Historia de comunidad o consorcio, vecinos y cuarentena

La cuarentena de aislamiento obligatorio por la pandemia del coronavirus hace estragos. En un edificio no dejan pasar a nadie que no viva ahí, y mismo a los inquilinos o dueños de departamentos, tienen que firmar un papel de ingreso y egreso.

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La cuarentena de aislamiento obligatorio por la pandemia del coronavirus, hace estragos. En un edificio no dejan pasar a nadie que no viva ahí, y mismo a los inquilinos o dueños de departamentos, tienen que firmar un papel de ingreso y egreso del mismo.

Les contaremos a contiuación un caso de un edificio cualquiera. Aquí la historia.

Los personajes de esta historia son

-Marcos, vecino, vende ropa

-Clara, otra vecina, contadora

-Gladys, administradora

-Ernesto, el encargado

-Paulina, inquilina del 5to., repartidora

Nombres han sido cambiados por razones de confidencialidad.

 

Pasemos a la acción

Edificio de Caballito, de unos cuarenta años. Todo transcurre normalmente, es decir, como en cualquier consorcio, se aman. Reunión de consorcio, expensas caras, arreglos que se postergan.

Marcos tiene local de lencería. Un día se le queda el ascensor. Hace rato el ascensor viene fallando. Lo ven en desnivel. Todos apuntan a los correntinos del 8vo. B. Son dos estudiantes de agronomía. En la asamblea, Paulina los defiende —¿Qué tiene que ver que hagan fiestas?

—Usted es inquilina, no puede opinar, le espeta Marcos, el que se quedó en el ascensor soy yo

—Tengo el poder del dueño, tengo voz y voto. A los pibes los conozco, hacen fiestas pero no sobrecargaron nunca el ascensor

Pleno febrero, termina la asamblea, rencores van, recelos quedan, se firma el acta, acuerdan armar un fondo extraordinario para el ascensor. Paulina ya se figura en la charla con el dueño, menos mal es copado… piensa. Igual me mudo en abril, se consuela.

¡En el medio pandemia! Paulina se queda. Los del edificio queriendo se mude, menos los correntinos, aliados. Un día incluso le arreglaron la bicicleta.

Cada noche Paulina llega cansada. Las piernas no le dan más, lleva y lleva pedidos. Piensa alguna forma de emprender y saltar a las aplicaciones. Le cobran un montón al restorante, me pagan poco a mí, no entiendo el negocio.

Una noche, en el hall, la frena Clara. Clara lleva una bolsa del supermercado, sobresale un vino.

—Decime, vos te estás exponiendo ahi con el reparto, cómo sé que no nos contagiás a todos? Debajo del barbijo de Clara, Paulina intuye su mueca.

Paulina no le contesta, sabe que es entrar en su juego. Sube directo. La deja a Clara en el hall, con su bolsa, con su vino. Lo llama a Edwin. “Te dije que esto iba a pasar”.

Edwin es venezolano, de profesión repartidor. Compró una bici usada, con los poco que puede ahorrar piensa algún dia abrir un local de tequeños, con dos socios. Lo conoció una noche en plaza serrano, en un descanso. Fue ella quien le pidió fuego.

Se queda hablando por video con Edwin. Edwin vive lejos, alquila con dos compañeros en Constitución. Salen hace varios meses. A veces hasta coinciden en las zonas de entrega. Se hacen las 3 AM, cortan la llamada, al otro día, temprano a Paulina la despiertan golpes en la puerta.

Eran golpes urgentes, toc toc toc, toc toc toc, enseguida se escucharon pasos. Paulina piensa en Ernesto, pero al abrir no hay nadie. Solo tiene una nota, pegada en su puerta. La abre y lee…

“Por razones de píublico conocimiento, los vecinos, reunidos en asamblea general del consorcio, tomaron la siguiente determinación:
1. Todo quien salga deberá dar copia del permiso al encargado
2. El mismo controlará ingresos y egresos
3. Se prohíben actividades incompatibles”

Paulina no entiende nada, demasiado temprano, hasta que cuando sale apurada para el reparto del mediodía, Ernesto le pide copia del permiso “Lo tengo que archivar y mandar a administración, órdenes son órdenes, vio” Ernesto oficia de soldado, su arma es el escobillón.

—yo el permiso se lo presento a la policía, ta claro —Si yo no tengo problema, lo que sí no sé si puede entrar —Qué no voy a entrar si es mi casa —Mire, eso planteelo a la administradora

A Paulina le vibra el celular, es la app, ya había aceptado pedidos y llega tarde. Sale corriendo, busca la bici en el garage de la vuelta, mochila y corre, Paulina corre, en bici también corre.

—Le dijo todo, Ernesto?
—Sí, yo se lo transmití bien clarito
—Menos mal, de eso depende su aguinaldo
—Mire, sra. Clara, yo no sé bien esto, a mí me da las órdenes la Sra. Gladys.
—¡Marcos! Justo estábamos hablando de eso
—Hola, Clara, sí, le dejaron claro no? Nadie sale
—¿A qué hora suele volver esta chica? Tiene contacto con todo el mundo si reparte, nos va a contagiar a todos
—De hecho acá a los cadetes se los atiende en planta baja, acá NO sube nadie. Ernesto ¿usted controla eso, no?
—Si si, yo siempre digo
—Bueno, a las 20 en el hall, todos

“Hoy mejor me tomo tranquilo”, piensa Paulina. Minutos antes casi choca con otro repartidor que se le cruzó en la ciclovía de Gorriti. Suele evitar ese carril angosto pero justo le tocó un boliche ahí…

Pasa el almuerzo, pasa la merienda cuando Paulina almuerza, abre la vianda, mete plaza, está lindo. Corre la cinta del banco, se tira por Parque Patricios, y piensa en las vacaciones. ¿Podrá ser en enero? Sí, playa… Se imagina con Edwin.

—No, hoy mejor no vengas Mónica
—Pero me dijiste que hoy cenábamos, Marcos
—Sí, pero se armó quilombo en el edificio, hoy a las 8 tenemos reunión, hay una repartidora rebelde…
—Marcos, si no querés que nos veamos decime, pero no metás excusas
—Te digo que quiero, Mónica!

Mónica es la novia de Marcos. Se vieron clandestinamente durante la cuarentena. Marcos le llevó a Ernesto dos docenas de facturas,

—A las 9 me apaga la cámara de vigilancia del hall, eh. Tareas de Mantenimiento. Sí, hay cañoncitos de dulce de leche

Tras pedalear todo el día, Paulina piensa en volver. Va a buscar un plato más, son pastas, un boliche de Palermo, hay que llevarlo a Villa Crespo. En la puerta del local hay dos filas repartidores y clientes. Del cansancio ni vio el cartel, repartidores allá, le dicen

Antes de cantar el propio número de pedido, Paulina escucha una voz atrás: “Pedido 3038, Matías, acá el Edwin”.

Se abrazan. Paulina le cuenta el incidente con el encargado. Edwin le sugiere mandarle whatapp a la administradora. ¡Nunca lo tuve! Bueno, un telefono no atiende bueno algo comunicate ella es la responsable no no se puede son complices algo MANDALES UN MAIL!!!!

Paulina le manda un mail a la administradora Gladys. En dos líneas le cuenta de la carta, de Ernesto, de la situación. Recibe un mensaje de fuera de oficina “Por temas referidos al consorcio de la calle …. contactar a la Sra. Clara del consejo”.

—Acompañame, Edwin, yo así no puedo
—Meteles una denuncia por violencia
—No vale la pena discutir, acompañame vos
—Bueno, vamos. Son las 7 y media de la tarde. Ya es de noche. Una chica y un chico pedalean en la ciclovía de Perón. Tienen sus mochilas, pero no reparten

—Esperame acá, mejor fuera del edificio, así no te ven. Pero quedate cerca
—Chévere
Paulina entra, se abre la puerta de Ernesto, salen todos. Le piden el permiso. Le muestra el celular, lo miran. Se miran.

—Por esta vez pase, pero no vamos a tolerar actividades de riesgo, puede hacerlas pero no si vive acá. Acá hay gente expuesta
—Pero si no toco nada
—Son las reglas para todos Paulina le pega un empujón a Clara.

Clara la agarra de los pelos. Ernesto las separa. Paulina se cae

Paulina sube corriendo, no toma ascensor., Aa ver si lo cortan, piensa, o me encierran. Se va por las escaleras. Trata de abrir la puerta, sin aire, sin aliento, sin barbijo, lo perdió en el forcejeo. Piensa que tiene que buscar otro barbijo cuando siente un ardor frío en el codo.

Le duele el codo a más no poder. Abre la puerta con su mano no hábil. Ya en la cocina lo llama a Edwin. Edwin se manda corriendo pero antes de entrar a lo de Paulina se encuentra con la multitud

—¿Quién es usted?
—Soy el novio de Paulina, del 5to
—Filme, Ernesto, filme

Como si fuesen dos armas, Ernesto filma. Edwin sin saber que hacer también se pone a filmar. La filma también a Clara. “A MI NO TENES DERECHO DE FILMARME, LLAMO YA A LA POLICIA”
—Señora, si usted me filma yo la filmo —Ernesto llame a la policía
—Pero si estoy filmando
—LLAME

Edwin le tira el celular a Ernesto. El celular rueda por las escaleras, clak clak clak, se apaga. Edwin no tiene papeles, no quiere arriesgarse. Si llaman a la policía otro lío más aparte de los que ya tiene para recibir algo de dinero de su familia, no puede pensar en abogados.

Aprovecha que Ernesto sale corriendo a buscar su celular, o su ex celular, y Edwin sale corriendo. Clara atina a gritar. Sale Marcos y pregunta qué pasa. Al día siguiente, Paulina recibe otra nota por debajo de la puerta.

Básicamente le advierten a Paulina que la detectaron in fraganti en tener “relaciones sexuales clandestinas” en violación al régimen de aislamiento social obligatorio, que de advertir nueva infracción será denunciado a las autoridades. Que no hay un mínimo margen más.

A modo de amenaza, también le adjuntan una nota en borrador dirigida a la Dirección de Migraciones. Esa nota la firma la administradora. Dice que será presentada a la próxima visita de Edwin.

Los días pasan, Paulina advierte mayor vigilancia. Puertas que justo, justo, se abren cuando ella regresa. En un momento escucha hasta un cuchicheo por los pasillos del edificio

—¿Estás filmando? Paulina tiene buen oído. La aturden mucho, por eso, las bocinas cuando reparte.

Edwin recibe lo último de sus parientes, y sabe que ya a fin de mes no podrá seguir con ese alquiler. Paulina le ofrece abrigo.

—No estoy seguro de la convivencia
—Venite y vemos
—¿No te dejan tener mascota, pero novio sí?
—Jajjajajaj Se besan, se besan fuerte

Edwin consigue la peluca. Va a entrar disfrazo de mujer. Le hizo caso a Paulina y va a llevar jeans, ajustados pero jeans, Con pollera era muy evidente sin las piernas depiladas. Planean el horario, todo. Por un tiempo, Edwin no saldrá, pero tienen que pensar cómo entra.

—Te queda bien el guardapolvos
—Sí, viste
—Colgate el estetoscopio
—Listo, ya está Una médica rubia.

En eso se convirtió Edwin. Rubia bronceada.

—Sí, ya bajo abrir, responde Paulina el timbre En el hall cruzan miradas con Ernesto.
—Estoy descompuesta, tema mío, llamé al médico
—Me hubiera pedido a mí yo le abro.

Ernesto siente algo raro. Es el perfume…

Suben. Por suerte ya solos. De fondo se escucha la cumbia que ponen los correntinos, esa es la música de fondo del edificio, Los Palmeras. Pero Ernesto le mensajea a Clara. Clara sale a mirar. En el hall, por el palier de las escaleras, justo antes de entrar, Clara ve cuando Edwin se saca la peluca. Impulsivamente, Clara sube corriendo.

Edwin la ve. No llegaron a abrir la puerta. Finge un desmayo. Se tira en el piso. Hace como que le falta el aire. Edwin se pone a toser. Paulina no entiende nada. Menos Clara, que escucha la tos, y se le hiela la piel.

Del 5º A se abre la puerta, sale Mónica. Edwin en el piso, vestido de mujer, Mónica que pega un grito, y Clara que la mira a Mónica, y pega otro grito: “¡¡¿Vos también, Marcos?!!” Marcos sale a ver qué pasa, y enseguida corre a ayudar a Clara que se desmaya pero de verdad.

Aprovechan el llamado de la ambulancia, entran, buscan bolso y se cambian. “Nos vamos”, dice Paulina ¿Adónde? De mi hermana, no sé, pedimos permiso de mudanza, eso se puede. Tiene una pieza en Castelar.

Agarran las bicis, Clara tramita el permiso por la app y cargan los bolsos dentro de la mochila del reparto. Camino a Casteler, es tarde, pero ya están entrenados en girar la rueda. A lo lejos escuchan la sirena, es la ambulancia para Clara.

Paulina y Edwin están viendo de armar una tienda de arepas, poner una tienda online, “hacerlas en serio” Mientras tanto, en el consorcio, la atienden a Clara. Le bajó mucho la presión. Mónica sale del ascensor, lo ve a Ernesto, se baja el barbijo y le tira un beso, sugestivo.

—Algún día tenemos que ir a buscar las demás cosas que te quedaron
—Sí, ropa, y la procesadora, eso nos vendría bien
—Cuando devuelvas el departamento en octubre, tal vez
—Esperemos que antes
—O podemos mandar a alguien
—Sí, disfrazado de médico


 

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Foto: Robin Benzrihem

 

1 comentario
  1. Fede dice

    Pobre los protagonistas, infumables los consorcio nariz parada

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