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Un estudio es retractado y reaviva preocupaciones sobre el herbicida Roundup

El diario The New York Times expuso cómo una revista científica retractó el estudio madre que afirmaba la inocuidad del glifosato

“Problemas con un artículo histórico de hace 25 años sobre la seguridad del ingrediente activo de Roundup, el glifosato, reactivaron pedidos para que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (E.P.A.) reevalúe este químico de uso masivo.

En el año 2000, un estudio considerado “emblemático” afirmó que venía a poner el tema en claro sobre el glifosato, un herbicida controversial usado en cientos de millones de acres de tierras agrícolas. Ese trabajo concluyó que el químico —ingrediente activo de Roundup— no representaba un riesgo para la salud humana, pese a evidencia que lo vinculaba con cáncer.

El mes pasado, la revista científica que lo había publicado hace un cuarto de siglo retractó el estudio, lo que desató una crisis de confianza en la ciencia en la que se apoyó la expansión de un herbicida que se convirtió en parte central del modelo de producción de alimentos en Estados Unidos. Se utiliza en soja, maíz y trigo; en cultivos especiales como almendras; también en algodón y en jardines domésticos.

La E.P.A. todavía considera que el herbicida es seguro. Sin embargo, el gobierno federal tiene un plazo en 2026 para volver a examinar la seguridad del glifosato, a raíz de acciones judiciales iniciadas por organizaciones ambientalistas, de seguridad alimentaria y de defensa de trabajadores rurales.

Además, la E.P.A. enfrenta presión política para actuar sobre el glifosato desde el movimiento “Make America Healthy Again”, impulsado por personas cercanas al secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., quien en el pasado fue coabogado en una demanda contra Monsanto por exposición a Roundup.

El estudio de 2000 —una revisión científica realizada por tres científicos presentados como independientes— fue durante décadas citado por otros investigadores como evidencia de la seguridad de Roundup. Con el tiempo, se volvió una pieza clave en la construcción de regulaciones que consideraron seguro al herbicida.

Pero después se conocieron correos electrónicos surgidos en litigios contra Monsanto que indicaban que científicos de la empresa tuvieron un rol importante en la concepción y redacción del trabajo.

En esos correos, empleados de Monsanto se felicitaban por su “duro trabajo” en el artículo, que incluía recolección de datos, escritura y revisión. Uno de ellos expresó su esperanza de que el estudio se convirtiera en “la” referencia sobre la seguridad de Roundup y del glifosato. En 2018, Bayer adquirió Monsanto por 63.000 millones de dólares.

Al retractar el estudio el mes pasado, la revista Regulatory Toxicology and Pharmacology citó “serias preocupaciones éticas” respecto de la independencia y la responsabilidad de los autores. Martin van den Berg, editor en jefe de la publicación, sostuvo que el artículo basó gran parte de sus conclusiones en estudios no publicados de Monsanto.

También señaló que había indicios de que los autores recibieron compensación económica de Monsanto por su trabajo. No hubo una declaración de conflicto de intereses más allá de una mención en los agradecimientos indicando que Monsanto había brindado apoyo científico. Por eso, dijo van den Berg, “perdió la confianza” en los resultados y conclusiones del artículo.

Brian Leake, vocero de Bayer, afirmó que la participación de Monsanto en el artículo de 2000 “no llegó al nivel de autoría” y que habría sido “debidamente divulgada” en los agradecimientos. También aseguró que los autores listados “tuvieron control total” y aprobaron el manuscrito.

Leake sostuvo además que el glifosato es “el herbicida más estudiado de los últimos 50 años” y que “la gran mayoría de los estudios publicados” no tuvo participación de Monsanto.

El único autor superviviente del artículo de 2000, Gary M. Williams, exprofesor del New York Medical College, no respondió a pedidos de comentarios.

Se detectaron rastros de glifosato en alimentos como pan, cereales y snacks, y también en la orina de adultos y niños. Hay indicios de que los niveles en alimentos bajaron después de que la presión pública llevara a algunas empresas a dejar de aplicar glifosato poco antes de la cosecha, una práctica que tiende a dejar más residuos químicos.

En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud, clasificó el glifosato como “probablemente carcinogénico para los humanos”.

“Esto es una corrección sísmica y largamente esperada del registro científico”, dijo el Dr. Philip J. Landrigan, pediatra y epidemiólogo, director del Programa de Salud Pública Global en Boston College.

Landrigan presidió recientemente un comité asesor de un estudio global sobre glifosato que concluyó que incluso dosis bajas de herbicidas basados en glifosato causaron leucemia en ratas.

“Esto levanta el velo de décadas de esfuerzos de la industria para crear una narrativa falsa de que el glifosato es seguro”, dijo. “La gente desarrolló cánceres, y hubo personas que murieron por este fraude científico”.

Pruebas de laboratorio habían señalado riesgos potenciales por exposición al glifosato desde principios de los años 80. Luego, estudios con agricultores del Medio Oeste expuestos a herbicidas comenzaron a mostrar un aumento de ciertos cánceres. También se mencionó un esfuerzo respaldado por Estados Unidos para erradicar cultivos de coca en Colombia rociando glifosato desde aviones sobre grandes extensiones, que derivó en reportes generalizados de enfermedades entre residentes.

En ese contexto se publicó en 2000 el estudio que declaraba seguro al glifosato.

Ahora, mientras la E.P.A. enfrenta el plazo de 2026 para reconsiderar la seguridad del herbicida, es probable que quienes critican a la agencia destaquen que el artículo retractado aparece en bibliografías de evaluaciones de riesgo previas sobre glifosato.

“La E.P.A. debería reabrir la decisión de inmediato”, dijo el Dr. Bruce Lanphear, experto en neurotoxinas ambientales en la Universidad Simon Fraser, cerca de Vancouver, especializado en exposiciones en la infancia. “También debe haber consecuencias: sanciones económicas reales que reflejen costos médicos y sufrimiento humano”, agregó.

Un vocero de la E.P.A., Mike Bastasch, dijo que la agencia estaba al tanto de la retractación. Afirmó que la evaluación de riesgos no se había basado únicamente en ese estudio y que no pensaban apoyarse en él en adelante. “Es nuestra obligación legal asegurar que los químicos y pesticidas aprobados por la agencia sean totalmente seguros para los usos aprobados que figuran en la etiqueta, basados en ciencia rigurosa, de estándar de oro”, dijo.

Miles de demandantes, incluidos agricultores y jardineros diagnosticados con linfoma no Hodgkin, demandaron a Monsanto alegando que Roundup causó sus cánceres y que la empresa encubrió los riesgos. En un caso temprano, un jurado en un tribunal estatal de California otorgó 289 millones de dólares a Dewayne Johnson, trabajador de mantenimiento escolar, tras concluir que el glifosato había causado su cáncer. El jurado sostuvo además que Monsanto no advirtió a los consumidores sobre el riesgo.

Desde entonces, Bayer pagó más de 10.000 millones de dólares para resolver aproximadamente 100.000 reclamos relacionados con Roundup, y enfrenta la posibilidad de nuevas demandas costosas y veredictos, dado el universo de personas que podrían haber estado expuestas. Esos acuerdos no incluyeron admisiones de responsabilidad ni de mala conducta, y Bayer continuó vendiendo el producto.

Bayer también impulsó al Congreso para que apruebe una disposición que, en la práctica, protegería a fabricantes de pesticidas frente a futuros daños y perjuicios reclamados por demandantes. A su vez, la administración Trump instó recientemente a la Corte Suprema a tomar un caso que también podría proteger a los fabricantes frente a responsabilidad.

La retractación, según el historiador David Rosner, codirector del Centro de Historia y Ética de la Salud Pública de la Universidad de Columbia, muestra un problema más amplio: investigaciones financiadas en secreto por industrias como la del tabaco y el plomo. “Inclinar la ciencia para favorecer el interés corporativo”, dijo, probablemente fue “la regla más que la excepción”. Sostuvo que las revistas deben exigir con más fuerza la identificación de conflictos de interés, porque “hay enormes intereses financieros en juego”.

La retractación del estudio de 2000 se produjo después de que dos científicos de Harvard, Sasha Kaurov y Naomi Oreskes, pidieran a la revista reexaminar el artículo. En un análisis publicado recientemente, estimaron que el trabajo de 2000 estaba entre el 0,1% de la literatura académica más citada sobre glifosato.

Lo que les sorprendió, dijeron, fue que otros investigadores siguieran citándolo incluso después de que los correos electrónicos salieran a la luz en litigios a partir de 2017. “Este artículo ha sido uno de los más citados jamás escritos sobre el tema de la seguridad del glifosato”, dijo la profesora Oreskes.”

Fuente: Diario The New York Times

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