Una ministra de Justicia en Italia

En su novela “Memoria de la casa de los muertos” (1862), el escritor ruso Fiódor Dostoyevski escribió: «El grado de civilización de una sociedad puede medirse entrando a sus cárceles.»

Por Nicolás Fuster*

Hace unos pocos días, medios italianos publicaron imágenes de golpizas y torturas a detenidos en la cárcel de Santa Maria Capua Vetere, ocurridas el 6 de abril. Los videos, grabados por las cámaras de seguridad del penal, conmocionaron al país.

Como resultado, el Presidente del Gobierno, Mario Draghi, visitó el lugar junto con la Ministra de Justicia, Marta Cartabia.

Esta semana, la Ministra Cartabia se dirigió al Parlamento, primero a la Cámara y luego al Senado, para informar acerca de lo ocurrido en Santa Maria Capua Vetere. Este artículo presenta algunos de los puntos principales de la exposición de la Ministra.

Cartabia comenzó poniendo luz sobre la importancia de la cárcel y recordando que la Carta Magna italiana fue resultado del fin de la Segunda Guerra. «La cárcel es espejo de nuestra sociedad, y es una parte de República.

Las violencias y las humillaciones a los detenidos son una herida gravísima a la dignidad de la persona, que es la piedra angular de nuestra convivencia civil – como pide la Constitución, nacida de la historia de un pueblo que conoció el desprecio del valor de la persona».

El día anterior al registro y la violencia había habido un motín, pero según el instructor (GIP, por sus siglas en italiano), el violento registro de los presos ocurrido en abril fue decidido sin las formas habituales y por fuera de los casos permitidos por la ley.

El cacheo no buscaba encontrar armas o elementos no permitidos, sino «una mera cobertura ficticia para ejercer conductas violentas, contrarias a la dignidad y al pudor de las personas detenidas».

No hubo una medida de la Directora, la única que puede disponerlo (y quien no se encontraba ese día en el penal) «sino una orden oral».

Las imágenes fueron grabadas por el circuito de video vigilancia y difundidas gracias a la prensa. Sobre esto, la Ministra expresó: «No puedo quitarme de la mirada y de la mente la imagen de un detenido obligado a arrodillarse antes de ser golpeado. No es solo violencia, es el gusto de la humillación. Otro era un detenido en silla de ruedas, golpeado repetidas veces, gratuitamente.

Otros agentes se arrojaban contra los detenidos, todo bajo el ojo de la videocámara.» Pero no fueron solo insultos, golpes y torturas. «No puedo no hacer referencia al detenido Lamine Hakimi, que padecía esquizofrenia y murió un mes después.

Según el GIP, las consultas médicas no permiten afirmar que la muerte se deba a las agresiones, sino a medicinas prescritas luego de las heridas que, combinadas con otros fármacos que el detenido tomaba por su enfermedad, llevaron a un paro cardíaco.

¿Qué hacía una persona con esquizofrenia en la cárcel?» Actualmente hay una investigación en curso, por lo que si bien aún no hay conclusiones, 75 personas fueron suspendidas y los detenidos involucrados fueron trasladados por motivos de seguridad.

Apenas fueron publicadas las imágenes, la Ministra Cartabia se reunió con sus dos subsecretarios, los vértices de la administración penitenciaria y el garante de las personas privadas de su libertad. Condenar los hechos no alcanzaba – era necesario entender la cadena de información, cómo un registro de este tipo fue realizado sin una autorización escrita, ampliar la perspectiva.

En otras cárceles había habido momentos de tensión, en especial durante la pandemia. «Eventos así no solo piden una respuesta inmediata de parte de la autoridad judicial por la responsabilidad penal, sino acciones más amplias y de largo plazo, para que esto no ocurra más.»

En la visita al penal, después de reunirse con agentes y detenidos, Cartabia detalló tres puntos principales de los problemas en las cárceles. Sobre el primero, estructuras materiales, la Ministra señaló que desde hace muchos años las condiciones de las cárceles italianas hacen que el trabajo y las condiciones de vida sean insoportables.

«En la visita al penal, que hervía de calor, no solo tuvimos dificultades para respirar en algunas celdas, sino que nos enteramos de que el instituto no tiene agua potable, porque fue proyectado sin la instalación correspondiente. Los detenidos reciben agua en bidones, recién ahora comienzan las obras para que haya agua potable.

¿Es este el ambiente para el objetivo que tiene una cárcel? ¿Podemos hablar de educación con estructuras en estas condiciones? Por no hablar de hacinamiento, con más de 900 detenidos en un espacio para 800.

La Comisión Europea de Derechos Humanos ya condenó a Italia por violaciones graves en este tema. El PNRR (fondos europeos extraordinarios) destina partidas para la edilicia penitenciaria y nuevos pabellones, que no serán solo para camas sino también para nuevos espacios de sociabilidad, y a una cobertura capilar de instrumentos de videovigilancia, esencial ante hechos como los de Santa Maria Capua Vetere.»

Respecto del segundo punto, el personal empleado, la Ministra señaló carencias gravísimas en todas las categorías. Si bien recién ahora se desbloquean los concursos, suspendidos por la pandemia, este pequeño alivio no va a ser suficiente. Faltan agentes, maestros, personal externo.

Muchas cárceles no tienen directores, por lo que varias personas dirigen más de un instituto. «Estructuras con mil detenidos son distintas y tienen problemas distintos: alta seguridad, salud mental, mujeres. Aún hay mujeres con hijos en las cárceles.»

El tercer punto, que Cartabia dijo preocuparla especialmente, es el de la formación – no solamente de quienes entran a trabajar en el penal, «una de las tareas más delicadas, difíciles y significativas, porque en las manos de la administración penitenciara y la policía está la posibilidad de que una pena sea una verdadera ocasión de resocialización, de reeducación, como pide la Constitución,» sino una formación permanente, con indicaciones sobre cómo medir el uso de la fuerza y cómo reaccionar ante situaciones de crisis: «No es solo “vigilar y castigar,” sino acompañar a los detenidos en el recorrido de reeducación, garantizando orden y seguridad, participando en un proceso clave para los que están adentro y afuera de la cárcel.

La persona que vive su período de pena y reclusión de manera constructiva es menos propensa a reincidir. No olvidemos este aspecto, debemos adecuarnos a la Constitución por una cuestión de seguridad general. El principal pedido de los trabajadores de la cárcel es el de la formación.»

La Ministra terminó su exposición recordando al político y jurista Piero Calamandrei: «Bisogna aver visto,» (“Hay que haber visto”), e invitando a los parlamentarios a visitar las cárceles, porque no todo puede ser afrontado de la misma manera. En la visita a Santa Maria Capua Vetere, el Presidente del Gobierno, Mario Draghi, dijo que «No hay justicia si hay abuso.

El gobierno sabe y no quiere olvidar. Y para no olvidar, es necesario comenzar inmediatamente una acción concreta de resaneamiento de los problemas endémicos de las cárceles italianas, que tienen que ver con todos nosotros.»
El desafío de Italia es entonces demostrarle –no a Dostoievsky, sino– a sus propios ciudadanos que puede ser una sociedad civilizada, un estado que cumple con su Constitución, y cuyas cárceles no son lugares de castigo y violencia sino verdaderos espacios educativos.


* Licenciado en Ciencia Política por Sapienza (Universidad de Roma). Master en Ciencia Política por la
Universidad de Amsterdam. Su Twitter es @mellamonicolas.

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