Sobrevivientes relatan la mortal tormenta de nieve en la Patagonia chilena
Cinco turistas —de México, Gran Bretaña y Alemania— fallecieron este lunes en un sendero muy popular de trekking en el Parque Nacional Torres del Paine.
Nota de The New York Times, traducción libre: Cuando los caminantes salieron del camping el lunes temprano, garuaba, había viento y la temperatura apenas superaba los cero grados en Torres del Paine, el parque nacional famoso por sus picos de granito y glaciares en la Patagonia chilena. Tenían por delante el tramo más difícil de la travesía.
Pero no tenían ni idea de que los iba a agarrar un “viento blanco” (tormenta de nieve) con ráfagas huracanadas de casi 200 km/h, y que no iban a poder ver a más de tres metros de distancia. En cuestión de horas, había más de dos docenas de heridos y cinco desaparecidos.
Al otro día, las autoridades confirmaron lo peor: los cinco desaparecidos —turistas de México, Gran Bretaña y Alemania— habían muerto.
En una conferencia de prensa el jueves, el fiscal regional de Magallanes, Cristián Crisosto, dijo que abrió una causa y que la policía le está tomando declaración al personal del parque, a la empresa Vertice (que maneja el camping conocido como “Los Perros”) y a 69 personas que estaban ahí el día de la tormenta.
Crisosto detalló que los cinco murieron de hipotermia y que otras 27 personas resultaron heridas durante el temporal.
Álvaro Elizalde, el ministro del interior de Chile, comunicó que el gobierno está coordinando con los consulados para repatriar los cuerpos de Cristina Calvillo Tovar y Julián García Pimentel (México), Victoria Bond (Gran Bretaña), y Nadine Lichey y Andreas Von Pein (Alemania).
La CONAF (Corporación Nacional Forestal) dijo el miércoles que lamenta profundamente el hecho y que están enfocados en evacuar a cualquiera que haya estado en el sendero afectado, el “Circuito O”, un recorrido exigente de unos 130 km que lleva ocho o nueve días. Los cinco fallecieron en el tramo conocido como el Paso John Gardner, la parte más alta y expuesta. La administración del parque avisó que el circuito va a estar cerrado mientras dure la investigación.
En una nota con medios locales el miércoles, Mauricio Ruiz, director regional de parques en Magallanes, admitió que no había guardaparques el lunes porque se habían ido el día anterior a votar en las elecciones presidenciales.
Describió la zona de la tormenta como “el área más compleja de la montaña”. Rodrigo Illesca, director del servicio de parques, le dijo a radio ADN que recién le avisaron de la emergencia a las 6 de la tarde del lunes.
Vertice, la concesionaria del camping, sacó un comunicado diciendo que contactaron a las autoridades y dieron apoyo logístico a los equipos de rescate. “Brindamos contención emocional a todos”, afirmaron.
Decenas de personas que estaban en el sendero y en el camping ese día criticaron duramente la falta de alertas y la respuesta ante la emergencia, que calificaron de tardía e insuficiente.
“Queremos dejar en claro que fue una tragedia terrible y evitable. A nadie se le debería haber permitido, y mucho menos alentado, subir al paso ese día, como hizo el personal de Vertice”, dijo el grupo en un comunicado que compartió uno de los sobrevivientes.
Según el grupo, el personal del camping no ofreció consejos de seguridad ni ayuda, ni siquiera después de que decenas de caminantes —obligados a pegar la vuelta por el clima— volvieran al camping con hipotermia, principios de congelamiento, golpes y lastimaduras en la cabeza.
“Parecía que no caían en la cuenta de lo que había pasado, para nada”, dijo Megan Wingfield, una de las sobrevivientes.
Wingfield, de 34 años, contó que ella y su marido (ambos anestesiólogos y fanáticos del trekking, de Colorado) habían llegado al camping Los Perros el domingo a la noche, con el plan de cruzar el Paso John Gardner al día siguiente.
No tenían señal de internet en el lugar, dijo, pero le preguntaron al personal si la lluvia y el viento eran normales para la época. Según ella, los empleados les aseguraron que las condiciones no eran inusuales y les recomendaron hacer el cruce entre las 8 de la mañana y el mediodía.
Tipo 6:45 a.m. del día siguiente, la pareja salió del camping, dijo Wingfield, bien equipados: ropa térmica, pantalones rompevientos, impermeables, botas de trekking y grampones, además de guantes, gorros y cuellos para cubrirse la cara.
A las pocas horas, contó, el viento era tan fuerte que ella y otros del grupo apenas podían mantenerse parados. Después, a menos de 200 metros de la cima del paso, tres chicos que venían en sentido contrario, con la barba llena de hielo, les advirtieron que era demasiado peligroso seguir.
“Todos llegamos a la misma conclusión: ‘OK, esto no lo hacemos'”, dijo.
El grupo pegó la vuelta. Entre ráfaga y ráfaga, se veía apenas a tres metros, y si no, a uno o dos. Tuvieron que bajar como pudieron por una pendiente de rocas empinada que se había transformado en una “pista de patinaje”, explicó.
Los cuerpos patinaban para todos lados. Un hombre se deslizó casi 15 metros de cabeza hacia una pila de piedras, contó Wingfield. “Gracias a Dios, la mochila pegó contra las piedras antes que su cabeza”, dijo. “Se levantó y dijo: ‘¿Me voy a morir hoy?'”.
El hielo, relató, tenía manchas de sangre. La gente gritaba mientras se chocaban unos con otros al resbalar. Cuando un hombre diabético colapsó, Wingfield y su marido lo envolvieron en una manta térmica, le dieron un puré de manzana y le rogaron que siguiera caminando.
Cerca de las 11:30 a.m., Wingfield y su marido habían vuelto al camping con decenas de personas más, muchos sangrando y golpeados, y casi todos con hipotermia leve. Había médicos en el grupo que se pusieron a atender a los heridos, agregó, pero el personal del lugar no ofreció asistencia, se negó a llamar para pedir ayuda y no quiso abrir una habitación para que el grupo pudiera entrar en calor.
Alrededor de las 12:30 p.m., dijo, los propios turistas organizaron un operativo de búsqueda y rescate para los que no habían vuelto. Algunos trataban de ver quién faltaba y a qué autoridades llamar. Unos pocos recordaban a uno de los caminantes, que después apareció muerto, cayéndose una y otra vez.
Recién pasadas las 3:30 p.m., otra turista, Arab Ginnett, posteó un pedido de ayuda en redes sociales. “Estamos atrapados por la nieve y todavía hay gente en el paso”, escribió. “Necesitamos ayuda urgente, hay escaladores y rescatistas en riesgo de muerte dada nuestra situación actual”, dijo.” Fuente: The New York Times
Responsabilidad
En Chile, la responsabilidad del Estado (en este caso, la Corporación Nacional Forestal – CONAF) se rige por la “Falta de Servicio” (Art. 42 de la Ley de Bases Generales de la Administración del Estado).
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¿Qué significa? El Estado debe responder si el servicio funcionó mal, tarde o no funcionó.
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El caso: El director regional admitió que no había guardaparques porque “fueron a votar”.
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El argumento legal: Si bien votar es un derecho (y en Chile a veces obligatorio), el servicio público de seguridad en un Parque Nacional de alto riesgo no puede interrumpirse. Debieron establecer “turnos éticos” o guardias mínimas.
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El nexo causal: Si hubiera habido guardaparques, ¿se evitaba la muerte?
B. La Responsabilidad de la Empresa (Vertice): Deber de Seguridad
Aquí entramos en la Ley de Protección al Consumidor (Ley 19.496) y la Ley de Turismo (Ley 20.423).
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Deber de Seguridad e Información: Los prestadores de turismo aventura tienen una obligación de resultado en cuanto a la seguridad, o al menos una obligación de medios calificada. No basta con alquilar el sitio; deben informar verazmente sobre los riesgos.
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Negligencia (Culpa): Los sobrevivientes dicen que el staff “los alentó” a subir y les dijo que el clima era “normal”. Si el pronóstico indicaba vientos de 200 km/h, esto es una negligencia grave.
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Contrato de Adhesión: Seguramente los turistas firmaron un waiver (exención de responsabilidad). En Chile (igual que en Argentina), esas cláusulas son nulas si hay dolo o culpa grave del prestador, o si atentan contra la seguridad física del consumidor en una actividad de riesgo donde confían en el experto.
C. ¿Culpa de la víctima? (Exposición imprudente al riesgo)
La defensa típica de la empresa y el Estado será decir que los turistas se expusieron al riesgo (“nadie los mandó a subir”).
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La refutación: Esta defensa se cae porque los turistas hicieron lo que haría un “buen padre de familia” (el estándar legal): consultar a los expertos antes de salir. Si el experto (Vertice) les dice “vayan, está todo bien”, se anula la imprudencia del turista. La confianza legítima estaba depositada en el operador del campamento.
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