Alerta en las fábricas: el nuevo Régimen de Residuos en la Provincia nos obliga a repensar el verdadero valor de producir
La autora analiza una nueva normativa de derecho y ambiente en la PBA
Por Martina Goldsztein
www.ambientalymas.com
Durante casi treinta años, la gestión de los residuos industriales en la Provincia de
Buenos Aires se movió en un gigantesco gris legal. Las empresas hacían malabares
para encuadrar lo que descartaban en categorías rígidas (especial, patogénico,
domiciliario) porque las normas simplemente no acompañaban la realidad de las
plantas. Eso comenzó a cambiar con el nuevo paquete normativo integrado por la
Resolución 60/2026 (https://www.ambiente.gba.gob.ar/controlyfiscalizacion/RENI), el
catálogo de la Resolución 181/2026 (https://normas.gba.gob.ar/ar-
b/resolucion/2026/181/613584) y su correspondiente cronograma Resolución 181/2026
(https://normas.gba.gob.ar/ar-b/resolucion/2026/181/613584) que buscan poner blanco
sobre negro en la gestión de los residuos industriales.
Pero más allá de los formularios, las multas y los códigos, este cambio nos obliga a
hacer un trabajo de introspección: porqué durante tanto tiempo tratamos a los
recursos recuperables como simples descartes? Nuestro sistema legal trató al
subproducto industrial con la misma sospecha y rigidez que al desecho más tóxico. Al
no existir una vía clara para reinsertar determinados materiales en los procesos
productivos, la ecuación económica y mental era simple: salía más barato (y resultaba
menos complejo) enviarlo a disposición final.
El resultado fue un modelo industrial profundamente lineal: producir, utilizar y
descartar. En ese esquema, recursos potencialmente valiosos terminaban convertidos
en residuos por el simple peso de la burocracia. Por eso, este nuevo régimen puede
significar mucho más que un trámite administrativo. Puede ser una oportunidad para
cambiar la forma en que entendemos el valor de los materiales dentro de la
industria #PorUnMundoMejor.
Economía circular en acción: cuando el residuo de uno es el insumo de otro
La verdadera transformación aparece cuando dejamos de mirar determinados
materiales únicamente como residuos y empezamos a considerarlos dentro de un
ciclo productivo.
El ejemplo es sencillo: pensemos en una planta metalúrgica que genera remanentes
limpios durante sus procesos de corte. Bajo el esquema anterior, intentar ceder ese
material a una fábrica vecina que lo necesitaba podía implicar iniciar un expediente y
atravesar meses de trámites. El peso de la burocracia podía terminar anulando una
iniciativa productiva que, desde el punto de vista ambiental y económico, tenía sentido.
El nuevo régimen busca abrir una puerta diferente: bajo determinadas condiciones y
con el correspondiente respaldo técnico, un subproducto de una fábrica puede
convertirse en un insumo para otra.
Acá aparece el verdadero valor de la economía circular: no se trata simplemente de
generar menos residuos, sino de mantener los materiales en circulación durante el
mayor tiempo posible, evitando que recursos que todavía tienen valor
productivo terminen prematuramente en disposición final.
La industria deja así de pensarse únicamente como una cadena lineal que fabrica y
descarta, para empezar a funcionar como un ecosistema en el que los materiales
pueden circular entre distintos procesos productivos.
La paradoja del apuro: la urgencia técnica frente al propósito ambiental
La idea de fondo es potente, pero la implementación trae consigo exigencias que las
empresas deberán atender con rapidez. El desafío es lograr que la transición hacia un
modelo más circular no quede atrapada nuevamente en la complejidad administrativa.
Hay tres frentes críticos que ninguna empresa debería ignorar.
1) Los “residuos espejo” y la cuenta regresiva: en el catálogo oficial conviven
cientos de residuos identificados con la sigla EJ (espejo). Por el principio
precautorio, estos residuos son considerados inicialmente como
“Especiales”, hasta que se pueda demostrar que corresponde otra clasificación.
-Si tu fábrica es de Primera Categoría: no se requieren los mismos análisis de
laboratorio que para las categorías superiores, pero sí una declaración jurada
digital rigurosa, firmada por el responsable y un profesional inscripto en el
RUPAYAR.
-Si tu fábrica es de Segunda o Tercera Categoría: se requiere el análisis de
muestras por un laboratorio certificado para demostrar la inocuidad del residuo.
El punto crítico son los plazos. Existe un período de 90 días para realizar las
presentaciones correspondientes. Si no se acredita la condición del residuo dentro
del plazo establecido, puede quedar encuadrado como especial, con mayores
costos de tratamiento y disposición y mayores exigencias logísticas.
2) Del residuo al “insumo”: menos burocracia, más responsabilidad: la posibilidad
de declarar subproducto como insumo conjunto puede eliminar trabas y facilitar la
circulación de materiales entre empresas. Pero esa posibilidad exige rigor. El
acuerdo debe estar correctamente documentado y contar con el respaldo técnico
correspondiente. No alcanza con afirmar que un material tiene valor productivo:
hay que poder demostrarlo. Si una inspección posterior detecta inconsistencias, la
figura del insumo puede cuestionarse y las consecuencias recaerán sobre quienes
participaron de la operación. La economía circular necesita, entonces, algo más
que voluntad: necesita trazabilidad, información y responsabilidad
compartida entre las empresas que generan y reciben los materiales.
3) El desafío de la información: el sistema digital del Ministerio cruza datos con el
Legajo Único de Empresas (LUE) y el Plan de Gestión Ambiental. Por eso,
cualquier diferencia entre la información declarada actualmente y la que figura en
expedientes anteriores puede convertirse en un punto de observación durante una
fiscalización.
La transición hacia una gestión circular también exige ordenar la información
que las empresas ya tienen y hacerla consistente con las nuevas declaraciones.
Check-list urgente para las plantas:
Para aprovechar las nuevas posibilidades y evitar contingencias, las empresas
deberían:
Verificar accesos: asegurar el alta en el sistema de Legajo Único, el usuario
de empresa y la habilitación del profesional RUPAYAR.
Inventariar las corrientes: asignar los códigos correspondientes del nuevo
catálogo y priorizar aquellas identificadas como EJ.
Planificar los análisis: si la planta es de Segunda o Tercera
Categoría, gestionar con anticipación los estudios de laboratorio
necesarios.
Blindar los acuerdos con terceros: documentar correctamente las
operaciones en las que un subproducto pueda ser considerado insumo para
otro proceso productivo.
Revisar la información existente: verificar que las nuevas declaraciones sean
consistentes con los expedientes y antecedentes de la empresa.
El verdadero valor de producir:
El nuevo régimen llega para abordar una situación que durante décadas dificultó una
gestión más racional de los materiales industriales. Pero su importancia puede ir
mucho más allá de ordenar categorías, códigos y procedimientos.
El desafío de fondo es cultural: dejar de pensar que todo lo que sale de una fábrica
necesariamente perdió su valor.
Un material puede ser un residuo para un proceso y, al mismo tiempo, una materia
prima para otro. Cuando la regulación permite que esa conexión sea posible y segura,
la protección ambiental deja de estar asociada únicamente a controlar y disponer
residuos y empieza también a promover su recuperación y circulación.
Ese es, en definitiva, el corazón de la economía circular: que lo que para una
industria deja de ser necesario pueda seguir teniendo valor para otra. La
transición hacia una industria más sustentable ya no consiste solamente en producir y
luego gestionar lo que descartamos. Consiste en repensar, desde el comienzo, qué
valor tienen los materiales que utilizamos y cómo podemos mantenerlos dentro
del ciclo productivo.
Porque producir mejor también significa descartar menos.
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