¿Qué dice la ley nacional contra el acoso callejero?

Argentina caba de aprobar una ley que pena el acoso callejero contra la mujer, víctima de expresiones, a veces en forma de piropo, que socavan su libertad. Cuáles son las penas.

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La ley aprobada tipifica como ilícito la violencia contra las mujeres en el ámbito público, como aquella ejercida contra las mujeres, por una o más personas, en lugares públicos o de acceso público, como medios de transporte, o centros comerciales”.

Se tipifica como hechos delictuales los que consistan de conductas o expresiones, verbales o no verbales, que afecten o dañen su dignidad, integridad, libre circulación, permanencia y/o generen un “ambiente hostil u ofensivo”.

A partir de esto, por ejemplo, pasa a ser delito especialmente tipificado gritarle expresiones ofensivas a una mujer que aludan a su forma de vestirse, apariencia, invitaciones improcedentes o irrespetuosas o incluso en una discusión de tránsito cuando se profieran expresiones agresivas.

Es decir, el acoso callejero, los llamados piropos de obra o desde camiones pasan a estar penados, por implicar una conducta que degrade a la mujer. Para prevenir y actuar, ordena a las fuerzas de seguridad a actuar en protección de las mujeres en espacios públicos cuando se vieran afectadas por este tipo de delitos.

Y manda al Estado a implementar una línea telefónica que pueda dar asistencia y contención para las ofensas hacia las mujeres en el espacio público.

En forma reciente se conoció un caso de una empresa que despidió a unos trabajadores por gritar cosas en la calle como “Que hermosa que sos puta’ ‘No sabes lo que te haría’ ‘Que colita que tenés eh’ ‘Te invito a dormir conmigo’, etc.” La publicación de la denunciante se viralizó y la empresa los sancionó de ese modo.

Los empleados demandaron por el despido con causa, a los dos empleados involucrados, argumentando “un serio incumplimiento del deber de probidad, moralidad y buena fe”.

“Entendí probado, conforme a una serie de indicios, que era verdad -lo que denunciaba la víctima”, dijo la jueza. “Los empleados no negaron que fueran ellos los que se encontraban en ese camión, en ese lugar y hora”.

“Que los hombres hagan piropos aunque saben que incomoda a la mayoría de las mujeres, no habla bien de cómo enfrentan el rechazo”, expresa Roxana Martínez, en una publicación que manifiesta su postura: “El piropo como herramienta sexista por excelencia
Cuando el abuso se disfraza de halago”.

La ley nacional ahora tendrá un espejo local, porque en la ciudad auto ya se penaba el acoso callejero, réplica de otros países.

Aparte, se enseñará en la currícula educativa la gravedad del acoso callejero, es decir, a través del consejo federal de educación se enseñarán esos contenidos en las escuelas, dice la ley:

 

 

Además, recibió la sanción del Senado la ley que pena la violencia pública política contra las mujeres entendida como “aquella que, mediante métodos de presión, persecución, acoso y/o amenazas, impide o limita sistemáticamente el desarrollo propio de la vida política o el acceso a derechos y deberes políticos, desalentando o menoscabando el ejercicio político o la carrera política de las mujeres.”

 

 

Anexo con proyecto de ley contra la violencia política hacia las mujeres

CD-18/18
Buenos Aires, 16 de abril de 2019.
Al señor Presidente de la Honorable
Cámara de Diputados de la Nación.
Tengo el honor de dirigirme al señor
Presidente, a fin de comunicarle que el Honorable Senado, en la
fecha, ha sancionado el siguiente proyecto de ley que paso en
revisión a esa Honorable Cámara:
“EL SENADO Y CAMARA DE DIPUTADOS, etc.
Artículo 1º- El objeto de la presente ley es visibilizar,
prevenir y erradicar la violencia política contra las mujeres.
Art. 2º- Modifíquese el artículo 4º de la ley 26.485, que
quedará redactado de la siguiente manera:
„Definición. Se entiende por violencia contra las
mujeres toda conducta, por acción u omisión, basada en
razones de género, que, de manera directa o indirecta,
tanto en el ámbito público como en el privado, basada en
una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad,
dignidad, integridad física, psicológica, sexual,
económica o patrimonial, participación política, como así
también su seguridad personal. Quedan comprendidas las
perpetradas desde el Estado o por sus agentes.
Se considera violencia indirecta, a los efectos de la
presente ley, toda conducta, acción, omisión, disposición,
criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer
en desventaja con respecto al varón.‟
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CD-18/18
Art. 3º– Modifíquese la ley 26.485, incorporando al
artículo 5°, el siguiente inciso:
„6) Política: La que se dirige a menoscabar, anular,
impedir, obstaculizar o restringir la participación
política de la mujer, vulnerando el derecho a una
vida política libre de violencia y/o el derecho a
participar en los asuntos públicos y políticos en
condiciones de igualdad con los varones.‟
Art. 4º- Modifíquese la ley 26.485, incorporando al
artículo 6°, el siguiente inciso:
h) Violencia pública-política contra las mujeres:
aquella que, fundada en razones de género,
mediando intimidación, hostigamiento, deshonra,
descrédito, persecución, acoso y/o amenazas,
impida o limite el desarrollo propio de la vida
política o el acceso a derechos y deberes
políticos, atentando contra la normativa vigente
en materia de representación política de las
mujeres, y/o desalentando o menoscabando el
ejercicio político o la actividad política de
las mujeres, pudiendo ocurrir en cualquier
espacio de la vida pública y política, tales
como instituciones estatales, recintos de
votación, partidos políticos, organizaciones
sociales, asociaciones sindicales, medios de
comunicación, entre otros.‟
Art. 5º- Comuníquese al Poder Ejecutivo nacional.”
Saludo a usted muy atentamente.

 

Anexo con un extracto del debate parlamentario sobre la ley que pena el acoso callejero contra la mujer

Modificación de la Ley de Protección Integral para prevenir, sancionar
y erradicar la violencia con las mujeres (O.D. N° 1.019/18 y O.D. N°
1.024/18.)
Sr. Presidente (Pinedo).- Corresponde el tratamiento en conjunto de los
órdenes del día que por Secretaría se enunciarán.
Sr. Secretario (Tunessi).- Se trata del Orden del Día 1019. Comisiones de
Banca de la Mujer y de Población y Desarrollo Humano. Dictamen en el proyecto
de ley en revisión por el que se modifica la ley de protección integral para
prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (C.D.-32/17).
Y el Orden del Día 1024. Comisiones de Banca de la Mujer y de
Población y Desarrollo Humano. Dictamen en el proyecto de ley de la señora
senadora González y otros por el que se modifica la ley de protección integral
para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer. (S.-587/18).
Sr. Presidente (Pinedo).- En consideración.
Tiene la palabra la senadora Durango.
Sra. Durango.- La pidió primero la senadora González.
Sr. Presidente (Pinedo).- La senadora González tiene la palabra.
Sra. González, María Teresa.- Buenas noches, señor presidente.
Realmente muy conformes desde la Banca de la Mujer por todo el
trabajo realizado para poder llegar a un consenso con este proyecto de ley.
El principal objetivo del mismo es la protección integral para prevenir,
sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que
desarrollen sus relaciones interpersonales; una nueva modalidad de violencia.
Pretende visibilizar una problemática que se ha sedimentado y naturalizado,
principalmente, en los medios de transporte público, ámbito en el que el proyecto
busca legislar.
Desde sus orígenes, el concepto de acoso sexual estuvo muy ligado al
ámbito laboral. Sin embargo, actualmente puede ocurrir en una variedad de
circunstancias y lugares.
En nuestro país se encuentra especialmente vinculado a los espacios
públicos y también al transporte. En estos espacios se concentran una serie de
modalidades de acoso sexual y es así que se considera de especial relevancia
ampliar el espacio de ocurrencia de estas conductas, haciendo mención
específica en los distintos medios públicos, incluidos también los de transporte.
Es importante destacar que se registran 160 denuncias de casos de acoso
y abusos diarios en medios de transporte público; y otros tantos en distintos
espacios públicos.

Asimismo, es importante también destacar que esta ley va a cubrir y a
proteger a un sinnúmero de mujeres que, en este momento, realmente están
carentes de este derecho, que vamos a tener –si Dios quiere y todas las
compañeras aquí lo votan– a partir de este momento.
Quisiera destacar este proyecto de ley, ya que realmente es un avance
muy importante para el género y cubre un espacio muy importante que, hasta
este momento, no lo teníamos. Muchas gracias.
Sr. Presidente (Pinedo).- Gracias, señora senadora.
Senadora Durango, creo que tiene la palabra.
Sra. Durango.- Iba a cerrar como presidenta de la Banca.
Sr. Presidente (Pinedo).- Ah, iba a cerrar, no, no, no…
Senadora González: tiene la palabra.
Sra. González, Nancy.- Gracias, señor presidente.
Me voy a referir específicamente al proyecto de violencia política.
Realmente hoy puedo decir que me invade un gran sentimiento al poder estar
tratando este proyecto. Es una iniciativa que presentamos allá por 2016, que tuvo
un gran recorrido y un gran debate dentro de esta Cámara. Realmente tengo que
agradecerles a las integrantes de las comisiones de Población y Desarrollo
Humano y de Banca de la Mujer, que tuvieron toda la predisposición siempre
para que el proyecto pueda ser tratado.
Como dije anteriormente, pasaron casi tres años desde que lo presenté
por primera vez, porque luego lo tuve que volver a replicar. Lo presenté cuando
realmente me alarmaron la cantidad de sucesos que se observaban en nuestra
arena política y en la sociedad, en los medios masivos de comunicación, sobre
la violencia política que se ejercía contra las mujeres.
Realmente nuestro país es un país profundamente político. Es un país tan
profundo en materia de política, que me animaría a decir que es uno de los
países de América Latina que más trayectoria política tiene.
Sin embargo, las mujeres históricamente hemos sido invisibilizadas de los
espacios políticos. Hemos tenido que salir a la calle para exponer nuestro
reclamo, para conquistar nuestros derechos; derechos que parecen elementales,
pero muchas veces realmente no han sido tenidos en cuenta.
A lo largo de nuestra historia, hemos tenido roles importantísimos en
materia política argentina. Por ejemplo, el rol fundamental que han tenido en el
regreso de la democracia las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, íconos
mundiales por la defensa de los derechos humanos.
Ejemplo de mujeres que, en su mayoría, estaban abocadas a la crianza
de sus hijos y a los roles domésticos. La política no era un arco para ellas en ese
momento. Sin embargo, no dudaron en pensar estrategias; y llevar a cabo esas
estrategias para poder encontrar a sus hijos y a sus nietos.
A estas mujeres las llamaban “las locas”, “las locas de la Plaza de Mayo”.
Fueron el ícono de la resistencia y creo que el ejemplo de la Justicia para todo
el mundo. Hicieron de la experiencia política un ícono en su vida y nos mostraron
el potencial que las mujeres pueden tener en la política.
Realmente, las mujeres hemos tenido que salir a la calle y un ejemplo es
el de hace cuatro años cuando salimos todas a la calle a decir “Ni una menos”.
Ojalá que este debate que estamos dando hoy, que es de violencia política
para las mujeres, lo pudiéramos dar para todos los géneros. Ojalá que cada
grupo social, cada colectivo, pueda encontrarse representado en este recinto.
Esto hablaría de nuestra democracia y de una democracia más participativa. Sin
embargo, mientras no erradiquemos la violencia de género, mientras la
persecución, el hostigamiento y la violencia psicológica sean moneda corriente
en los espacios políticos, la participación de las minorías va a seguir siendo
vulnerada.
Es realmente impresionante observar cómo la violencia política es un
rasgo transversal en todas las mujeres que participamos en política, desde la
borracha hasta la vieja loca que está sola. Todas las mujeres que estamos en
política tenemos que soportar múltiples violencias y discriminaciones por materia
de género.
Las mujeres que estamos en política tenemos que soportar muchas veces
que nuestras hijas y nuestros hijos sean perseguidos porque sus padres están
en política, cosa que al hombre que está en política rara vez le pasa.
Si seguimos presentando a la política como un espacio hostil para que las
mujeres participen, realmente creo que cada vez van a ser menos las mujeres
que quieran participar. Es por eso que es muy importante este proyecto de ley.
¿Qué mujer va a querer participar si el día de mañana sabe que van a ser
perseguidos sus hijos o que van a tomar revancha sobre sus hijos por la
participación política de la madre?
Realmente yo les pido a todas las mujeres que acompañemos este
proyecto. Y también les pido a mis compañeros senadores hombres que
reivindiquemos las políticas, que reivindiquemos nuestro género y les digo que
apoyando este proyecto de ley no estamos beneficiando a tal o cual política sino
que creo que estamos beneficiando a todas las mujeres que hacemos política.
Sé que es un proyecto que no se quiso tratar por mucho tiempo, que por
ahí no querían que la comisión se reúna, porque se creía que iba dirigido a tal o
cual política –vuelvo a decir. Pero este proyecto de ley no fue redactado
animosamente para defender a nadie; fue redactado, presentado y defendido
para todas las mujeres que estamos en política y para todas las mujeres que se
van a animar a hacer política después de que dejen de ser perseguidas.
Gracias compañeros.
Sr. Presidente (Pinedo).- Gracias, senadora.
Tiene la palabra la senadora Catalfamo.
Sra. Catalfamo.- Muchas gracias, señor presidente.
Finalmente hoy, después de tantas idas y vueltas, de esperar que sea
nuestro turno y frente a una sesión especial que no era la acordada, estamos
debatiendo dos proyectos de género sumamente importantes que ya contaban
con dictamen desde el año pasado.
Como mujeres que fuimos elegidas por nuestros pueblos a través del voto
popular tenemos la necesidad imperante de hacer valer nuestra voz. Por eso,
aquellas mujeres que participamos de las reuniones de labor parlamentaria
tenemos el total apoyo de las demás compañeras; y quiero agradecer lo de
Banca de la Mujer, para intentar que en las sesiones ordinarias, que es el
objetivo, se traten distintos proyectos de género con la misma relevancia que se
tratan otros y que la verdad hemos pensado en muchos legisladores.
Quizás no esté de más recordar que de veintidós bloques que integran
este Senado solamente siete son presididos por mujeres; que de esos siete,
cinco son monobloques y dos están conformados por dos legisladores. La verdad, ojalá que los nuevos tiempos traigan a esta casa más mujeres que nos
ayuden a visibilizar los distintos problemas que tenemos en la sociedad.
Particularmente pienso que si bien las leyes de cupo femenino han sido
un gran aporte para que las mujeres podamos ocupar cargos públicos, me
parece que no es suficiente y que debemos seguir luchando por una verdadera
igualdad.
Como parte del colectivo de mujeres, como joven comprometida con la
política, intento que esto sea un pilar de mi tarea legislativa y así lo voy a seguir
llevando adelante mientras dure mi mandato. Porque realmente creo que la
igualdad es un derecho, porque considero que las mujeres debemos tener los
mismos derechos que los varones, los mismos canales de participación y de
toma de decisiones, porque nos lo merecemos, porque somos mujeres y porque
participamos activamente en la lucha por los derechos de toda la gente.
Por suerte, también hay muchos hombres en este Senado, muchos
compañeros senadores que creen y consideran lo mismo y que nos apoyan en
cada paso.
Mire, señor presidente, hace ya más de un año presenté un proyecto de
igualdad de género que fue apoyado por varios senadores, y quiero aprovechar
la ocasión para pedir por favor que las cuatro comisiones a las que fue derivado
el proyecto le den tratamiento. Porque realmente me parece excesivo y de esta
forma los proyectos de género no van a salir.
Específicamente hoy nos encontramos abordando dos iniciativas que
buscan mejorar la ley 26.485, de protección integral para prevenir, sancionar y
erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus
relaciones interpersonales.
Esta ley fue sancionada hace ya diez años y hoy se buscan incluirle dos
nuevas modalidades: la violencia política contra las mujeres y la violencia contra
las mujeres en el espacio público, lo que comúnmente conocemos como acoso
callejero.
Considero muy importante incluir estos dos tipos de violencia, porque
vivimos dentro de una sociedad y como sociedad debemos llamar a las cosas
por su nombre. Porque la verdad, en el momento en el que le colocamos
palabras a las agresiones, estas dejan de estar solapadas o invisibilizadas.
Debemos establecer en forma expresa que el no respeto a las mujeres y
a las niñas en los espacios públicos es una forma de violencia, se llama acoso
callejero y que debe ser erradicado de nuestra cultura. Todas hemos padecido
este tipo de agresión; no se trata de un piropo; es una forma de violencia. Antes
nos daba vergüenza quizás y por eso callábamos, pero ya no más.
Respecto de la violencia política, como bien lo explicó la senadora
González, esta es la que sufrimos las mujeres que ocupamos distintos cargos
dirigenciales, cargos electivos, reconociendo el espacio político como un ámbito
más donde se desarrollan nuestras relaciones interpersonales.
Las mujeres que hemos sido elegidas por el voto popular, que formamos
parte de un gobierno, formamos parte de un proyecto político, somos elegidas
por el pueblo, como mencionaba, somos objeto de este tipo particular de
violencia donde se ensucia nuestra imagen, se ensucia nuestro honor, donde se
nos cuestiona nuestras decisiones, incluso nuestra capacidad de acción y
nuestro conocimiento.

No muchos nos evalúan a partir de la disputa legítima del poder, o como
decía Eva Perón, “En la elaboración política de los destinos de un país”. Por eso,
personalmente, en este punto valoro tanto la actitud del gobernador de mi
provincia, Alberto Rodríguez Saá, quien siempre nos dio a las mujeres un
espacio privilegiado, sobre todo a las jóvenes mujeres, para participar de las
discusiones políticas, donde tenemos libertad de acción, de ejecución y apoyo
incondicional.
A lo largo de los últimos años las mujeres hemos logrado una autonomía
que tiene un correlato social de violencia, que lamentablemente va en escala
hasta llegar al punto extremo del femicidio. El aumento de las tasas de crímenes
contra las mujeres por el solo hecho de ser mujer, es alarmante. En los primeros
tres meses del año 2019 hubo setenta y dos muertes de mujeres. Esta situación
es gravísima, y por eso muchos legisladores hemos presentado distintos
proyectos en torno a declarar la emergencia en este ámbito, que ojalá también
sean tratados.
Pero volviendo al tema, el poder en la mujer aún hoy está mal visto y son
muchos los interrogantes que surgen dentro de una sociedad, sobre todo
vinculados a la moralidad de la persona: si es honesta, si es lo suficientemente
femenina, si cumple como corresponde las tareas del hogar, de la casa,
familiares; si llegó al lugar que ocupa por idoneidad, por mérito propio o si lo hizo
por ser la mujer de, la hermana de, o la hija de, como lamentablemente sucede
en mi provincia, señor presidente, con distintos medios de comunicación
opositores que, ¿sabe qué presidente?, responden a uno de sus senadores.
Por supuesto, como decía también la senadora González, estos son
interrogantes que jamás vienen para los hombres.
En fin, hoy es un día muy importante. Espero que se aprueben estos
proyectos y ojalá que otros proyectos que quedaron al margen puedan ser
incorporados en la próxima sesión.
La verdad es que me hubiera gustado que estuviera sentada en ese lugar
la señora presidenta de este cuerpo, porque ella es mujer, es una mujer con
poder y me parece que tiene la responsabilidad moral e institucional de apoyar
los proyectos de género con el mismo valor que se apoyan otros proyectos que
se tratan en esta casa, mientras que lamentablemente estos se tratan con menor
relevancia. Muchísimas gracias.
Sr. Presidente (Pinedo).- Gracias.
Tiene la palabra la senadora Kunath.
¿No pidió la palabra?
Sra. Kunath.- Gracias, presidente.
Simplemente quiero reafirmar lo que decía la senadora Catalfamo. La
verdad que no tenía previsto hablar, porque será la senadora Durango la que va
a hacer el cierre. Pero voy a ratificar una vez más aquí en el recinto la necesidad
de que todos los temas de género sean tratados de la misma manera y con el
mismo entusiasmo que los demás temas de agenda de este Senado.
La verdad es que creo que el Senado ha planteado, a través de la Banca
de la Mujer pero también a través de distintas comisiones temáticas, una
interesantísima agenda de género. Hoy, sin más, hemos tenido un interesante
plenario de comisiones donde se han dictaminado distintos proyectos, así que la
verdad, quiero pedir que nuestros temas también sean tratados del mismo modo;
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que no sean los temas de género o de las mujeres sino que sean los temas de
agenda de este Senado.
Así que acompaño esta idea y obviamente también ratifico mi
acompañamiento a los dos proyectos que estamos tratando en este momento.
Gracias presidente.
Sr. Presidente (Pinedo).- Gracias a usted, senadora.
Senadora Boyadjian, tiene la palabra.
Sra. Boyadjian.- Muchas gracias, señor presidente.
La verdad es que como las senadoras preopinantes también celebro que
en este momento estemos considerando temas que tienen que ver con la agenda
de género que tanto veníamos solicitando.
La verdad es que estar incorporando dentro de la ley 26.485 dos aspectos
que hablan de tipos de violencia contra la mujer −violencia en el espacio público
y violencia en el ámbito político− es de suma importancia.
Nosotros trabajamos muchísimo el tema con las senadoras y senadores
que participaron tanto en la Banca de la Mujer como en la Comisión de Población
y Desarrollo, que presido, y la verdad es que es por demás interesante y por
demás importante para visibilizar lo que está sucediendo en todos los rincones
de nuestro país.
La verdad es que también hay que agradecer el trabajo de militancia de
muchas agrupaciones de mujeres de diferentes partes del país, quienes nos han
acompañado levantando la voz para ser escuchadas, para ser oídas en sus
reclamos de igualdad de derechos.
También necesitamos agradecer al equipo técnico que ha enriquecido
este proyecto desde el Instituto Nacional de las Mujeres, que ha aportado lo suyo
para que este abordaje sea óptimo y lo que realmente necesitamos.
La verdad es que habla a las claras de un reclamo sobre diferentes
aspectos que aún no son tratados.
Hoy trabajamos sobre este proyecto de acoso callejero que además de
definir la violencia en espacios públicos o de acceso público y espacios
comerciales, también establece la línea telefónica gratuita de contención,
información y asesoramiento gratuito coordinada con las provincias, junto con la
colaboración del INAM. También plantea la articulación en materia educativa, a
fin de concientizar que esta es una problemática que como sociedad tenemos
que abordar seriamente si no queremos que sigan sucediendo hechos, como los
femicidios que vemos a diario.
Por otro lado, en relación con el proyecto de violencia política,
incorporamos a los tipos de violencia contra las mujeres el tipo político. También
incorporamos la modalidad de violencia contra la mujer dentro de la modalidad
política.
Creo que podemos seguir hablando de muchas cosas. Pero hoy es
importante que estemos trabajando, visibilizando más que preocupados,
ocupándonos de lo que debemos ocuparnos como mujeres y como varones,
como senadoras y como senadores, honrando a las mujeres.
Es un largo camino el que tenemos por recorrer. Pero creo que la
verdadera igualdad de derechos, que se está pidiendo a gritos en todos los
ámbitos, ya es una realidad que se va a dando paso a paso, y creo que no vamos
a retroceder. Espero que así sea.
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Estoy convencida de que la aprobación de estas dos incorporaciones en
la ley 26.485 contribuirán a construir una sociedad realmente como necesitamos:
una sociedad con igualdad de derechos, una sociedad equitativa, una sociedad
donde las mujeres seamos libres. Muchas gracias.
Sr. Presidente (Pinedo).- Gracias, senadora.
La senadora Odarda tiene la palabra.
Sra. Odarda.- Gracias, señor presidente.
Hoy es un día histórico, porque estamos tratando estos dos proyectos
cuya consideración veníamos dilatando, a pesar de que son absolutamente
necesarios. Así que felicito a las autoras.
Yo he participado como firmante o coautora de ambos proyectos, y
realmente quiero felicitar especialmente a la senadora Nancy González, quien le
puso mucho garra para que estos proyectos pudieran tratarse, al igual que a la
presidenta de la Banca de la Mujer.
Como una expresión quizás dramática de lo que fue la violencia política
hace muchos años, recuerdo aquella inscripción en un paredón que decía “Viva
el cáncer”, cuando Eva Perón −Evita− se estaba muriendo muy joven. Esa
expresión significó la manifestación de violencia política que a mí me marcó en
toda mi vida política, lo que sufren las mujeres que en razón de su género nos
dedicamos con todo el amor que tenemos a esta noble actividad que es la
política.
No solamente Evita sufrió violencia política. Quizás también la sufrieron
las primeras mujeres que se animaban a dar esos primeros pasos en la
Universidad, por ejemplo, o en los partidos políticos. O aquella mujer que por
primera vez dijo “Yo voy a votar”.
Y para todas, para todas ellas, seguramente había epítetos, insultos;
había violencia, violencia política.
La expresidenta de la Nación sufrió violencia política. Recuerdo esa
revista que mostraba imágenes de la expresidenta que merecieron el repudio de
la Banca de la Mujer, que conformábamos las mujeres de todos los partidos
políticos de este Senado.
Muchas mujeres, concejales, legisladoras, diputadas, senadoras,
militantes, son víctimas de violencia política, de epítetos como “vieja”, “loca”,
“histérica”, “abandónica” −nos dicen que abandonamos a nuestros hijos porque
nos dedicamos a la política; nada más injusto−, “gorda”, “puta”, “yegua”, “tonta”
y tantos otros calificativos. Seguramente, señor presidente, por más que el
debate y la diferencia ideológica sean muy profundos, si se da entre dos hombres
le puedo asegurar que ninguno de ellos se dirige al otro contrincante con esos
epítetos. Pero a las mujeres sí nos toca escucharlos y padecerlos.
Por eso, decimos una vez más que no nos vamos a callar más.
Yo, señor presidente, sufrí y sufro violencia política, y no me avergüenzo
en decirlo. Pero con esta ley vamos a tener una herramienta, una herramienta
más para combatir ese tipo de violencia hacia las mujeres en razón del género.
Por eso celebro nuevamente que hoy estemos debatiendo estas leyes,
porque son necesarias, porque creemos en la democracia y en el Estado de
derecho, y creemos que las mujeres tienen exactamente los mismos derechos
que los hombres. Muchas gracias, señor presidente.
Sr. Presidente (Pinedo).- Muchas gracias a usted, señora senadora.
Senadora Durango, tiene el cierre.
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Sra. Durango.- Muchas gracias, señor presidente.
La verdad es que no debería ser necesario valorar el tratamiento en este
recinto de los proyectos de ley relativos a las temáticas urgentes y necesarias
para las mujeres. Por un lado, porque este tratamiento debería ser natural,
acostumbrado, no extraordinario como lo hemos pedido. Y, por el otro lado,
porque la emergencia y la tarea de conseguir por ley derechos inaplazables que
garanticen la salud, el bienestar, la dignidad, la seguridad, la integridad y la
supervivencia implican que la vida de las mujeres en nuestro país sigue estando
en riesgo.
Adhiero a las palabras de las compañeras preopinantes. Sin embargo,
como presidenta de la Banca de la Mujer y como militante por los derechos de
las mujeres reivindico hoy el tratamiento de cuestiones importantes que tienen el
objetivo de visibilizar problemáticas y ofrecer resguardo de los derechos.
También quiero reconocer el plenario que hubo hoy por la mañana, donde
se pudieron hacer los dictámenes de varios proyectos, los que pedimos que sean
tratados en las próximas sesiones ordinarias. Y también le pido que logre que
los senadores y las senadoras bajen al recinto para poder votar estas leyes.
Voy a ser muy breve porque hace muchas horas que estamos sesionando.
En cuanto al proyecto de acoso sexual callejero, quiero decir sin miedo a
equivocarme que la mayoría de las mujeres, a lo largo de nuestras vidas, hemos
sido víctimas de este tipo de acoso por parte de los varones; varones que tratan
a las mujeres como simples objetos de deseo en un espacio que históricamente
les es propio, que es la calle. La cultura patriarcal se fundamenta en la división
de lo público y lo privado y la asignación de roles que se le da a cada persona
en esos espacios. Así lo público-político ha sido ocupado por los varones
mientras que el espacio privado doméstico ha sido asignado a las mujeres. Por
eso, aún hoy, la forma de interacción en la esfera pública de mujeres y varones
sigue basada en una relación desigual de poder.
En realidad, con relación al proyecto de violencia política, todas las
mujeres que estamos en este recinto podríamos hablar horas de ese tipo de
violencia; todas lo hemos sufrido. Y cada una de las mujeres militantes de base
y territoriales en algún momento de su tarea militante o de participación política
partidaria han sufrido, en menor o mayor medida, algún grado de violencia
política.
¿Quién de nosotras no se sintió invisibilizada o no sufrió la violencia de
los medios por ser mujeres? Desde Evita hasta la expresidenta Cristina
Fernández de Kirchner, todas la hemos sufrido. Por estas razones y tratando de
ser lo más breve posible para poder votar los dos proyectos, solicito el
acompañamiento de todas y todos los senadores presentes.
Sr. Presidente (Pinedo).- Senadora Gladis González, tiene el cierre del debate.
Sra. González, Gladys.- Gracias señor presidente. Para repasar, hoy estamos
tratando dos proyectos que tienen el mismo objetivo, que es seguir
profundizando nuestra lucha contra la violencia de género. Si aprobamos estos
dos proyectos habremos modificado la Ley 26.485 que, como ya dijeron todas y
lo recuerdo, es la ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar
la violencia contra las mujeres, reconociendo dos modalidades de violencia de
género como es: el acoso callejero y la violencia política.
De esta manera, otra vez, como lo hace la ley, nos estamos obligando
como Estado a implementar políticas públicas concretas para que las mujeres
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podamos caminar por la calle tranquilas sin sufrir acoso y para que las mujeres
podamos participar en la vida política de nuestro país sin amenazas, sin
menoscabos, sin discriminación y en igualdad. Por supuesto, sin esos
desincentivos permanentes que hay a la participación política de las mujeres. Lo
estamos haciendo pensando en lo que venimos trabajando: en educar para
prevenir; en capacitar, como hicimos con la ley Micaela; en concientizar; en
asistir a la víctima, lamentablemente luego; y en sancionar.
Cuando hablamos de participación política en igualdad pareciera que es
una realidad, más si lo estoy diciendo yo que soy una mujer, senadora nacional,
sentada en este lugar hoy. Y la verdad es que la mayoría de nosotras las mujeres
hemos sufrido violencia política hasta llegar aquí y aun estando aquí, o hemos
presenciado violencia política. Recuerdo, cuando era diputada de la Nación, que
a una diputada que había ingresado por el cupo del 30 por ciento se le estaba
exigiendo –se le exigía, lo logramos evitar en conjunto con mujeres de todos los
bloques– que renuncie para que asuma el varón inmediatamente siguiente. Y la
verdad que fuimos las mujeres quienes nos unimos para evitar eso; luego el
Congreso reaccionó y hoy tenemos leyes que lo impiden. Pero –estoy segura–
esta sigue siendo la realidad –se le llama “mujeres de paja”– seguramente de
muchas concejalas y legisladoras provinciales de algunas provincias que
todavía, por ejemplo, no tienen la ley de paridad.
Hemos visto reiteradamente situaciones de violencia política cuando una
mujer llega a un lugar de poder y dicen: Llegó ahí porque se acostó con alguien
que tiene poder. Obviamente, alguien que es un varón con poder. O, cuando
las mujeres se postulan para cargos de poder, se les niega o tienen prejuicios
sobre ese lugar, porque son mujeres, simplemente; porque van a ser madres o
porque son madres; porque van a pedir licencia o porque tienen el período de
lactancia; o simplemente porque son más débiles y son cargos para machos.
Recuerdo perfectamente –y es un recuerdo muy cercano– cuando a María
Eugenia Vidal le decían Heidi porque no podía ser candidata de una provincia
como la de Buenos Aires. Por supuesto, que no iba a ganar la elección ni
tampoco iba a poder administrar la provincia porque era mujer y era un tema
para los barones del conurbano, los lugares de machos. Eso lo sufrimos todas.
La verdad es que a veces nos dicen: pero ustedes ya tienen la ley de
paridad. Sí, la ley de paridad es un gran avance, sin duda; ahora, es la evidencia
de que todavía necesitamos una ley de paridad para garantizar la representación
igualitaria. Y no estamos buscando solamente representación y estar sentadas
acá, estamos buscando, como dijeron recién mis compañeras, ser escuchadas
con la misma fuerza que son escuchados los varones. Ese va a seguir siendo
nuestro desafío a pesar de la ley de paridad.
Además de ser escuchadas, a hacer oír las voces de las mujeres
argentinas, fundamentalmente de las mujeres que son víctimas. Y para esto
ahora me refiero a la ley de acoso callejero; las mujeres que somos, que hemos
sido y que son víctimas de acoso callejero.
Aquí quiero pedirle algo a los hombres; nosotros hacemos política,
salimos a la calle, hablamos con los vecinos, escuchamos a la gente de nuestro
pueblo, de nuestra provincia y, si realmente queremos hacer las cosas bien, nos
ponemos en el lugar del otro para entender lo que al otro le pasa, venir y tomar
las mejores decisiones. Acá le pido a todos los varones de esta Cámara que por
un momento se pongan en el lugar de las mujeres, solo por un momento; desde
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que las mujeres salimos solas a la calle tenemos miedo. Y no estoy hablando del
miedo a que nos roben, estoy hablando del miedo, por ejemplo, a subirte al subte
o a un colectivo lleno de gente; vas parada y tenes que hacerte flaquita por miedo
a que un tipo se te ponga atrás y te apoye. Miedo a subirte a un taxi a la noche
y que –de repente– te toque un tipo que es un grosero y decís: Dios mío, me
quiero bajar de este taxi. Se te cruza por la cabeza que te tenés que tirar del taxi.
Gracias a Dios, hoy existen los teléfonos y le mandás la localización on line –el
que tiene teléfono– a la persona que te espera para decir: estoy llegando.
O cuando éramos chicas e íbamos a la escuela super temprano, cuando
todavía estaba oscuro, y tenías miedo porque había un tipo que –en el mejor de
los casos era grosero– te seguía y decías: Dios mío, ¡cuándo llega la puerta de
la escuela! O simulabas que era el zaguán de tu casa, entonces te frenabas a
ver si el tipo se iba. O cuando éramos chicas –no sé si ustedes iban al corso de
su pueblo o al carnaval– y te encantaba jugar con espuma, pero no soltaba la
mano de mi mamá porque los varones, como una gracia, te llenaban los ojos de
espuma para tocarte la cola. Eso es lo que siempre nos ha pasado; eso es lo
que les pasa a las mujeres hoy en el colectivo, en el taxi o cuando caminamos
solas por la calle.
Por eso es que les pido a todos que, por un momento, se pongan en el
lugar de las mujeres; por un momento se pregunten si alguna vez ustedes –
varones– sintieron ese miedo. ¿Alguna vez ustedes –varones– sintieron ese
miedo de caminar por la calle y que alguien los persiga, que alguien les quiera
tocar la cola o que alguien los apoye en el colectivo?
Ahora, seguramente, hay algunos que deben estar mirándome y deben
decir: Ahí está otra vez esta boluda hablando de cuestiones de género. A todos
ellos que están mirándome y diciendo eso les digo: una sociedad que piensa que
lo que estamos discutiendo son pavadas, que lo que estamos discutiendo es
normal o natural, que no es importante, que se burlan, que se ríen y que ahora
salen a hacer todos los típicos memes, es una sociedad cómplice; es una
sociedad que no está haciendo nada para evitar la más trágica de las
expresiones del machismo que es el femicidio. Gracias.
Sr. Presidente (Pinedo).- Gracias senadora.
Senadora Durango, tiene la palabra para hacer un comentario sobre la
votación, sino lo hago yo.
Sra. Durango.- ¿Es por un cambio?
Sr. Presidente (Pinedo).- Sí, es por un cambio.
Sra. Durango.- La senadora González lo va a hacer.
Sr. Presidente (Pinedo).- Si quieren, la hago yo.
Hago el comentario yo.
Sra. Durango.- Cómo quiera.
Sr. Presidente (Pinedo).- Son dos proyectos que modifican la misma ley; dado
que el primer proyecto agrega un inciso, hay que cambiar el nombre del inciso
modificado en el segundo proyecto.
Sra. Sacnun.- ¡Presidente!
Sr. Presidente (Pinedo).- Senadora Sacnun.
Sra. Sacnun.- La verdad es que no sé si se entendió, pero las mujeres le están
pidiendo la palabra para hablar y hacer el cierre y usted se arroga el tema del
cierre. La senadora que quiere hacer el cierre es autora de uno de los proyectos.
Me parece que corresponde que la senadora lo haga.
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Sr. Presidente (Pinedo).- No, está equivocada, señora senadora. La senadora
abrió el debate. El cierre lo tengo anotado acá.
Sra. Sacnun.- El cambio, presidente, por favor.
Sr. Presidente (Pinedo).- Pero ya habló la senadora González, usted no estaba
presente.
Sra. González, Nancy.- El cambio del inciso.
Sr. Presidente (Pinedo).- Tiene la palabra la senadora Nancy González.
Sra. González, Nancy.- Señor presidente: para que quede claro, en el proyecto
de acoso callejero, que modifica la ley 26.485, el artículo 6° tiene el inciso “g”.
Entonces, en la ley de violencia política, que tiene el inciso “f” bis, lo tenemos
que correr y que en su lugar sea inciso “h”.
Para que quede claro, señor presidente.
Sr. Presidente (Pinedo).- Lo ha explicado usted perfectamente.
En esas condiciones vamos a votar las dos cosas en conjunto, en general
y en particular, sin perjuicio de lo cual voy a aclarar que el primero se hace ley y
el segundo pasa a la Cámara de Diputados. Así que vamos a votar en general y
en particular los dos órdenes del día en una sola votación, con la modificación
mencionada por la senadora Nancy González.
– Los dictámenes en consideración, cuyos textos se
incluyen en el Apéndice, son los siguientes:
Modificación de la ley de protección integral para prevenir, sancionar y
erradicar la violencia contra las mujeres. (O.D. N° 1.019/18.)
Modificación de la ley de protección integral para prevenir, sancionar y
erradicar la violencia contra la mujer. (O.D. N° 1.024/18.)
POSICIÓN DE LA SEÑORA SENADORA GARCÍA LARRABURU
Señora presidente:
Las mujeres de hoy somos conscientes de la gran cantidad de desafíos que hemos
tenido que afrontar para conquistar espacios de equidad. Cada uno de nuestros avances,
tuvieron como objetivo principal la necesidad de lograr una sociedad más justa, libre de violencia
y caracterizada por el principio de igualdad.
Hemos demostrado capacidad e idoneidad en cada uno de los lugares que ocupamos,
sin embargo a diario somos testigos de grandes resistencias. Por ello, para romper con las
prácticas machistas que sólo contribuyen a la descomposición social, es necesario continuar
identificando los distintos tipos y modalidades de violencia.
Con la sanción de la ley 26.485, el Estado logró instituir una herramienta fundamental
tendiente a proteger todo tipo de violencia contra las mujeres, acompañando a la par el bienestar
y desarrollo pleno de la sociedad. Esta norma logró contundentes resultados, sin embargo
debemos continuar avanzando hacia el develamiento de los distintos tipos y modalidades de
violencia que existen.
Hoy buscamos ampliar el alcance de esta ley tan importante y dar sanción a la
modificación que establece el acoso callejero como modalidad de violencia contra las mujeres y
niñas en los espacios públicos.; así como la media sanción de la violencia política como otro tipo
de violencia.
El acoso callejero siempre ha querido instalarse como forma de halago o apreciación
positiva de la imagen de las mujeres, sin embargo con esta excusa se profieren groserías,
comportamientos intimidantes, ofensivos e incluso agresivos, ya que llevan como correlato
contenido sexual explícito o implícito.
El cierre del paso, el autoerotismo en público, el exhibicionismo, el rozamiento
disimulado, el seguimiento, entre otras prácticas realizadas hacia la mujer, son hechos que se
afrontan cotidianamente y que invaden la integridad emocional de quien lo sufre.
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Las mujeres tenemos derecho a circular libremente por la vía pública sin recibir
comentarios que no deseamos. Según un relevamiento de la organización MuMaLá, de totalidad
de las mujeres encuestadas el 100 por ciento de los casos señala que han atravesado alguna
situación de acoso en la vía pública; el 70 por ciento dijo haber recibido algún comentario sobre
su apariencia; el 59 por ciento ha recibido algún gesto vulgar; el 51 por ciento sufrió un comentario
sexualmente explicito; el 47 por ciento la siguieron en la vía pública; al 37 por ciento un hombre
le mostro sus genitales en el espacio público y al 27 por ciento un hombre se masturbó frente a
ellas.
Del mismo modo que las denuncias por violencia contra la mujer se han ampliado,
gracias a la visibilización social, la aprobación de esta norma contribuirá a que se ponga un freno
al acoso callejero.
En este mismo sentido quiero expresar mi acompañamiento a la incorporación de la
tipificación de la violencia política, una gran iniciativa que intenta hacer eco de un tipo de violencia
que hemos sufrido todas las mujeres que estamos en esta casa.
– Se practica la votación por medios electrónicos.
Sr. Secretario (Tunessi).- Para los órdenes del día 1019 y 1024 se registran
afirmativos, 50 votos; negativos, 0 votos y 0 abstenciones. Unanimidad.
(Aplausos.)
– El resultado de la votación surge del acta
correspondiente.16
Sr. Presidente (Pinedo).- Han resultado aprobados. Se realizarán las
comunicaciones correspondientes.
No habiendo más asuntos que tratar, se levanta la sesión.

 

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