La Real Academia Española, ¿Policía y juez?

Algunos tildan a la RAE de conservadora, otros dicen que es necesaria para organizar las costumbres en torno al lenguaje. Mientras tanto, las controversias no dejan de aparecer. Por eso es válido analizar qué tanta jurisdicción tiene la RAE en el habla del tan diverso idioma castellano.

Nadie puede imponer, legalmente, una forma de hablar. Hablar como se guste es parte de la libre expresión. Pero la Real Academia trata de recopilar esos usos y escribirlos, entre otras misiones, para entender al castellano.

Por otro lado, algunos textos legales, sí deben estar en castellano, por ley.  Entonces, en ciertos casos, por reenvío de las normas podrían tomar a la RAE como referencia.

En esta nota, la autora analiza las posturas sobre la RAE y algunos conflictos que se generan, porque somos más de 500 millones de personas que hablamos español y de seguro esto traerá de qué hablar.

Por Oriana Rivas

Polémicas van y vienen cuando se trata de la Real Academia Española. Sabemos que es una institución antigua, creada hace 300 años y que funciona como una especie del “mandamás” del lenguaje, según algunos.

¿Cómo olvidar cuando aceptó el uso de términos como guasapear, murciégalo, crocodilo o amigovio? Esos términos son “aceptados” en el uso del castellano.

Es como un reseteo mental. Uno se sorprende e incluso se rehúsa a usar algunos términos, hasta que comenzamos a naturalizarlos. ¿Recordás el CD rom? También podés llamarlo cederrón, sin problema. Al igual que setiembre, otubre, toballa, yin o güisqui.

Pero la institución también pone algunos límites que han sido cuestionados, sus formas no siempre no agradan a todos. Por eso, es válido preguntarnos ¿Es la RAE quien decide cómo hablar y escribir? ¿Por qué tanta polémica los últimos años?

Algunos expertos defienden que no tiene la autoridad para ordenar sobre la lengua, la tildan de “conservadora”, y de guiarse por estatutos “caducos”.

Otros, explican que la RAE ha adaptado su estructura interna, que apoya los cambios en el lenguaje siempre y cuando estén lo suficientemente arraigados en la sociedad antes de incorporarlo en las guías gramaticales. De igual manera no hay duda que el lenguaje lo forma la sociedad, en eso coindicen ambas partes.

¿Qué dice la historia de la Real Academia Española?

La Academia nació hace 300 años en España con la autorización de entonces el rey Felipe V. Al haber una jerarquía política, era natural que también surgiera una manera de legislar sobre la lengua.

Con el pasar de los años, cada país en el hemisferio occidental creó su propia academia. Hoy son 23 organizaciones que conforman la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

Así quedó establecido el policentrismo de la lengua español, en el que la institución original continúa teniendo un papel importante. Es decir, cada país posee cierta autonomía.

Javier Roberto González, profesor de Historia de la Lengua y de Literatura Española Medieval de la Universidad Católica Argentina (UCA), dice que la lengua sí la crea la sociedad, “nadie lo ha puesto en duda”. Ante ese motivo, resalta la necesidad de una figura que la organice. El profesor explica:

“Tiene que haber una instancia legislativa que organice esas costumbres en sistema y establezca un código orgánico que pueda ser enseñado, transmitido y comprendido por todos, para eso están las academias.

Y agrega:

Las academias no inventan nada, no tienen derecho a inventar nada, ni a imponer ninguna forma contraria a las costumbres verbales, lingüísticas de los hablantes. Lo único que hace la academia es registrar qué es lo que existe en el habla del pueblo y de todo eso que existe, juzgar cuales son las formas mayoritarias, las que encajan mejor con la historia de la lengua.

El académico, integrante de la Academia Argentina de Letras argumenta por qué es necesario un ente regulador.

“Si cada uno va a hablar como quiere, corremos el riesgo de no entendernos. Podemos llegar a un punto donde fracasen los intentos de comunicación. Una sociedad debe compartir necesariamente un código común”.

Sofía De Mauro, profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, aporta una visión diferente. Asegura que si bien hay lenguas “estándar”, esa variedad que es seleccionada como la “norma”, es la variedad considerada “prestigiosa” por los sectores dominantes. La profesora razona:

“Pareciera que en Argentina, particularmente, la palabra de la RAE es la voz de la autoridad por excelencia. Si no está en la RAE no existe, dictaminan algunos. Pero, ¿dónde está la lengua? ¿En los manuales y las gramáticas o en el habla cotidiana? ¿Es el habla cotidiana un reflejo de esas reglas o al revés?.

Las polémicas en torno de la RAE

El diccionario de la RAE plasma los significados y usos del habla hispana. En este gran lugar de consultas hay términos de todo tipo, veamos algunos que han hecho ruido para bien o para mal.

-Subnormal: Aquel “que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a la considerada normal”.

Por ende, ha sido tildado como políticamente incorrecto, discriminador, anticuado, o machista por algunos términos:

-Sexo débil: Acepción definida como “conjunto de las mujeres”. Las críticas no pararon hasta que en 2017 la RAE anunció la actualización del diccionario con una “marca de uso” para matizar que se utiliza con “intención despectiva o discriminatoria”. Y así pueden encontrarse algunos otros ejemplos.

-Cederrón: Fue aceptada en 2020 para españolizar “CD-ROM”. Puede ser raro, pero es real.

-Rúter: Otra palabra adaptada al español el año pasado. Su plural sería “rúteres”.

-Jáquer: El equivalente a “hacker”. Su plural es nada más y nada menos que “jáqueres”.

¿Dos realidades paralelas sobre el idioma?

En algunos casos la RAE fija límites o muestra signos de resistencia a ciertos cambios. Es algo que hemos notado con el pasar del tiempo. Explica Javier Roberto González.

“La resistencia es la causa de la lentitud. Eso necesariamente tiene que ser así porque hay que dejar pasar el tiempo para corroborar que esos cambios realmente arraiguen en el uso y no sean simples modas transitorias. Ese es el otro peligro, uno no puede confundir una moda lingüística transitoria con un cambio de arraigo genuino, verdadero y permanente. Hay que dejar pasar un tiempo y comprobar con testimonios ese arraigo”.

Además, el profesor lanza una premisa que englobaría todo el papel y función de las academias, su tarea en recopilar el lenguaje:

“La norma de la RAE no antecede al lenguaje, sucede al lenguaje. Viene después, no puede adelantarse”.

En 2019, en Córdoba, se llevó a cabo el I Encuentro internacional: derechos lingüísticos como derechos humanos de 2019. El objetivo fue visibilizar la realidad lingüística latinoamericana, de acuerdo al relato de Sofía De Mauro.

Fue un evento paralelo al VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, del Instituto Cervantes, adscrito a la RAE. El objetivo fue “visibilizar la realidad lingüística latinoamericana”, indica De Mauro, quien actuó como organizadora. Ella expresa:

“Ante estos y otros cuestionamientos y, sobre todo, pensando en la bien explícita idea de mercantilización de la lengua que proponen las academias y la organización de estos congresos, es que organizamos este Encuentro que pretende hacer énfasis en la lengua como derecho humano universal.  En este sentido es que pensamos a los derechos lingüísticos como puerta de acceso a otros derechos humanos fundamentales”.

Para fines de 2021 organizarán el II Encuentro cuya temática particular será “La furia de la lengua”.

¿Y el lenguaje inclusivo?

Es inevitable mencionar el debate en torno al lenguaje inclusivo y qué tanta jurisdicción tiene la RAE en decidir o no si se implementa de manera formal. Los argumentos van y vienen.

¿Cómo debería abordarse este tema? El profesor de Historia de la Lengua asegura que con paciencia:

“Hay esperar a ver qué grado de arraigo definitivo tiene esto, porque estamos todavía en una etapa en que no sabemos si es una moda transitoria o un cambio genuino o permanente de las estructuras de la lengua. Solamente el tiempo será quien dictamine de qué se trata”, afirma González, académico integrante de la Academia Argentina de Letras.

Mientras tanto, la profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades, desestima la posición de la RAE en torno al tema.

“Realmente no me interesa para nada la posición de la RAE en relación al denominado lenguaje ‘inclusivo’. Justamente se trata de variantes de la lengua que no quieren ser incorporadas a la norma, por lo tanto lo que diga o no la RAE no debería interceder en el debate. De hecho, que la RAE esté “en contra” o que no lo acepte dice más de la RAE que del lenguaje inclusivo en sí”, culmina.

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