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El trauma también incapacita

La Cámara del Trabajo de Bariloche condenó a una ART a indemnizar a un trabajador social que sufrió un violento asalto mientras realizaba tareas de sereno por pedido de su empleador. Aunque no quedaron secuelas físicas, la Justicia reconoció que el daño psicológico fue real, permanente y laboral.

Cronología del caso: de un favor laboral al daño permanente

El trabajador se desempeñaba como trabajador social en un centro comunitario. Su tarea habitual no tenía relación con funciones de vigilancia. Sin embargo, a pedido de su empleador, aceptó de manera excepcional realizar una guardia nocturna como sereno.

El lugar no estaba acondicionado para esa función ni contaba con medidas de seguridad adecuadas.

Durante esa guardia, el trabajador fue asaltado y retenido durante horas. Sufrió golpes, quemaduras con cigarrillos, amenazas constantes y situaciones de humillación extrema. Permaneció cautivo en un escenario de violencia sostenida.

No quedaron secuelas físicas permanentes, pero con el paso del tiempo comenzó a presentar síntomas graves de depresión y ansiedad, revivía el hecho de forma constante y vio afectada su vida personal y laboral.

El rol de la ART: rechazo, alta médica y conflicto

Cuando el trabajador denunció el siniestro, la ART rechazó inicialmente su carácter laboral. Luego, aun reconociendo el episodio, intentó otorgarle el alta médica sin declarar incapacidad, argumentando que no existían lesiones físicas permanentes.

La discusión pasó primero por la Comisión Médica, que revocó el rechazo inicial y reconoció oficialmente el carácter laboral del episodio. Con ese paso cumplido, el trabajador pudo acudir a la Justicia.

La prueba clave: el peritaje psiquiátrico

La Cámara del Trabajo de Bariloche puso el foco en el informe pericial psiquiátrico. El perito diagnosticó un trastorno depresivo grave, directamente vinculado con el hecho traumático sufrido durante la jornada laboral.

El informe describió cómo el trabajador revivía el asalto, cómo ese recuerdo constante afectaba su equilibrio emocional y su capacidad para sostener una vida laboral normal.

Con base en ese peritaje, el tribunal fijó una incapacidad laboral permanente parcial del 25%, ajustada conforme al baremo legal aplicable.

La Cámara recordó que no hace falta una lesión física para que exista incapacidad laboral. El sistema de riesgos del trabajo también protege la salud mental cuando el daño es consecuencia directa del trabajo.

En este caso, el vínculo fue claro: el hecho ocurrió durante la jornada, en el lugar de trabajo, realizando una tarea pedida por el empleador y en un contexto de riesgo para el cual el trabajador no estaba preparado.

El cambio excepcional de funciones, de trabajador social a sereno, expuso al empleado a un riesgo adicional y reforzó la responsabilidad del sistema de riesgos del trabajo.

Por qué la ART fue condenada

La Cámara rechazó la postura de la ART por desconocer el peso del peritaje psiquiátrico y por intentar cerrar el caso con un alta médica formal que no reflejaba el impacto real del trauma sufrido.

Para los jueces, el régimen de riesgos del trabajo no está pensado solo para lesiones visibles, sino también para daños psíquicos que dejan secuelas duraderas.

 

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