Estacionar en doble fila: entre la viveza y riesgo innecesario

Una costumbre muy arraigada entre los conductores, en especial en las grandes ciudades, que está prohibida y que puede tener consecuencias peligrosas.

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Porque es solo un trámite de dos minutos y no hay dónde parar, porque estamos esperando a alguien que fue al banco y vuelve, porque nos encontramos con una amiga que caminaba por la vereda de enfrente y nos detuvimos para saludarla, porque hay que comprar algo en la farmacia urgente…

Las razones para estacionar en doble fila son tantas como variada es la imaginación humana. Este acto, puede tener consecuencias inesperadas.

De hecho, en la era prepandemia, solía armarse un caos en las puertas de algunas escuelas a la hora de salida: todos los progenitores que llegaban a buscar a un niño se consideraban en el derecho de abandonar el auto en cualquier lado, obstruyendo no solo el normal tránsito, sino también la salida de los autos lícitamente estacionados.

Esto no se trata de una decisión alegre, canchera ni menor: el riesgo de provocar un accidente es muy alto y, en caso de que ocurra, el conductor que dejó el auto librado a su azar en doble fila se hará responsable por los daños causados.

 

Estacionar mal, terminar peor

A veces por ganar unos pocos minutos terminamos perdiendo mucho tiempo. Como le ocurrió en 2018 a un conductor de un Volkswagen Voyage que paró en doble fila en una avenida de la Ciudad de Buenos Aires.

Para agravar la situación, no colocó las balizas reglamentarias.

Su acompañante abrió la puerta para bajar sin mirar por el espejito lateral (ni de ninguna otra manera, digamos).

Una motocicleta Yamaha que circulaba de manera lícita no previó ese obstáculo que llegaría de repente e impactó contra la puerta. El resultado: lesiones que incapacitaron al conductor de la moto a trabajar durante más de un mes.

El otro resultado: el conductor imprudente debió pagar una interesante compensación al damnificado luego de una larga disputa legal.

 

No está específico, pero no se puede

La Ley de Tránsito no dice específicamente “no se puede estacionar en doble fila”. Sin embargo, muchos de sus artículos apuntan en la dirección del cuidado y la prevención que deben atender los conductores.

El artículo 39, por ejemplo, dice: “En la vía pública, circular con cuidado y prevención, conservando en todo momento el dominio efectivo del vehículo o animal, teniendo en cuenta los riesgos propios de la circulación y demás circunstancias del tránsito. Cualquier maniobra deben advertirla previamente y realizarla con precaución, sin crear riesgo ni afectar la fluidez del tránsito”.

Por lo pronto, estacionar en doble fila afecta la fluidez del tránsito y, como veremos, también genera riesgo. Un riesgo que parece insignificante pero sin dudas es mayor a lo esperable.

El artículo 48 agrega más pistas y prohíbe “la detención irregular sobre la calzada, el estacionamiento sobre la banquina y la detención en ella sin ocurrir emergencia”.

Por si fuera poco, en el artículo 49 se lee: “el estacionamiento se efectuará paralelamente al cordón dejando entre vehículos un espacio no inferior a 50 cm” y que está prohibido hacerlo “en todo lugar donde se pueda afectar la seguridad, visibilidad o fluidez del tránsito o se oculte la señalización”.

O sea, si tuviéramos que resumir todo este artículo en solo tres palabras, serían “doble fila no”. Mejor prevenir, como siempre. De hecho, por ley se presume que la responsabilidad de un accidente es de quien infringió las normas de tránsito.

Más allá de lo legal, buenas razones para estacionar bien y cuidar a la población más vulnerable, peatones, ciclistas y motociclistas, como en el caso.

En colaboración con Walter Duer

 

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