerPoint: se demuestra en la vida real, en el territorio, en cómo tratamos a las personas y al planeta.

 

Nuestra Constitución Nacional Argentina, en su artículo 41, garantiza el derecho a un ambiente sano. Y el artículo 75 inciso 22 eleva a jerarquía constitucional los tratados internacionales de derechos humanos, como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales o el Acuerdo de Escazú, que refuerza la transparencia y la participación ambiental. Estos  principios  no  son  adornos  legales:  son  compromisos  vivos. Por eso, una empresa que contrata a quien contamina o explota personas no es neutral: es cómplice. La cadena de valor también es una cadena de responsabilidad. Y en esa cadena, cada eslabón debe ser justo, digno y transparente.

 

Aunque, todavía hay empresas que creen que hacer compliance es llenar formularios. Pero el cumplimiento normativo no es una obligación administrativa: sería bueno pensarlo como una oportunidad ética. Es la posibilidad de construir organizaciones que cuiden, que pregunten, que se animen a revisar sus prácticas, aunque duela. Porque cuidar el ambiente también es cuidar a la gente. Porque proteger derechos humanos es, en definitiva, protegernos entre todos.

 

Entonces, este antiguo pensar del “yo no contamino” ya es obsoleto. El futuro (y también las leyes) nos exigen mirar más allá de nuestros límites y entender que todo está conectado. Cada decisión empresarial tiene un efecto. Y cada acto de responsabilidad, por más pequeño que parezca, puede generar un cambio enorme.

 

Y por supuesto que no! no se trata de culpas, sino de conciencia y acción. El desafío es construir un modelo económico que respete la vida, y una cultura empresarial que no solo evite sanciones, sino que honre derechos.   Porque   la   sostenibilidad   real   no   se   firma: se practica enseña y, se se contagia #PorUnMundoMejor.

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