Encontró una billetera, pidió rescate para devolverla

Los jueces analizaron el caso de un hombre que pidió dinero para devolver los documentos encontrados de la víctima de un robo

1

Carlos subió al subte atiborrado justo antes de que cerrara la puerta.  Apurado y mientras pensaba en la carpeta bajo el brazo que tenía que presentarle al banco para tener el crédito. No tenía mucho margen, si el crédito no salía en unos días ponía en riesgo su local de blanquería.

Por instinto, se palpó la billetera en su bolsillo trasero, estaba ahí. En la billetera estaba su DNI, sin el DNI no se puede hacer casi nada en Argentina, nada es trámites, una palabra que casi no tiene traducción a otros idiomas.

Cruzaba la 9 de Julio, le suena el teléfono. “Ya salí, no, no pude comprarte las pilas, negri, en un rato”, “Sí, ya sé que te dije, pero recién salgo de la escribanía, estoy en el subte, chau, chau, después hablamos”.

Minutos más tarde, sentado frente al oficial del banco, Carlos estaría buscando su billetera, primero con movimientos lentos que poco a poco se irían acelerando hasta parecer espasmos, a punto tal que el oficial que lo atendía pensó en llamar a la ambulancia porque le parecía un ataque de epilepsia. Fue como si los espasmos hubieran sido necesarios para largar su conclusión: “Me robaron”.

 

El encuentro con quien encontró la billetera

“¿Vos decís que haga la denuncia?”, le preguntaba a su pareja que le alcanzaba un mate. “Y sí”, le decía Norma. Así por lo menos te quedás tranquilo con los documentos. “Bueno, mañana voy, hoy estoy cansado”. “Ta bien pero traeme las pilas que las necesito para el control remoto”.

Al día siguiente y mientras caminaba hacia el local, recibe un mensaje en el celular, un SMS, cosa que le llamó la atención y lo iba a borrar pensando que era spam de alguna compañía telefónica. El mensaje decía así

Encontre tu billetera en tacho del Mac Obelisco. mira vos me haces un favor y yo te hago un favor. necesito dos mil ochocientos pesos para retirar mi moto, tengo toda la documentación

El mensaje no llevaba firma, y lo hizo a Carlos extrañarse. Si no era real, cómo supo que me robaron. Le molestaron los términos pero al menos pudo saber que alguien tenía los documentos. En su billetera tenía tarjetas personales, de ahí saco mi número, seguro. Es el mismo Whatsapp publicado en su local cuando le consultan por sábanas y otras cosas.

La entrega se concretaría en Av. Santa Fe y … El muchacho aceptó finalmente ir ahí y no a Constitución. Carlos no quería cambiar de barrio, debía ser un lugar amigable, al lado del puesto de diarios de José, a quien conoce de toda la vida, a ver si todavía perdía el celular.

Carlos tenía que vestir un gorro con visera azul, así lo reconocería. “¿Y vos?”, le preguntó por teléfono. “No te preocupes, yo te voy a buscar a vos, me vas a ver. “¿Pero cómo te llamás?”, le dijo nervioso. “No es algo que importe, te veo en una hora.

“¿De verdad tendrá mi registro y los documentos? Si no hoy mismo llamo a las tarjetas y cancelo todo. Pero van a tardar meses…”, pensaba Carlos. Bueno, en una hora resuelvo.

 

El encuentro para entregar la billetera robada

Al llegar, Carlos alertó a José de lo que pasaba. José se parapetó un un costado del kiosko para ver todo. Dese allí podría tener una visión clara, y el celular listo para llamar al 911 si veía algo raro.

Carlos esperó en el punto designado, al lado de un local. Pasaron los minutos y nada. Ya habían pasado 6 minutos de las 4 de la tarde. Carlos mira el celular, nada. 4 y 20. De repente ve a un hombre que se le acerca, vestía jeans gastados, zapatillas y una chomba. No llegó a verlo bien, solo recuerda las cejas bien marcadas.

Se sorprendió porque pese a la cercanía, a unos centímetros de su cara, el hombre le gritó “dame la plata y te doy las cosas”.

“Mirá, tengo 500 pesos, acá tenés”, le dijo Carlos cuando le alcanzaba el billete. El kioskero miraba atento. Desde lejos se veía al hombre, bajito, gesticular, al tiempo que gritaba “Si no me voy de viaje”. También alcanzó a escuchar que le gritaba “te dije 2800 pesos ahora no te voy a dar nada”.

“Dame los documentos”, gritó Carlos. La escena parecía un robo. Los dos policías que estaban ahí por un banco se acercaron, el hombre se quería ir, eso los hizo acercarse más, le pidieron se quede hasta que Carlos contó lo sucedido. Lo detuvieron y secuestraron los documentos. Hicieron un acta, el caso llegó al poder judicial

 

La sentencia judicial y la extorsión

Los jueces analizaron el caso. Consideraron que a todo evento, se destaca que el imputado, al haber tomado la documentación que -según dijo- encontró en la basura, tenía la obligación de entregarla a su dueño (Código Civil y Comercial de la Nación, artículo 1955).

En el supuesto de pretender una recompensa, podría aceptar la ofrecida o reclamarla judicialmente (id., art. 1956), mas no amenazar con no restituir lo hallado, extremo éste que importaría un ejercicio ilegítimo de su derecho, constitutivo del delito de coacción (Código Penal, artículo 149 bis, segundo párrafo).

En consecuencia, sin perjuicio de la calificación legal que en definitiva corresponda, confirmaron la decisión que lo procesó por el delito de extorsión.

 

 


Caso judicial real, reconstrucción ficticia de los hechos previos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

1 comentario
  1. cata dice

    que suerte que tuvo que la policia estaba cerca.

Deja una respuesta

Enviar comentarios sobre la nota. Su dirección de correo electrónico no será publicada. Esta sección no es para realizar consultas ni asesoramiento legal, que debe procurarse abogado/a.