Viajaba en micro. Terminó con un dedo amputado. Ahora lo indemnizan

Un pasajero de micro sufrió la amputación de un dedo por la butaca defectuosa. Qué dice la ley sobre el deber de seguridad y los daños en el transporte.

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Un hombre tomó el servicio de micro interurbano con destino a Cipolletti, Ró Negro. Viajaba cómodamente, pero al tomar el asiento, su respaldo se “fue solo hacia adelante, aprisionándole la mano derecha”.

Pegó un grito pero ya era tarde. Lamentablemente, sufrió la amputación de la primera falange del dedo meñique. Llamaron a la ambulancia de urgencia, y el pasajero debió someterse a una operación.

El hombre tuvo que cargar con todos los gastos médicos y de la intervención quirúrgica por el asiento defectuoso. Finalmente, a la víctima, de profesión albañil y de 60 años al momento del hecho, le quedaron secuelas de “movilidad reducida en la mano derecha en forma definitiva, lo que ha variado su vida laboral y de relación”.

La empresa de transporte no fue a la audiencia de mediación prejudicial obligatoria y por eso inició la demanda que dio origen al juicio civil por daños y perjuicios. En ese proceso, citó en garantía a su aseguradora para que responda conjuntamente hasta el límite de la póliza.

 

La responsabilidad civil de la empresa de transporte por daños al pasajero

En su sentencia, la jueza dijo que por ser “un contrato de transporte, se enmarca dentro de la Ley de Defensa del Consumidor, y por ende, se invierte la carga de la prueba”.

Señaló que la empresa ofreció como principal testigo al chofer de la unidad, pero luego desistió, quedando en pie el relato de los “testigos presenciales” que ubican al pasajero herido “en dicho colectivo, el día y hora denunciado por este” y que acreditan que “el asiento estaba suelto”.

Según el derecho argentino deben indemnizarse todos los daños y perjuicios que un pasajero sufra a consecuencia del obrar de la empresa de transporte.

La jueza aplicó el Código de Comercio que establece para la empresa la obligación principal de trasladar al pasajero hacia el destino acordado y en forma implícita la “obligación de seguridad, que consiste en el deber de proveer lo necesario para resguardar la integridad corporal de la otra parte y sus bienes”, publicó el excelente sitio de prensa del Poder Judicial rionegrino.

Ahora, la empresa y su seguro deberán indemnizado con más de 220.000 pesos por haber perdido parte de un dedo en un accidente ocurrido dentro de un colectivo del servicio interurbano de pasajeros. La jueza recordó que

“se impone una responsabilidad objetiva (…) en materia de transporte, ya que se busca inducir a las empresas a extremar las precauciones en cuanto a calidad, buen funcionamiento, capacitación, desempeño del personal y cabal cumplimiento de las leyes y reglamentos”.

Ello implica que la empresa, como únicas opciones para liberarse de la responsabilidad, debía demostrar que el daño respondió a la exclusiva culpa de la propia víctima o a un hecho fortuito o de fuerza mayor que no pudo prever y/o evitar. El dolo o la culpa son irrelevantes.

El “deber de seguridad obliga a los prestadores de servicios públicos a desempeñar conductas encaminadas al cuidado de lo más valioso: la vida y la salud de sus habitantes, ricos o pobres, poderosos o débiles, ancianos o adolescentes, expertos o profanos”, se afirmó en el fallo.

Para fijar la indemnización la jueza valoró la incapacidad laboral resultante, la edad y los ingresos del hombre al momento de la lesión, los gastos que debió afrontar y especialmente el daño moral padecido. También valoró “la actitud desaprensiva desplegada por los empleados” de la empresa al momento del accidente.

Así, definió una indemnización de unos 220.000 pesos, a los que deberán sumarse los intereses desde que ocurrió el daño, los que deberán ser depositados a la orden de la víctima. Como esto pasó en el año 2011, seguramente la liquidación supere el millón de pesos.

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