El delito de amenazas y el tiempo verbal

La diferencia entre "te voy a reventar la cabeza" y te "hubiera reventado la cabeza" se analizó por la corte

0

Un chico jugaba con sus amigos en el barrio, bueno, jugaba es un decir porque tiraban balines con una pistola.  En un momento determinado, el chico le intentó tirar a su hermana en las piernas, pero el balín rebotó y le pegó en la panza de la hija de un vecino, que justo pasaba por allí.

El acusado le dijo que le iba a romper la cabeza al adolescente que había herido de un perdigonazo a su hija, y le imputaron el delito de amenazas.

En su defensa, alegó que la amenaza no existió, porque a la hora de expresarse utilizó el tiempo verbal «pluscuamperfecto de subjuntivo».

La expresión del delito de amenazas

El pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo se emplea en oraciones subordinadas tras determinadas expresiones para expresar acciones que tuvieron lugar antes de un momento determinado del pasado, o acciones que podrían haber tenido lugar en el pasado en otras circunstancias.

Por ejemplo, “si hubieras venido a mi casa te hubiese hecho una rica torta de chocolate”, o en el caso de la defensa planteada, el hombre alegó haber dicho algo así como “si me hubieses lastimado a mi hija te hubiera roto la cabeza”.

Según la jurisprudencia, para ser delito, las amenazas deben poseer la suficiente entidad para lesionar el bien jurídico de referencia, deben en primer lugar ser graves, serias y posibles.

Han de tener una naturaleza tal que las torne idóneas para provocar en el sujeto pasivo un fundado temor a que ocurra el mal anunciado por su agresor, afectando así su libertad. La acción del delito es alarmar o amedrentar a una o más personas.

 

Requisitos del delito de amenazas simples

En el ámbito del delito de amenazas simples, dicha libertad tiene un contenido eminentemente psíquico, por cuanto las conductas atentatorias de dicho bien jurídico, que toman la forma de una violencia de tipo moral.

En el delito de amenazas, estas afectan la libertad moral del sujeto, en el plano del derecho a autodeterminarse o desenvolverse libre de temores injustamente provocados (en similar sentido, Alfredo J. Molinario “Los delitos”, texto actualizado por Eduardo Aguirre Obarrio; TEA; Bs. As, 1996, pag. 32).

La jurisprudencia entendió que las amenazas, para ser típicamente relevantes y, por ende, para poseer la entidad suficiente para lesionar el bien jurídico de referencia, deben en primer lugar ser graves, serias y posibles. Han de tener una naturaleza tal que las torne idóneas para provocar en el sujeto pasivo un fundado temor a que ocurra el mal anunciado por su agresor, afectando la libertad en los términos ya aludidos (fuente).

 

La sentencia sobre el delito de amenazas

La Audiencia de Murcia no le creyó al acusado, porque al parecer la frase exacta que el hombre dirigió al niño fue la de «te voy a reventar la cabeza», por lo que utilizó el tiempo verbal en el modo presente.

Sobre la defensa del acusado, el tribunal entendió que «parece más bien un simple intento de privar al mal anunciado de su carácter futuro para excluirlo así del tipo penal».

De hecho, los jueces entendieron que «las expresiones empleadas relativas a que le iba a reventar la cabeza implican la conminación de un mal posible y concreto».

Ahora deberá pagar una multa de 90 Euros por haber cometido el delito leve de amenazas en el contexto denunciado, es decir, sin prisión pero sí el pago de esa multa.

Deja una respuesta

Enviar comentarios sobre la nota. Su dirección de correo electrónico no será publicada. Esta sección no es para realizar consultas ni asesoramiento legal, que debe procurarse abogado/a.