Sociedades de hecho: Cómo evitar zonas grises en los negocios familiares

Formalizar una sociedad de hecho puede ser un mecanismo para prevenir conflictos. El asesoramiento notarial implica darle seguridad jurídica al negocio y que la actividad se desarrolle en forma sostenida, con menor riesgo de conflicto por tener las cosas escritas.

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Un señor tenía un pequeño pero próspero negocio a unos metros de su casa donde vivía, en un barrio de una capital de provincia: una rotisería que, con el paso de los años agregó a la marquesina la palabra “deli” bajo la ilusión de que ese título servía para atraer millenials. O pandenialls tal vez.

Las cuentas cerraban tranquilamente y el local de tanto en tanto se atestaba, por lo que este hombre decidió acudir a la ayuda de su hija, que bajaba cada vez con más frecuencia para despachar alguna tortilla, armar algún sanguchito y controlar que se dieran bien los vueltos.

Pero no todo era color de rosa para este hombre: unos problemas de salud lo alejaron de su local, por consejo de su médico. Y dejó su negocio en las manos de quien hacía de cocinera: su hija.

 

El reparto de dinero en una sociedad de hecho

Al poco tiempo, el hombre empieza a necesitar dinero para solventar sus gastos, por lo que decidió llamar a su hija.

– Hola, hija, necesito que me pases algo de dinero –le dijo.

– Ok –respondió la hija-. Te calculo un monto fijo mensual y te lo empiezo a mandar.

En ese momento el hombre notó que no tenía ni un solo papel firmado con su hija. Ni siquiera le había dicho alguna vez aquello de “todo esto algún día será tuyo, hija mía”. ¿Cómo quedaba el vínculo entre ambos? ¿Era una sociedad?

¿Él quedaba como en relación de dependencia de su propia hija a partir de este sueldo que recibiría? Estos negocios familiares o entre amigos que funcionan cuando no se firmó ningún papel constituyen una situación frecuente y perfectamente legal: se llaman “sociedades de hecho”.

 

Contratos sin contrato, las sociedades de hecho y cómo prevenir zonas grises y conflictos

A veces confundimos el contrato firmado, el documento del contrato, con el contrato en sí. Puede haber contrato sin documento firmado, pero el problema es la prueba.

“Lo único que tiene que existir para que se conforme una sociedad de hecho, es decir, sin contrato escrito, es una intención de las partes de participar de las ganancias pero también de las pérdidas, es decir, de soportar todo el devenir del negocio”, explica la escribana Pilar Rodríguez-Acquarone.

“Esa intención, precisamente, es esencial para diferenciar una sociedad de una relación de subordinación o empleo: en la sociedad somos todos iguales, en las buenas y en las malas”, agrega.

Pero nunca está de más tener a mano un asesoramiento de un escribano. En primera instancia, porque podría ayudar a definir la conveniencia (o no) de estipular un contrato. Los expertos opinan que siempre es mejor hacerlo.

“Los puntos grises en una sociedad familiar se eliminan dejando en claro, desde el principio, qué papel ocupa cada uno de los integrantes”, recomienda Cinthia Kaplun, consultora de empresas de familia.

Y propone un ejercicio clave: trazar un diagrama de Venn con tres conjuntos: “familia”, “propiedad” y “empresa”. En cada uno de los círculos –y en las respectivas intersecciones- y se posiciona cada miembro.

 

Los aportes en una sociedad de hecho

Así, queda en claro quiénes poseen las acciones, quiénes dirigen o trabajan en la organización y quiénes, aún siendo componentes de la familia, no están relacionados con la organización.

Para Kaplun, la prolijidad debe extenderse también a los mecanismos para extraer dinero de la empresa. “Lo mejor es evitar los retiros y que cada miembro de la familia tenga un sueldo definido por el director, el gerente o el dueño de la empresa”, sostiene la experta.

En general, existen dos modelos salariales: por igualdad, en el que cada miembro de una misma generación –hermanos, primos- cobran lo mismo, y por equidad, en el que los valores se asignan de acuerdo al puesto que ocupa cada uno.

“Un mismo miembro de la familia puede obtener dividendos si es accionista, honorarios si es director y un sueldo si desarrolla algún trabajo”, comenta Kaplun.

Rodríguez-Acquarone recomienda hacer un reconocimiento: un documento mínimo y sencillo “donde simplemente se pone quiénes la conforman, con qué participación y qué otras obligaciones se asumen, por ejemplo, cuántas horas le va a dedicar cada uno por día al negocio”.

Como la ley admite que no tenga una formalidad estricta, puede establecerse un instrumento privado. Si fuese certificado por un escribano, cuánto mejor.

 

Recomendaciones para la estructura societaria de un emprendimiento

En líneas generales, Pilar Rodríguez Acquarone recomienda: una sociedad de responsabilidad limitada como la SRL o la SAS, que son dos tipos muy simples de manejar y deja en claro que la responsabilidad es limitada al aporte efectuado por cada uno.

Es decir, ante un eventual conflicto y una vez integrado el capital, los socios no deben responder con su patrimonio personal.

Estos dos modelos también define las proporciones para luego repartir ganancias o aportar en caso de afrontar dificultades y que se necesite capitalizar la sociedad con fondos.

En el caso de no querer hacer una sociedad regular, la sociedad de hecho, simple, irregular o seccion IV (todas denominaciones para la misma situación) debe comprenderse que estos tipos tienen para los socios responsabilidad ilimitada:responden en la proporcion de su participación, con todo su patrimonio personal, sin límites como en la SRL o SAS.

Si aún sabiendo esto optaran por una sociedad no regular, es aconsejable hacer por escrito un reconocimiento de sociedad, que además exige la AFIP para el trámite del CUIT.

Aprovechando esa exigencia, este contrato, que se puede hacer por instrumento privado, permite ordenar las cosas entre los socios: el nombre societario, el objeto al que se dedicarán, el domicilio del negocio, la proporción de cada socio, el representante con el uso de la firma social y el plazo de la sociedad.

Cuanto más detalles, mejor. Si luego adquieren bienes registrables como autos, maquinaria o inmuebles, los registros también exigirán este reconocimiento de sociedad.

Si bien esto es lo recomendable no es ni por asomo el caso más común, que se parece más al de la rotisería descripto al principio de esta nota. Rodríguez-Acquarone cuenta que

“generalmente, los parientes empiezan a aportar y a trabajar y van viendo cómo va el negocio: si resulta rentable, recién después acuden a profesionales como un contador, un escribano o un abogado para empezar a formalizar”.

 

Cuando hay un conflicto societario, la prueba es un tema fundamental

El problema es cuando sobreviene algún conflicto y los intervinientes se dan cuenta de que no tienen cómo demostrar nada. “Ese es el verdadero talón de Aquiles de las sociedades de hecho”, explica Rodríguez-Acquarone.

En esta instancia más conflictiva también el rol del escribano puede resultar clave para salir airosos (o lo menos perjudicados posible): puede certificar la actividad, el inventario, la participación y los roles de cada uno de los socios, los bienes que fueron adquiriendo y muchos otros elementos probatorios de cómo se fue desenvolviendo la relación, incluyendo el acta de constatación sobre el funcionamiento del local donde se desarrolló la actividad.

“Ante un conflicto, lo fundamental es tener las pruebas que permitan acreditar la existencia e esta sociedad, porque aún cuando exista una inscripción en AFIP, ese formulario no está completo: carece de datos sobre obligaciones y derechos de los socios y muchas veces ni siquiera figuran todos los que realmente participan”, concluye Rodríguez-Acquarone.

Imaginen cuán tranquilo hubiese quedado el señor del deli en su estancia cordobesa si hubiese tenido todos sus papeles en regla.

 

Consejos básicos en una sociedad de hecho

Algunos temas clave para pensar a la hora de emprender y asociarse, incluso en una sociedad de hecho, son estos:

– Reparto claro de roles y conformación de equipo, estilo competitivo versus cooperativo.

– Planificar a mediano y largo plazo.

– Pensar escenarios de conflicto con sus respectivas resoluciones.

– Gestionar riesgos, incluso el de insolvencia.

– Dejar bien en claro aportes de cada parte y ganancias. Cuentas claras…

– Profesionalizar el emprendimiento

– Establecer mecanismos claros de contratación: hay buena literatura sobre empresas familiares.

1 comentario
  1. Johan Aguilar dice

    gracias me ayudo el ejemplo del señor con su negocio deli

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