Novedades del derecho y las leyes argentinas para el ciudadano

La Internet del Valor (Web3) y los Abogados

El mundo está abierto a vos. Estás entrando a un punto donde elementos del viejo orden están colapsando, pero también estamos en un momento donde no sabemos bien cómo va a ser el mundo: es tu oportunidad y responsabilidad ser parte de tratar de entender la solución y construirla”.

Por Sebastián Heredia Querro *

La frase es de Vitalik Buterin, co-fundador de Ethereum, recientemente de visita por  Argentina.
Vitalik Buterin tenía tres años cuando un Abogado y programador –interesantísima mezcla de saberes, por cierto– llamado Nick Szabo publicó este https://firstmonday.org/ojs/index.php/fm/article/view/548  y  otros papers muy futuristas,  avizorando un futuro con contratos inteligentes,  smart contracts. Corría el año 1997 y ya se estaba gestando la primera burbuja dentro de la  Internet de la época, la primera etapa de la Internet  conocida como Web1, la Internet de los e-mails, de los buscadores cada vez más fáciles de usar, y de la jurídicamente interesante declaración de independencia del ciberespacio

 

Web1, Web2 y Web3: burbujas y revoluciones

La primera burbuja nativa de la Internet, la burbuja de las .com, estallaría en 2001 –demostrando una vez más la tendencia a cometer abusos bursátiles y a sobre-valorar las innovaciones o anteponer el cash antes de entender el valor de las cosas–, dando inicio a una segunda etapa evolutiva de la Internet, conocida como la Internet de las Plataformas, o  Web2. La Web2 nos trajo el auge de los Market places,  de las redes sociales, y también la generación  de muchos datos, gestionados y centralizados en muy pocas manos –servidores centralizados  donde se almacenan y tratan-. También, nuevamente, muchos abusos e injusticias.
Es notable que la Web2 post-crisis .com ha generado algunos Monarcas de  los Datos, como afirma Shermin Voshmgir en su magnífica  obra, Token Economy (también de lectura gratuita en este link https://github.com/Token-Economy-Book/SpanishTranslation/wiki)  y muchos, muchos datos; datos que en ocasiones han sido onerosa (y silenciosamente) cedidos a terceros, de manera poco ética y con importantes efectos políticos.
La siguiente y muy grave crisis que impactó  en la Internet, produciendo un salto evolutivo o una revolución –según quién opine– dio inicio a la Web3 (conocida como la Internet del Valor): fue una crisis promovida y gestada íntegramente fuera de la Internet, en 2007/09 –algunos, entre los que me incluyo, sostienen que se trató de  una crisis causada por la banca, tanto comercial como de inversión–, con  la participación necesaria de las calificadoras de riesgo: la crisis subprime.
Esta crisis hipotecaria, que fuera  injustamente amplificada y globalizada por la industria de los  derivados sintéticos y los credit default swaps -que explotaron mucha asimetría informativa, y evidenciaron  mucho fraude y  delito bursátil, ha sido la chispa adecuada para el surgimiento anónimo de Bitcoin en 2008, una nueva forma de dinero o de valor electrónico que no requiere bancos para su intercambio. Con Bitcoin –que es per se una blockchain– fue la primera que logró funcionar, pero no fue  la primera en ser propuesta: años antes, nuevamente el Abogado Nick Szabo ya había propuesto algo similar, con BitGold https://nakamotoinstitute.org/bit-gold/. Pero en ese momento anterior, faltaba la chispa adecuada, los abusos bancarios de la crisis sub-prime.
Cinco años después del inicio de la Web3 con el surgimiento de Bitcoin, en 2013, Vitalik Buterin  publicó un documento https://ethereum.org/en/whitepaper/ en el que presentaba  una segunda generación de blockchains, que permitiera poner en práctica el concepto de 1997 esbozado por Szabo. En 2015, Vitalik lideró al equipo que desarrolló una red virtual pensada sobre las bases de la red de Bitcoin, pero ampliada en su alcance, para permitir crear y transaccionar otro tipo de valores, no necesariamente dinero (en el sentido amplio, sin distinguir entre fiat y crypto). La red de Ethereum fue el primer ejecutor de smart contracts -que son token contracts-, gracias a una potente Ethereum Virtual Machine mantenida por unos cuatro mil nodos,  ¾ de los cuales suelen estar hosteados en servidores centrales cloud.
Dos años después, en  2017,  la primera crisis propia de la Web3 tendría lugar: el mercado de los criptoa-ctivos se pincharía durante el hoy conocido CryptoWinter, y perdería el 80% de su valor en poco tiempo. Tiempo después también se descubriría que esta métrica –pérdida del 80% del valor de todos los cripto-activos–  llamativamente coincide con el altísimo porcentaje de fraude detectado, luego de revisarse, a conciencia, la documentación -white papers- donde se presentaba y promovía la creación de miles de tokens criptográficos creados para distintas finalidades, y puestos en  el mercado mediante Initial Coin Offerings.

 

Hacia la tokenización de los Estados

A partir de 2018, los Estados comienzan a intentar regular, bien o mal, en todo o en parte, el fenómeno de la Web3, y los registros electrónicos en blockchains, los tokens criptográficos. Algunos Estados que no están en el concierto de los países poderosos comienzan a utilizar esta tecnología, justamente para generar transparencia en su accionar, o nuevos servicios digitales, como el caso de Georgia tokenizado su registro inmobiliario https://exonum.com/story-georgia o Perú tokenizando las compras públicas a nivel nacional https://www.lacchain.net/projects/Órdenes-de%20compra%20de%20PERÚ%20COMPRAS%20con%20Blockchain. A nivel regional, comienzan a desarrollarse redes de Web3 comunitarias, con un perfil de bien público regional muy interesante, como ilustran el caso de la EBSI o LACchain, entre otras.
La siguiente crisis que ha impactado en Internet fue la pandemia en 2020, toda vez que la extremadamente forzada digitalización producto de la pandemia con sus cuarentenas obligatorias –digitalización que es quizás una de las pocas consecuencias positivas de esta catástrofe sanitaria–  aceleró muy notablemente ciertos procesos de inclusión y migración digital, y también evidenció el daño que puede producir la falta de inclusión digital, o  la falta de acceso a la Internet.
También mostró como la Web3 puede permitir diseñar distintos esquemas de incentivos económicos programables, como muestran los nuevos modelos de play to earn https://cilisos.my/axie-infinity-nft-blockchain-smooth-love-potion-slp-ethereum-mavis/ que se vinculan muy bien con los eSports, o de estímulos para la generación eléctrica distribuida https://www.smart-energy.com/industry-sectors/new-technology/ontarios-alectra-launches-blockchain-transactive-energy-platform/ o  nuevas formas de premiar conductas sociales deseables en circuitos económicos a nivel de ciudades https://www.marcospaz.gov.ar/noticias/item/6888-relanzamiento-del-programa-activos-marcos-paz.html .
A sus 13 años de vida, la Internet del Valor, la Web3, comienza a encontrar y mostrar casos de uso: NFTs para artistas digitales, DeFi para los más audaces y conocedores, y, de a poco, votaciones importantes en países poco transparentes  https://www.ledgerinsights.com/russia-trials-blockchain-voting-in-controversial-parliamentary-elections/, entre otras herramientas cada vez más demandadas por una ciudadanía que comienza a pedir mayor transparencia  en la gestión.
En 2020, se probaron por vez primeras compras públicas automatizadas con smart contracts montados en Ethereum: compra de barbijos en 24 horas  al  mejor postor, con  un smart public contract que usa una blockchain pública para ejecutarse https://www.criptonoticias.com/comunidad/adopcion/espana-abre-licitacion-mascarillas-contra-coronavirus-blockchain-ethereum/ .

 

Formas de valor tranzable y para-estatales

En 2021,  como hecho bisagra, El Salvador inició un experimento con Bitcoin como moneda de curso legal. Al poco tiempo, se apresta a emitir sus primeros bonos de deuda soberana tokenizados en Bitcoin, ahorrando probablemente muchos costos de estructuración y colocación, por bancos que no deberá contratar. Usará la red de Bitcoin.
Paralelamente, DIEM (sucesor de Libra  cuyo lanzamiento en 2019 fue frenado por el Congreso de EE.UU), el cripto-activo estable de Meta y sus aliados, que podría arrancar con casi tres billones de clientes y enviándose por WhatsApp, representa para Harvard Business Review la privatización del dinero, o  quizás de  la emisión digital de un  valor  que no es dinero, pero que podrá ser usado y aceptado voluntariamente como elemento de permuta/canje/swap, gracias a la criptografía, y al uso de smart  contracts.
25 años después de que el Abogado, Nick Szabo, propusiera en sus papers otras realidades que serían posibles, e imaginara los usos de los smart contracts, es oportuno reflexionar sobre el enorme potencial del abogado como un profesional innovador por defecto, con facilidad para entender flujos analíticos, y relaciones entre causas y consecuencias.
Este enfoque y sesgo profesional que tenemos es una fortaleza en el contexto de intensa digitalización acelerada en el que vivimos, fortaleza que debiera ser empleada, y hasta combinada con algún curso de programación. En no mucho tiempo vista, abogados y otros profesionales interesados en aprender a programar, lo podrán hacer fácilmente desde cero, y les pagarán al estudiar (y luego, al trabajar!) con algún valor digital que, a criterio de las partes, sea  aceptable por tener valor de cambio.
Entendido entonces el contexto precedente que inició en 1997 con las propuestas del Abogado Nick Szabo, seguido con el nacimiento de la Web3  en 2008 con la blockchain de Bitcoin, y reconociendo el inicio de su adopción masiva con el  nacimiento de Ethereum en 2015, este Manual sobre Smart Contracts trata de tender un puente con este nuevo mundo que se abre con la Web3,  buscando entender la Web3 y sus variados impactos jurídicos, haciendo foco en las llamadas tecnologías de registro distribuido –DLTs en inglés, propias de la Web3–; con las blockchains como su especie más famosa, y la figura central de los smart contracts de Szabo, estos softwares que usan criptografía asimétrica y que en ocasiones –cuando el Derecho vigente o la libertad contractual lo permiten– pueden crear o extinguir relaciones jurídicas tokenizadas; contratos electrónico que tienen por objeto tokens criptográficos.

 

Innovación versus Regulación: una conversación que requiere Abogados formados en Tecnología

¿Son programables y automatizables las relaciones contractuales? ¿En qué condiciones y  con qué efecto legal? ¿Puede el lenguaje de programación incorporar términos jurídicos de textura abierta? ¿Deben los programadores aprender Derecho?¿O los abogados aprender a programar?¿O trabajar juntos a la par? ¿Conviene regular la innovación? ¿Puede regularse lo que no se entiende? ¿Será esta década la Década de las DAOs, como muchos pregonan? ¿Habrá la Humanidad encontrado una nueva forma de coordinarse en pos de objetivos comunes deseables? Estas preguntas se formulan, e intentan responderse con visión crítica en los Capítulos II y III del Manual, donde se abordan los desafíos regulatorios y se valora y  señala nuevamente el rol clave del Abogado en este proceso de innovación desatado por la Web3.
En efecto, en 2015, nuevamente aparece otro abogado “que vino del Futuro”, Aaron Wright, autor de un fantástico y futurista paper publicado en 2015 https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2580664, donde acuña el término Lex Cryptographia, y propone usar esta tecnología para crear nuevas formas de gestionar, de modo transparente y descentralizado, todo tipo de organizaciones humanas. Esto llevará al Derecho Societario a un nuevo nivel hacia final de la década, el Derecho de las Entidades Autónomas Descentralizadas (DAOs, en inglés) con fines de lucro, con nuevas formas de derechos de receso digital, automáticas y seguras, y mecanismos digitales de toma de decisión directa por parte de sus integrantes, identificados y autenticados con tokens criptográficos. Sin embargo, ¿son todos los tokens criptográficos iguales? ¿Realmente se volverán superfluos los órganos de administración? ¿Podrá ocurrir lo mismo con intermediarios legislativos en  países con baja calidad política?

 

 

Estructura del Manual

El Manual se editó tanto en un formato tradicional e impreso por la Ed. Cathedra Jurídica (Talcahuano 485, C.A.B.A.) como en un formato e-book (.epub) por IJ Editores (Legister). En su formato impreso es una obra extensa, de 860 páginas. La obra está prologada por Federico Ast, fundador del sistema de arbitraje descentralizado Kleros.

 

Es posible que este Manual sea la primera obra open-source de Iberoamérica sobre la materia, y, fiel al espíritu colaborativo propio de la Web3, elegí el canal digital y tres plataformas de investigación muy reconocidas (SSRN, ResearchGate y Academia.edu) para difundirlo: puede ser descargado en formato .pdf de manera libre y gratuita en el siguiente link: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3875645. En esto, sigo el criterio de unos de mis Mentores, el Abogado holandés Thibault Shcrepel,  quien acaba de publicar una obra formato open source cuya lectura también se recomienda https://www.elgaronline.com/view/9781800885523.xml
El Manual se ocupa de definir cada uno de los institutos y la terminología de un sistema que, por novedoso es, para muchos, desconocido. Con una parte dogmática y un marcado análisis de su uso práctico, el  Manual presenta la respuesta tanto de los reguladores como de la jurisprudencia, y al mismo tiempo, fija posición en algunos aspectos discutibles, como el de la responsabilidad civil. La obra está dividida en siete capítulos, con más de 2300 notas al pie y de 4000 referencias a citas bibliográficas y recursos electrónicos, lo que la vuelve una guía referencial de gran relevancia.
El primer Capítulo aborda los antecedentes de la blockchain como especie de DLT, aportando distintas definiciones, y caracterizando a esta tecnología cuya utilidad fue puesta de manifiesto en el año 2008 con el nacimiento del protocolo de Bitcoin, la primera blockchain funcional. Asimismo, se analiza la taxonomía de las blockchains, valorándose sus limitaciones, y su vinculación con el naciente mercado de criptoactivos y las incipientes Central Bank Digital Currencies.
El segundo Capítulo se enfoca en los llamados smart contracts. El Manual define y traza el origen de cada uno de los institutos analizados, su naturaleza jurídica, presenta sus elementos característicos y sus limitaciones, con una visión crítica. En este mismo capítulo se analizan conceptos propios o nativos de la Web3, tales como la jurisdicción distribuida, las distintas especies de entidades autónomas descentralizadas  (DAOs), y cómo éstas impactarán en el Derecho Societario tal y como lo conocemos.
El tercer capítulo aborda las fricciones entre regulación e innovación, analizando la casuística, el case law y los distintos posicionamientos regulatorios comparados de más de diez países sobre los tokens criptográficos y los smart contracts.
Se profundiza en el novedoso concepto de la tokenización y sus implicancias legales, analizando los distintos procesos de creación y puesta en el mercado de tokens criptográficos. Finalmente, se abordan desde la perspectiva del derecho argentino distintas materias vinculadas a la tokenización, y su vinculación con el Derecho del Consumidor, el Derecho de la Insolvencia, la Defensa de la Competencia, el Régimen de Protección de Datos Personales, y el Derecho de los Contratos. Se proponen también criterios de exposición contable para los distintos tipos de tokens criptográficos.
El cuarto capítulo está dedicado a cuestiones relevantes contractuales y de responsabilidad civil vinculadas a las blockchains, smart contracts y tokens criptográficos. Iniciando con la conexidad contractual y su eventual aplicación a los smart contracts, se analizan luego las dinámicas contractuales comúnmente utilizadas para desarrollar blockchains, tokens y smart contracts, incluyendo contratos como el de auditoría de software, proveedores de servicios de Exchange, Wallets, y su vinculación con el régimen argentino de PSPs. Se valora también la responsabilidad civil de las plataformas de blockchain, con foco en el case law comparado. Se presentan unas reflexiones preliminares sobre la responsabilidad civil en entornos de blockchain.

 

En el capítulo cinco, el Manual analiza en profundidad los aspectos regulatorios e impositivos en torno a los tokens criptográficos, su vinculación con la desmaterialización de títulos valores, y hace foco en los intermediarios de cripto-activos en particular, especialmente valorando la experiencia norteamericana, con sus avances y retrocesos notables. En el capítulo sexto, la obra presenta más de veinte casos actuales de uso y aplicación de las blockchains y los smart contracts, tanto por parte de diversas industrias del sector privado, como por parte del sector público. Finalmente, el capítulo siete, el último, se ofrecen las conclusiones sobre los temas desarrollados en la obra.
Si este Manual logra despertar la curiosidad y la inquietud intelectual, entonces su fin se habrá cumplido: el puente fue tendido –rompiendo o nivelando la asimetría informativa– y el lector lo habrá cruzado, entrando al nuevo mundo de la Web3, con conocimientos y una terminología curada, y con una guía tentativa de sus usos posibles y riesgos detectados. A no dudarlo: es esta tercera etapa evolutiva de la Internet, la Web3 donde se gestará un distinto ámbito digital, ya en masificación combinando el efecto de Red con  el efecto del Token, y donde nuevos derechos y nuevas obligaciones deberán ser abordados por los Abogados y Abogadas, y, donde nuevas soluciones a viejos problemas pueden (y deben) pensarse e intentarse, tal como el abogado Szabo lo hizo en 1997.

 


*El autor de la nota es Magister en Derecho Empresario (U. Austral).  P.M.D.®, Especialista en Corporate Finance y Magister en Finanzas con orientación Fintech (ESADE Business & Law School). Su linkedin

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