Contratos visuales

O cómo utilizar visualizaciones para hacer los contratos más efectivos y eficientes

0

Por Amelin Jabbur *

En líneas generales, cuando pensamos en un contrato, tenemos la imagen mental de un documento compuesto sólo por palabras, comúnmente extenso y bastante técnico.

Dependiendo de la complejidad de la relación que subyace al contrato, el mismo puede ser más o menos prolongado, pero no suele haber otras diferencias que nos permitan intuir quiénes son los usuarios del contrato y cuáles fines persigue el mismo.

Es más, si nos sinceraríamos, al analizar un contrato tradicional, deberíamos asumir que el mismo esta redactado teniendo, como usuarios, a los abogados y, como fin, el salir victorioso ante un posible conflicto.

Frente a esta situación, debemos preguntarnos ¿es este el mejor enfoque para redactar contratos? Este abordaje, ¿los hace más eficientes? ¿ayuda a que nuestros clientes cumplan sus objetivos y desarrollen relaciones de cooperación sanas con sus contrapartes?

Si creen, como muchas personas, que hay una forma mejor de redactar contratos, los invitamos a seguir leyendo y descubrir el concepto de contratos visuales.

¿Qué son los contratos visuales?

Los contratos visuales son acuerdos vinculantes compuestos o coadyuvados, en mayor o menor medida, por herramientas visuales. Estas visualizaciones pueden ser de lo más diversas. Sin embargo, y sólo para nombrar algunas, podemos enumerar tablas, imágenes, íconos, líneas de tiempo y diagramas.

Básicamente, es dable utilizar en estos contratos cualquier herramienta visual que se adapte a sus usuarios y su objeto, ayudando a que las partes comprendan mejor el contrato y, en consecuencia, desarrollen más eficientemente su relación contractual.

Los contratos visuales ¿son válidos?

En Argentina, la forma y el contenido de los contratos, salvo contadas excepciones, son regidos por los principios de autonomía de la voluntad contractual, libertad de contratación y libertad de formas.

Para ponernos más técnicos, es el artículo 958 del Código Civil y Comercial el que establece el principio de libertad de contratación, al disponer que “Las partes son libres de celebrar un contrato y determinar su contenido, dentro de los límites impuestos por la ley, el orden público, la moral y las buenas costumbres”.

Asimismo, el artículo 1015 del mismo cuerpo normativo establece el principio de libertad de formas, disponiendo que “Sólo son formales los contratos a los cuales la ley les impone una forma determinada”.

De este sucinto análisis surge que, en casi todos los contratos que se firman en nuestro país, las partes pueden elegir su forma y su contenido. En ese sentido, ¿por qué no se podrían incorporar herramientas visuales a dichos contratos? O, atreviéndonos a ir un poco más allá, ¿por qué no podríamos diseñar contratos enteramente visuales?

No obstante, debemos remarcar que podría surgir un problema al utilizar visualizaciones en nuestros contratos, consistente en la posible contradicción entre las mismas y el texto contractual.

Sin embargo, este eventual problema de discordancia entre el texto del contrato y las herramientas visuales utilizadas en el mismo es de fácil resolución, dado que podríamos incorporar una cláusula contractual que otorgue prioridad al texto contractual y/o a las visualizaciones empleadas en el mismo, según mejor se considere una u otra opción en el caso concreto.

¿Es suficiente con agregar imágenes a nuestros contratos tradicionales?

Imaginen que tomamos un contrato tradicional (por ejemplo, un contrato de transporte) e intentamos, sin ninguna reflexión adicional, agregarle imágenes.

Más allá de que probablemente sea un paso importante hacia la modernización del contrato en cuestión (y hacia la exaltación de nuestro ego de “abogados tecnológicos”), lo más seguro es que no se cumplirá con el objetivo real de un contrato visual: adaptar el instrumento a sus usuarios y a la relación comercial que subyace al mismo.

Sucede que, en realidad, esta aventura de crear contratos visuales consiste, en primer lugar, en volver a pensar estos acuerdos poniendo en el centro de su diseño al usuario de estos y su voluntad contractual.

Para ello, debemos comenzar por plantearnos algunos interrogantes esenciales: ¿Quiénes son los destinatarios principales del contrato? ¿Qué buscan lograr las partes al firmar el contrato? ¿Cómo se puede lograr que la relación entre las partes sea de cooperación?

Sin hacernos estas (y otras) preguntas previas, poco impacto tendrá el hacer nuestros contractos más atractivos y modernos al agregarles gráficos, imágenes o íconos, pues no habremos solucionado el problema de fondo, que es la falta de foco que ponen los abogados en las partes contractuales y sus objetivos al redactar contratos.

En consecuencia, sin reflexionar sobre esta carencia principal, no habremos logrado que el contrato pase a ser por y para las partes y sus objetivos contractuales, dejando de ser por y para el mercado jurídico. Como verán, se trata de un cambio de paradigma, no sólo de embellecer nuestros contratos.

¿Cómo rediseñar nuestros contratos?

Una vez que hayamos logrado el cambio de mentalidad al cual nos referimos en el punto anterior, podremos pasar a considerar a los contratos visuales o a las ayudas visuales para contratos como una posible respuesta a la pregunta sobre cómo lograr que los contratos sean más efectivos y eficientes.

La próxima vez que un contrato llegue a nuestras manos, deberíamos comenzar por los planteos básicos esbozados en el apartado previo. Una regla que personalmente me gusta recomendar es empezar la redacción contractual por responder a las cinco preguntas básicas del periodismo: “qué”, “quién”, “cuándo”, “dónde” y “por qué”.

El paso siguiente, una vez que hayamos entendido la esencia del contrato que tenemos entre manos, sería responder a la sexta pregunta básica del periodismo: “cómo”. En este punto, habríamos de dirimir si conviene o no realizar un contrato visual o incluir ayudas visuales en el mismo. Ello dependerá de la naturaleza del contrato, de los usuarios de este y del objetivo que se pretende alcanzar con su firma.

Si hemos determinado que será una buena decisión realizar un contrato visual o incluir ayudas visuales en el contrato, debemos continuar por decidir cuáles visualizaciones son las más apropiadas para el caso concreto: en este caso, ¿se debería aplicar un diagrama de flujo o una línea de tiempo? ¿las partes entenderán mejor la información en una tabla o en un cuadro sinóptico? ¿en cuáles cláusulas contractuales suelen existir problemas de interpretación?

Incluso cuando de este análisis surja que, en la situación concreta, no conviene utilizar herramientas visuales, es indudable que realizar este ejercicio de observación mejorará la redacción del contrato, haciéndolo más susceptible de lograr de manera eficiente la finalidad buscada por las partes.

Algunos casos de éxito

Alrededor del mundo, ya existen varios casos de éxito en el empleo de contratos visuales. En particular, los ejemplos que presentamos abajo demuestran lo importante que resulta conocer al usuario del contrato y sus objetivos al momento de diseñar el mismo.

Robert de Rooy es un abogado de Sudáfrica y fundador de Comic Contracts®. En el año 2016, de Rooy empezó a dar forma a su idea de implementar un contrato-historieta para plasmar las relaciones laborales entre la empresa Indigo Fruit Growers y sus recolectores de mandarinas Clemengold™.

Esencialmente, un contrato-historieta es un acuerdo vinculante que utiliza visualizaciones para mejorar la comprensión de sus cláusulas contractuales: las partes están representadas por personajes y las ilustraciones se utilizan para explicar los términos y condiciones del contrato.

Según explica de Rooy, un contrato-historieta “se basa en el hecho de que las imágenes son más fáciles de entender y recordar. El propósito de un contrato-historieta es empoderar a las partes para que se comprendan, comprendan lo que esperan el uno del otro y a qué se comprometen”.

Un ejemplo similar es el Aurecon, una empresa de asesoramiento en ingeniería e infraestructura que, en el año 2018 y en asociación con la profesora de Derecho Camilla Andersen de la University of Western Australia, se convirtió en la primera empresa en Australia en utilizar un contrato de trabajo visual.

En este contrato laboral, Aurecon y sus empleados están representados por personajes, sin jerga legal y en un formato similar al de una historieta.

En estos casos, los contratos visuales están diseñados para atender las necesidades de partes contractuales vulnerables: empleados que no pueden leer bien o que tienen dificultades para entender el idioma en el que está escrito el contrato. Estos acuerdos visuales buscan balancear la relación de poder empleador-empleado, con el objetivo de generar una relación laboral equitativa, duradera y positiva.

Por otro lado, los contratos visuales pueden ser utilizados en Derecho Comercial para mejorar la relación entre sus partes, logrando vínculos de cooperación duraderos y no conflictivos. Además, los acuerdos visuales resultan ser una buena carta de presentación para aquellas compañías que quieren demostrar su compromiso con la innovación.

En esta sintonía, el equipo de Visual Contracts, junto con su integrante y diseñadora legal Astrid Kohlmeier, rediseñó y creó, en conjunto con AIRBUS Defence and Space, un acuerdo de confidencialidad fácil de utilizar para la colaboración en proyectos innovadores con startups.

Además de lograr un acuerdo de confidencialidad totalmente disruptivo, el equipo de Visual Contracts llegó a una conclusión muy interesante al realizar este proyecto: “Los contratos son una forma de comunicarse con los socios comerciales. Los acuerdos de confidencialidad claros respaldan una asociación confiable desde el principio”.

Finalmente, nos gustaría comentar la colaboración entre Shell y IACCM (la International Association for Contract and Commercial Management, ahora llamada World Commerce & Contracting) en el diseño de contratos visuales para reemplazar los tradicionales términos y condiciones generales utilizados en su división Marine Lubricants.

Por este proyecto, en el año 2016, Shell ganó el Premio a la Innovación en Dirección Estratégica otorgado por IACCCM. Además, los términos y condiciones generales visuales resultantes del mismo se han utilizado en más de 150 negociaciones contractuales.

 

Conclusión

Hoy en día, la redacción legal de contratos adolece de una visión centrada en el usuario y sus objetivos.

Si bien la construcción de contratos visuales o el uso de herramientas visuales en contratos son una gran herramienta para volver los acuerdos mas asequibles a las partes, es necesario comenzar por cambiar el paradigma mental que se tiene al abordar la redacción de un contrato.

Es imperioso que se deje de pensar en la industria legal al momento de la redacción contractual y se comience a pensar, en cambio, en los principales usuarios de estos y en el objetivo que persiguen al firmar el acuerdo en cuestión.

Los invitamos a que, la próxima vez que tengan que iniciar la tarea de redactar o revisar un contrato, se planteen los seis interrogantes básicos del periodismo mencionados previamente: “qué”, “quién”, “cuándo”, “dónde”, “por qué” y “cómo”.

Cuando la respuesta a “cómo” sea: diseñando un contrato visual o utilizando herramientas visuales; los animamos a pensar detenidamente en los usuarios contractuales para decidir cuáles son las mejores herramientas para el caso concreto.

¡Les deseamos éxito en esta nueva aventura de volver los contratos más efectivos y eficientes a través del uso de herramientas visuales!


Redactado por Amelin Jabbur, Corporate and Tech Lawyer. Especialista en M&A por el Instituto Superior de Derecho y Economía de Madrid. Alumna del Posgrado en Inteligencia Artificial y Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Co-Fundadora de la Alianza Latinoamericana para la Innovación Legal (ALIL) y de la Asociación Legaltech Argentina (ALTA). Actualmente, in-house en Huawei Argentina.

Epígrafes de las imágenes:

 

1 – Fragmento del contrato-historieta creado por de Rooy para Indigo Fruit Growers.

2 -Video de lanzamiento del contrato de trabajo visual de Aurecon.

3 – Acuerdo de confidencialidad visual creado en conjunto por Visual Contracts y AIRBUS.

4 – Ejemplo de rediseño de una de las cláusulas contractuales de Shell, a través de la colaboración con IACCM.

Deja una respuesta

Enviar comentarios sobre la nota. Su dirección de correo electrónico no será publicada. Esta sección no es para realizar consultas ni asesoramiento legal, que debe procurarse abogado/a.