Redes inteligentes de agua

El autor analiza las tendencias en la distribución y consumo del agua a lo largo de la región, la tecnología aplicada al recurso hídrico

0

Por Andres Calderon Testa *

Una de las consecuencias más graves que nos ha dejado el cambio climático al que se enfrenta nuestro planeta, es sin duda la crisis hídrica. Lo que hace algunas décadas parecía ficción, hoy es realidad: zonas donde la oferta de agua no alcanza a cubrir su demanda.

Pocos países podrían aseverar que no presentan áreas de riesgo en su territorio o que, de una u otra forma, no se han visto afectados por este fenómeno. Los niveles de severidad varían, por su puesto, pero al ser un problema global, ningún gobierno ha quedado ajeno.

El fenómeno en cuestión no solo afecta a sectores rurales o agrícolas, sino también al desarrollo económico y sanitario de nuestras grandes ciudades. Lamentablemente, pareciera ser que esto tiene mayores posibilidades de agravarse en el tiempo, que de solucionarse.

Un desafío de tales proporciones nos invita a repensar e idear soluciones que necesariamente demandarán el esfuerzo conjunto de gobiernos, reguladores, desarrolladores tecnológicos, consumidores finales, entre otros.

En particular, en este articulo daremos una mirada al rol que deben tomar las grandes ciudades en el cuidado de los recursos hídricos, entendiendo para estos efectos a la “Ciudad” como el combinado entre Infraestructura, Ciudadanos y Regulación.

Una idea para abordar este desafío sería mediante la implementación de Redes Inteligentes de Agua, lo cual se relaciona en distinta forma con los 3 elementos de la Ciudad antes mencionados y que finalmente es la clave que sustenta el slogan “Cada Gota Cuenta”.

 

La Ciudad actual

Muchos damos por sentado que, al abrir la llave de agua en nuestros hogares, el agua fluirá. independientemente de si vivimos en pleno centro de la ciudad o en sectores aislados, entendemos que al abrir el grifo tendremos agua potable, con buena presión y en forma ilimitada.

Pero lo anterior no ocurre por arte de magia. Luego de potabilizar el agua en su punto de captación, esta debe ser conducida hasta nuestros hogares. Oculta, bajo nuestras ciudades existe una inmensa red interconectada de tuberías.

Para efectos gráficos, podemos considerar que una ciudad con 5 millones de habitantes puede fácilmente tener una red de tuberías de agua potable de 13.000km de extensión (¡un poco más que el diámetro del planeta Tierra!).

Considerando además que esta vasta extensión de tuberías se encuentra bajo tierra, es imposible no reconocer el desafío que enfrentan las Empresas de Agua para suministrar este recurso en forma constante y de calidad.

No obstante, existe un indicador que nos permite monitorear, en términos generales, la performance operacional de una Empresa de Agua. Este indicador se conoce como el Agua no Contabilizada (ANC), que en palabras simples corresponde a la diferencia entre el agua producida y el agua efectivamente cobrada al usuario final o cliente.

En el mundo este indicador es cercano al 34%, es decir, por cada 100m3 de agua producida, 34m3 no logran ser cobrados al cliente final, ya sea por concepto de pérdidas físicas (fugas en la red) o pérdidas aparentes (fallas de registro en el medidor, consumo ilícito).

En un escenario de sequía como el ya descrito, este número parece elevado, ¿no? ¿Sería razonable entonces preguntarse, primero ¿por qué este indicador es tan alto? y segundo, ¿qué debemos hacer para disminuirlo?

 

Digitalizando el Mundo Agua

Planteamos inicialmente que la implementación de Redes Inteligentes de Agua podría ayudar a disminuir las pérdidas de agua en la Ciudad. Una Red Inteligente de Agua es aquella red hidráulica que podemos monitorear en tiempo real, que podemos virtualmente hacer visible, pese a encontrarse bajo tierra.

Quizás una buena analogía sería el monitoreo de un paciente crítico en un hospital, donde distintos instrumentos (sensores, exámenes, rayos, entre otros) permiten a doctores diagnosticar y dar tratamiento en forma oportuna cuándo se presenten variaciones anormales.

Existen actualmente innumerables tecnologías que permiten monitorear la red de agua, comenzando por una gran variedad de sensores que nos permiten levantar información de la red subterránea, en tiempo real; caudales, presiones, niveles, parámetros de calidad, entre otros, que luego pueden ser analizados mediante sistemas computacionales de Big Data, que a su vez combinan disciplinas de Inteligencia Artificial para predecir el comportamiento de la red.

Literalmente hoy podemos detectar fugas de agua desde el espacio, mediante tecnología satelital, o predecir con bastante exactitud qué tuberías presentarán roturas en los próximos 12 meses.

Entonces, las diversas tecnologías de las que hoy pueden disponer las Empresas de Agua permitirían a operadores generar un cambio de paradigma importante, moviéndose desde un método reactivo y de “apagado de incendios”, a una operación preventiva de la red, basada en datos.

Luego, podemos ser muy claros: el desafío de disminuir pérdidas de agua en la Ciudad NO ES TÉCNICO. La tecnología existe y las Empresas de Agua deben hacer lo necesario para modernizar su operación. Por lo tanto, debemos estar atentos también a otros elementos.

Ciudadano Inteligente

El consumo eficiente y sustentable de agua potable tiene una fuerte componente cultural. Ciudadanos con cultura de consumo responsable tienden a facilitar bastante el trabajo. ¿Pero cómo puede el Ciudadano tomar conciencia de su consumo de agua, si escasamente lo conoce?

Típicamente, la única interacción con nuestro consumo de agua se da una vez al mes, cuando nos toca pagar la factura, que por lo demás no provee ningún detalle relevante para generar algún cambio de comportamiento eficaz. Si buscamos que el Ciudadano se transforme en Consciente, necesariamente debe transformarse antes en “Ciudadano Inteligente”. Para esto no existen atajos… necesitamos tecnología.

Afortunadamente, y aunque a paso lento (tema que da para explayarse ampliamente en otro artículo), las Ciudades han comenzado a adoptar Medidores Inteligentes de Agua a nivel domiciliario.

La particularidad más importante de estos dispositivos es la capacidad de informarnos sobre nuestro consumo de agua con mayor frecuencia y detalle, permitiendo mayor análisis y promoviendo la toma de decisiones informadas, por ejemplo, apoyando en responder en qué segmento del hogar u horario específico se genera un mayor consumo.

Entre otras de las bondades de esta tecnología se encuentra la capacidad de enviarnos alertas tempranas al teléfono cuando se produzca una fuga al interior del hogar, apuntando a que una reparación oportuna evite pérdidas de agua o daños innecesarios a la infraestructura.

En forma paralela, no podemos dejar de mencionar que aquí existe también una arista económica. Mientras “no duela el bolsillo”, la resistencia natural a generar cambios de comportamiento podría ganarnos la batalla.

Esto se ve reflejado en 2 segmentos. Por una parte, a las Empresas de Agua les cuesta todavía muy poco producir agua potable, lo que en muchos casos se explica en que el costo del insumo principal (“agua cruda”), es muy bajo o prácticamente inexistente. Luego, se vuelve más costoso recuperar el agua perdida, por ejemplo, mediante búsqueda y reparación de fugas en la red, que perderla.

Este ejercicio se traspasa posteriormente al segmento residencial, donde nuevamente, el costo de consumir agua potable es tan bajo que no existen incentivos reales a tener un comportamiento más responsable frente al escaso bien.

Duele muy poco pagar 1 m3 adicional de agua en nuestra cuenta, por lo que no hay un incentivo económico en acortar el tiempo en la ducha o regar nuestros jardines en forma controlada, por ejemplo.

Distinto es el caso en países como Israel, donde además de que el servicio de agua potable tiene un alto costo basal, existe un modelo de escalonamiento.

Por ejemplo, un usuario que consume más de 2.5 m3 de agua al mes verá reflejada en su cuenta una tarifa de 2 USD/m3, pero al traspasar ese umbral, su tarifa aumentará sustancialmente a 3 USD/m3 aproximadamente, superando incluso en algunas ciudades los 4 USD/m3.

Si comparamos lo anterior con grandes ciudades de nuestra región como Bogotá en Colombia, Santiago en Chile, Montevideo en Uruguay, Asunción en Paraguay o la Provincia de La Rioja en Argentina, veremos que aun con realidades hídricas muy distintas, el costo del agua para la población varía entre 0.5 y 1.5 USD/m3, aproximadamente (Reporte de Gestión Super Intendencia de Servicios Sanitarios, Chile. Año 2017).

No es coincidencia entonces que los países antes citados de nuestra región superen tan ampliamente el consumo doméstico de agua per cápita al de Israel, pudiendo variar los primeros entre 150 l/d y 200 l/d (datos Cepal), frente a unos más moderados 100 l/d que se consumen en el país del Medio Oriente.

No podemos perder de vista que el agua potable es un bien básico, que debe estar garantizado como un derecho esencial del Ciudadano, pero como todo derecho, necesita que un deber ejerza contrapeso, de tal forma que exista responsabilidad social y no se afecte el derecho de otros.

Mientras este deber no sea asimilado, ya sea mediante un cambio de cultura o un incentivo económico, los esfuerzos en Infraestructura podrían ser en vano.

Brechas en regulación

Ya sea que el servicio de suministro de agua potable esté operado por empresas públicas o por concesiones privadas, debe presentar una regulación competente.

Primero, por tratarse de un bien esencial, y segundo, por tratarse de monopolios naturales, vale decir, actualmente el Ciudadano no tiene opción de cambiar a su proveedor de agua potable si este le entrega un mal servicio, pues para eso tendría que mudarse a otra región del territorio.

La regulación de este servicio es, a su vez, cada vez más desafiante y requiere mayor dinamismo, pues las ciudades crecen a un ritmo acelerado, y el desbalance entre oferta y demanda de agua nos dice que ya no hay tiempo que perder.

Afortunadamente, el boom tecnológico tiene mucho que aportar a este desafío. Desde la disposición de nuevas fuentes de agua, como por ejemplo la desalación de agua de mar, la extracción de agua desde la humedad del aire o la reutilización de aguas grises, hasta la conducción del agua en forma segura, evitando pérdidas y disminuyendo niveles de ANC.

El problema es que estos avances tecnológicos pueden tardar años hasta ser realmente implementados, en gran medida a causa de una sobre regulación, un marco regulatorio poco claro, o uno cargado con burocracia.

En nuestra región los estados pueden tardar años en discutir reformas a sus Códigos de Agua, acompañando el debate con interminables estudios de impacto ambiental. Mientras tanto, sabemos que mueren cultivos, ganado y se generan más y más zonas de sacrificio.

¡El momento es ahora!

El desafío que nos impuso el Cambio Climático aquí descrito merece una larga discusión y constante revisión, de eso no hay duda, pero debemos empezar por lo básico, que es reconocer transversalmente la existencia del problema, entendiendo entre otras cosas que el proceso de suministro de agua potable carece actualmente de sustentabilidad en muchas de nuestras Ciudades.

El agua potable NO llega a nuestros hogares en forma ilimitada y a causa de un proceso mágico. Las Empresas de Agua realizan un trabajo muy importante para que esto ocurra (algunas mejor que otras, matices hay como en todo), pero el desafío no compete solo a ellas.

Los Ciudadanos debemos saber que no hay argumentos técnicos suficientes para explicar los niveles de pérdida de agua que tienen nuestras Ciudades, pues la modernización de Infraestructura es posible. Pero, por otro lado, más temprano que tarde debemos asumir que si queremos disminuir pérdidas y cuidar el agua, tendremos que pagar por ella.

Es necesario exigir a nuestros reguladores una mayor agilidad. ¿Por qué no pensar en la existencia de un agente autónomo a los gobiernos de turno? ¿Por qué no pensar en una figura de “Autoridad Nacional del Agua”?

Quizás este agente podría abordar integralmente el desafío de cuidar nuestros recursos hídricos, con atribuciones y recursos para regular y fiscalizar en forma eficiente, pero con directrices más bien técnicas y sociales, que políticas y económicas.

 


* Andres Calderon Testa es Ingeniero Civil Industrial con diploma en Ingeniería Ambiental de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Co Fundador en Blass.

Experto en tecnologías para el “Mundo Agua”, el año 2015 participa como co-fundador de la empresa Chilena BLASS, organización que busca acercar a Chile y la región Latinoamericana soluciones de alta-tecnología desarrolladas en el mundo, que sirvan de apoyo a una mejor gestión de los recursos hídricos.

Deja una respuesta

Enviar comentarios sobre la nota. Su dirección de correo electrónico no será publicada. Esta sección no es para realizar consultas ni asesoramiento legal, que debe procurarse abogado/a.